CAUSA TIFFANY: EL CUSTODIO DECLARÓ Y CONTRADIJO AL DUEÑO
El policía que trabajó durante cinco años como custodio de la joyería Tiffany, asaltada el domingo 7 de agosto con un botín que se calcula en 500 mil pesos, brindó ayer en Tribunales una declaración informativa con formalidades de indagatoria. Es decir que está en un plano de sospecha pero sin imputación. Se trata de Hugo Vrech, quien reviste en la Patrulla Urbana, el único que poseía el llavero para activar y desactivar la alarma. Como incurrió en contradicciones con el dueño del negocio, Enrique Ariosti, se descuenta que en los próximos días la jueza de instrucción María Luisa Pérez Vara ordenará un careo entre ambos.
¿Cuál es el entredicho más grueso? Por un lado, el viernes pasado Ariosti declaró que había encomendado a Vrech que vigilara durante la noche del sábado 6 de agosto el local de Mendoza 1086. Concretamente, que durmiera allí, en una cama dispuesta desde hace tiempo para ello. Ayer, el policía rechazó la especie. Según fuentes de la investigación, dijo que nunca pernoctó en Tiffany salvo una vez que el propietario salió de vacaciones (adujo que solían contratarlo por la tarde, cuando la joyería estaba abierta). Agregó que Ariosti sabía que el sábado él no custodiaría el comercio ya que debía trabajar como policía. De hecho, estuvo como jefe de tercio de la Patrulla Urbana, según refirió y ahora el tribunal corroborará.
A la una de la madrugada del domingo pasó por el negocio y “echó un vistazo”, dado que desde el sábado al mediodía contaba con el dispositivo para desactivar la alarma, que el propio Ariosti le había entregado (en este punto sí hay coincidencia entre ambos). Vrech fue hasta el lugar acompañado por otro agente, quien se quedó en el móvil. Regresó recién el domingo alrededor de las 22 y cuando quiso desactivar la alarma –con una especie de control remoto diminuto que opera sin clave y a distancia, como el de los autos–notó que no funcionaba. Enseguida detectó la puerta de ingreso violentada, entró y circuló por el negocio. El sistema de alerta no hizo ningún ruido a pesar de la gran cantidad de sensores con el que contaba y de que estaba preparado para sonar en el predio y en el celular del dueño.
Según las fuentes consultadas, desde la vereda de Tiffany Vrech llamó a un empleado de Platinor, la otra joyería de Ariosti ubicada a pocos metros, ya que no tenía a mano el teléfono particular del propietario. Este empleado se comunicó con el comerciante, quien tras arribar al lugar y realizar un breve recorrido avisó a la policía.
Ayer, Vrech, de unos 40 años, compareció en Tribunales unos 45 minutos. Como le tomaron una declaración informativa pudo designar a un abogado. Eligió a la defensora oficial de turno, Elvira Dezorzi, que no estuvo presente durante el acto. Básicamente, el policía ratificó lo declarado la noche del 7 de agosto en la comisaría 2ª, donde por cierto revistió en algún momento de su carrera, aunque en el juzgado profundizaron en cuestiones horarias y “topográficas”. Así se supo que la sala Lavardén, en la esquina de Tiffany, tiene custodia las 24 horas.
En el tribunal todavía esperan confirmar si hubo funciones en el teatro el sábado y si se habilitó como lugar de votación el domingo, también si el estacionamiento ubicado frente a la joyería trabajó el fin de semana y si había gente en la carpa de protesta de ATE. Ya saben que el bar de Sarmiento y Mendoza cerró aquel 7 de agosto a las tres de la madrugada. Obviamente el rastreo se orienta a ubicar testigos, ya que la realización de los boquetes y el escape con el oro “deben haber insumido un despliegue llamativo”, conjeturó un investigador. Sobre todo si se considera que los ladrones se llevaron los tubos de acetileno y demás herramientas que usaron para “trabajar”. De todas maneras, aún se ignora la hora exacta del golpe.
A todo esto, Ariosti todavía no acompañó la documentación sobre lo robado, que había prometido entregar en el juzgado, para identificar con mayor precisión la composición del botín.
Este contenido no está abierto a comentarios

