Cecilia Roth: “Sigo creyendo profundamente en el amor”
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Antes de regresar a la televisión, viajó al sur con su hijo Martín para ver –por primera vez– a las ballenas, repasó su carrera y contó cómo vive la increíble experiencia de ser madre de un adolescente.
La pregunta enseguida dispara una carcajada. Sincera e impulsiva, como ella misma se define, Cecilia Roth (58) no puede evitar la risa cuando repasa su visita “húmeda” a Puerto Madryn. “¡Llovió todos los días!”, repite. Todavía le dura el resfrío. E insiste: “Es una zona donde no llueve nunca, pero apenas puse un pie en la provincia de Chubut, ¡se disparó el diluvio!”. Pese al aguacero, Cecilia pudo hacer el clásico avistamiento de ballenas embarcada junto a Martín (14), el hijo que adoptó durante su matrimonio con Fito Páez (51).
Las minivacaciones, de tan sólo cuatro días, fueron sus últimos días de relax antes de comenzar a grabar su participación en Viudas e hijas del rock & roll. Las imágenes de su travesía, que incluyó Puerto Pirámides, gran parte de la península Valdés y Ecocentro (el espacio cultural más importante de la ciudad), hoy se reflejan en su cuenta de Instagram.
–¿Cómo definirías esta experiencia por el sur, Cecilia?
–Excelente, aun a pesar de la lluvia. [Se ríe]. No conocía Puerto Madryn, era uno de mis “pendientes”. Me impactó ver las ballenas tan cerca: son animales enormes, salvajes y maravillosos, que te quedás sin aire. Confiadas, enseguida generan un contacto muy directo con la embarcación. Yo llegué con la típica imagen divina de la ballena, pero la realidad es otra: tienen la cabeza llena de costras, es impactante. Fue un viaje que no voy a olvidar jamás.
–Tu carrera te permitió recorrer el mundo. ¿Qué otros destinos recordás con especial cariño?
–[Piensa]. Mi experiencia en el Festival de Cine de Marrakech como jurado me resultó inolvidable. Recuerdo que el rey de Marruecos nos dio la bienvenida y todas las noches organizaban fiestas espectaculares en unos palacios alucinantes. Fue como vivir un sueño muy loco y al mismo tiempo maravilloso. Esta profesión te lleva a vivir y conocer lugares y personas extraordinarias pero, por otro lado, tiene un costado muy desgastante, que es esa obligación de tener que conocer a fondo el lugar y cumplir con esos compromisos impostergables. Con los años aprendí a decir que no, sin dejar de ser agradecida, y también disfruto quedándome quieta en casa.
–¿Qué cosas te llevan a seguir disfrutando de tu oficio?
–Después de tantos años de carrera, te juro que cada vez que encaro un trabajo sigo sintiendo esas cosquillitas en el estómago, una mezcla de miedos, ganas e inseguridades. Lo bueno de mi profesión es que siempre te empuja a estar abierta emocionalmente para lo que tenga que suceder. Es como tirarte a un vacío donde nunca sabés cómo vas caer. Y eso, a mí, me sigue gustando. Aun sabiendo que voy a transitar ese camino de pánico y entusiasmo, sigo diciendo que sí. Es algo que al final del recorrido siempre me hace muy feliz.
–¿Tu hijo, Martín, heredó tu pasión por el arte?
–Y un poco es inevitable… Además de sus padres, casi todos nuestros amigos pertenecen al mundo artístico. Y creo que él también tiene una sensibilidad especial para desarrollar ese costado: es muy curioso y proactivo en todo lo que le gusta. No se queda quieto nunca, le gusta explorar. Ahora, por ejemplo, está a full con la fotografía.
–¿Qué actividades compartís con Martín?
–Viajamos mucho juntos y así como él me acompañó durante la gira en Rosario con la obra Una relación pornográfica, yo estoy con él en las cuestiones de estudio y del colegio. Claro que ahora no quiere ni que me acerque… Martín está viviendo un cambio muy grande, está pidiendo pista y yo empiezo a entender que tengo que soltarlo. No soy una madre controladora, pero me gusta estar presente y pendiente de mi hijo. Y sé que a esta edad, esa presencia lo incomoda. Ni te cuento cuando llegue el famoso nido vacío y se vaya a vivir solo… A veces pienso cómo no lo disfruté más, pero después bajo un cambio y me doy cuenta de que sí, que lo disfruté, y muchísimo. Siempre va a estar esa sensación de que todo pasó muy rápido… El otro día, por ejemplo, me acordaba cuando lo llevé, con sólo cuatro meses, a la entrega de los Oscar cuando el film de Pedro Almodóvar, Todo sobre mi madre, ganó como Mejor Película Extranjera. Ya pasaron catorce años, y yo siento que fue ayer.
–¿Cómo se reparten con Fito la crianza de Martín?
–Los dos generamos un buen vínculo entre nosotros, creo que somos una buena pareja de padres. Nos escuchamos mucho, a veces cuando siento que no hay una situación clara, lo charlo con él y enseguida me da otra perspectiva. Y está bueno eso. La idea es cuidarlo y educarlo de la mejor manera posible.
–Noté que en uno de tus anillos llevás la palabra “Love”.
–Claro, yo sigo creyendo profundamente en el amor. Mis viejos están juntos desde hace cincuenta años, así que imaginate… Sé que se puede vivir ciertos tramos de la vida en pareja, que a veces esos encuentros maravillosos se transforman en otra cosa y una continúa sola ese camino hasta un nuevo encuentro.
–¿Qué esperás hoy del amor?
–Siempre fui muy pasional e impulsiva, y en ese sentido, creo que el amor tiene que ver con las naturalezas particulares de cada persona. Todas las veces que me he enamorado siempre han sido a primera vista. Nunca me pasó de hacerme amiga y que esa relación se transformara en un amor. Después, por supuesto, el tiempo hace que una se vuelva más precavida; te volvés más tranquila y no tan enceguecida. Ojo, para mí también tiene su encanto ser impulsiva. [Se ríe].
Fuente: Hola. La Nación
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