CAYÓ GARECA, MEDIADOR EN LA MASACRE DE CORONDA
El 11 de abril, Gareca fue uno de los negociadores que evitó más muertes en Coronda.
A las cinco de la mañana, mientras dormía con su esposa en una precaria casa de Saavedra al 3900, Juan José Alzugaray, de 36 años, a quien sindican como un delincuente con un prontuario de “varias carillas”, incluido un homicidio, fue recapturado por agentes del Comando Radioeléctrico y la Guardia de Infantería por una orden de allanamiento del Juzgado de Instrucción Nº 11, a cargo del subrogante Luis María Caterina. Gareca, el apodo más conocido de Alzugaray, por su parecido con el futbolista que brilló en Boca a principios de los ochenta, se había fugado en mayo pasado de la comisaría 7ª de San Lorenzo, lugar al que había sido destinado después de pasar por la cárcel de Las Flores y Coronda, donde el 11 de abril pasado no sólo fue uno de los principales testigos de la masacre que dejó 14 muertos sino que también participó de las negociaciones que lograron persuadir a los sicarios que detuvieran la matanza, según se informó en su momento.
Durante la madrugada de ayer, Gareca dormía junto con su esposa cuando escuchó un fuerte golpe en la puerta de la humilde vivienda –a la que sólo habría acudido por las noches– y de pronto se vio rodeado por varios uniformados. Sólo atinó de decir con resignación: “Jefe, otra vez acá”.
Hasta ese momento había logrado evadir a la policía por los cuidadosos movimientos que realizaba: durante el día residía en otro domicilio, que cambiaba cada tanto, y modificaba los recorridos que hacía en varias zonas de la ciudad, según un vocero de la pesquisa. Pero ayer algo no funcionó como debía. Ni siquiera lo alertó el equipo de radio que tenía conectado a la frecuencia del Comando Radioeléctrico.
Alzugaray, quien desde mediados de los 90 está acusado de haber participado de varios robos junto con su hermanastro Carlos Jesús, alias Pulga, vio así el fin de su precaria libertad que había logrado por mano propia, luego de escapar limando los barrotes de las rejas que cubrían un techo del penal de la comisaría 7ª de San Lorenzo.
El domingo 21 de mayo pasado esa dependencia policial se hallaba despoblada de agentes, casi todos –según explicaron fuentes de la UR XVII– prestando servicios adicionales en boliches y cabarets del ex cordón industrial. En su momento, la fuga de Gareca había llamado la atención a los integrantes de la Coordinadora de Trabajo Carcelario (CTC), ya que Alzugaray –quien fue el único recluso que escapó esa noche de la seccional– cargaba con la cruz de haber visto de cerca la cara de todos los asesinos de Coronda.
Gareca había arribado el 19 de mayo a la comisaría 7ª de San Lorenzo, tres días antes de fugarse. En esa ciudad el juez Edgardo Filocco maneja una causa que lo tiene a Gareca como principal imputado por robo calificado.
Lo habían destinado a San Lorenzo proveniente del penal de Las Flores, donde –según fuentes policiales– “tuvo problemas”. El Servicio Penitenciario provincial decidió trasladarlo al penal de la capital santafesina para “proteger” su vida, ya que Gareca estaba alojado en el pabellón 7 de Coronda, de donde salieron los presos que mataron a los 13 rosarinos.
Alzugaray no sólo fue un testigo de toda la masacre, sino que junto a otro preso “viejo”, Luis Farías, fue el encargado de “negociar” con los sicarios para que desistieron de continuar con la matanza.
Juan José Alzugaray –quien ya tenía una condena en suspenso desde 1997– fue sentenciado en 2003 a siete años y cuatro meses de prisión por robar en varios campos y estancias del departamento Iriondo, junto a su hermanastro Carlos. Ambos usaban uniformes de la Policía Federal para ingresar a las propiedades con la excusa de un allanamiento. En ese momento, los dos cayeron bajo sospecha cuando las víctimas de uno de los robos los reconocieron en un álbum de fotos de sujetos con antecedentes. Luego, cuando allanó su domicilio en la zona oeste de Rosario, la policía encontró parte de las cosas robadas en ambos golpes. Y los hermanastros acabaron detenidos
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