Celeste Cid: “Por primera vez, me tomo las cosas con más calma”
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En “modo balance” se confiesa en una etapa de “libertad, pero con responsabilidad”. Disfruta de su presente de diseñadora “porque es un oficio invisible” y está conociendo a un escritor llamado Leandro Taub.
Mientras come un plato de frutas frescas, admite que está más serena, que ya no intenta querer agradarle a todo el mundo. Y a lo largo de la charla íntima con ¡Hola! Argentina repetirá varias veces la frase “libertad, pero con responsabilidad”. Toda una señal. “Ya no voy a lugares con mucha gente o elijo cuándo hacerlo… Tampoco estoy donde no me siento cómoda. Son cosas que me dio la edad”, dice Celeste Cid, a los 31, tras recorrer varios años en forma vertiginosa. Su carrera, la alta exposición pública desde muy chica, la maternidad a los 20, los excesos y la adicción a las drogas definieron su carácter, sus sueños, su mirada ante el mundo. De los momentos de oscuridad se recuperó con fuerza y voluntad. De los desamores, también. Después de separarse hace casi dos años de Santiago “Chano” Charpentier, volvió a encontrar el amor junto al escritor Leandro Taub, a quien conoció por unos amigos en común en 2014. Primero se hicieron amigos, después confidentes y desde hace cuatro meses son novios. Ella quiere ir despacio. “Estoy tratando de descubrir hacia dónde va esto que recién empieza. Tantas cosas pasaron en este último tiempo que necesito bajar un cambio y disfrutar”, cuenta Celeste. Entre esas “tantas cosas” a las que se refiere está el lanzamiento de la marca de ropa que creó junto a su amiga, la actriz Paula Kohan (30), Cid Kohan.
–¿Cómo surgió la idea?
–En realidad, con Paula nos conocimos de casualidad. Vivimos en el mismo edificio, yo estoy un piso más arriba que ella. Nuestra amistad surgió de la vida de vecindario, entre reuniones de consorcios y picnics en la pileta. La buena onda, la química y el hecho de compartir la profesión nos hizo amigas enseguida. Y al poco tiempo nos dimos cuenta de que también compartíamos intereses. No me acuerdo bien cómo me fue, pero un día una de las dos dijo: “Mi ilusión más grande es crear una marca de ropa”. No te puedo explicar lo que fue ese estado de ebullición de dos gritando al “chocar” los mismos sueños. En ese momento sucedió algo mágico. Cualquier situación de la vida empieza con un sueño y lo bueno es que además pudimos concretarlo. Después de un año de laburo y de juntarnos horas, recién terminamos la primera etapa, que fue la apertura de la tienda. Ahora estamos trabajando en la colección de invierno.
–¿Cómo se repartieron las tareas? ¿Quién lleva los números, por ejemplo?
–¡Paula! No tengo ningún tipo de talento para eso y no me interesa. Y a ella le sale bastante bien, es más expeditiva. Yo trabajo más en los diseños. Cada una tiene lo que a la otra le falta, es como un imán que atrae al otro. Esta idea de sociedad para las dos nos resulta superatractivo, de hecho la palabra “socia” es muy linda.
–¿Por qué querías tener una marca propia de ropa?
–Mi mundo es mi profesión de actriz y mi identidad tiene más que ver con eso. Pero hace veinte años que trabajo de esto y, si bien sigo sintiendo los mismos nervios cada vez que encaro un nuevo proyecto actoral, también sé que necesitaba estar en un lugar más de escucha, de algo nuevo, de hacer algo distinto y capacitarme en eso también. Si bien la actuación es mi pasión, me atrae muchísimo esa sensación de invisibilidad que me da el oficio del diseño. Me gusta trabajar en un mundo más privado. El lanzamiento de la marca lo viví como un parto. De hecho, tuve náuseas el día anterior. [Se ríe].
–¿Y con la moda cómo te llevás?
–Todos comunicamos a través de la ropa. Woody Allen dijo una vez que un 50 por ciento del personaje está definido por cómo está vestido. ¡Y es cierto! Vos podés ver una persona parada y en una primera lectura entendés su trabajo, su lugar de pertenencia. Una persona que elige no darle importancia a la moda también comunica. La moda refleja nuestros estados de ánimo. Hay momentos en que te ponés algo que te levanta el humor y te ves en el espejo y decís: “Ah bueno, con esto la rompo”.
–¿Con qué ropa te sentís más sensual?
–Nunca fui amiga de lo exuberante, el exceso de los escotes, ni de estar toda apretada. Me gusta jugar con las curvas pero en su justa medida. Prefiero la ropa holgada. Me parece que la sensualidad no tiene que ver con estar muy producida. Puedo tener una remera y sentirme tan sexy como si tuvieras puesto el mejor vestido del mundo. Y al revés también: puedo lucir el vestido más sensual que hayas visto, pero sentirme incómoda. Por eso, el concepto de nuestra colección es que cada mujer que lleve nuestras prendas se sienta como actriz de su propia vida.
Amores de arte
–En tu permanente búsqueda de diferentes caminos artísticos, los hombres vinculados al arte también parecieran ser tu debilidad. Hoy estás de novia con un escritor…
–No sé si es tan así. He tenido relaciones con gente que no se dedica al arte, pero que no trascendieron. Después de mi última relación formal que fue hace casi dos años [N. de la R.: se refiere a “Chano”], no quiero apresurar nada. Me gusta creer que lo que tenga que venir, sea de a poco, paso a paso. El “vamos viendo” no tiene que ver con el desapego o el desinterés, sino con tomarse las cosas con más tranquilidad. Quiero vivir este amor con más calma. Estoy en un momento de la vida en el que está todo más sólido, muy formado y que, por primera vez, yo elijo los tiempos de lo que pasa a mi alrededor.
–¿Cómo conociste a Leandro?
–En el Festival de Cine de San Sebastián del año pasado. Pero te repito, todavía no quiero formalizar nada, eso lo va a dar el tiempo. Me da miedo ponerle un rótulo porque después las decepciones se padecen. Soy muy enamoradiza, por eso trato de vivir esto que me pasa con calma, quiero darme tiempo para que maduren las emociones.
–¿Qué los une?
–La literatura es un mundo que me gusta mucho y con el cual siempre estuve ligada como una búsqueda personal. Tal vez por eso terminé relacionándome con alguien parecido a mí. La escritura también es un mundo muy solitario, la persona que escribe lo hace sola, busca sus lugares de pertenencia… por eso, la verdad es que no sé qué va a suceder con Leandro. Sólo te puedo decir que es un gran hombre y que sus tiempos son muy sanos. No tiene vida nocturna, mantiene bajo perfil y eso es bueno para mí. Tenemos una amistad de un año y medio, y recién estamos tratando de descubrir qué nos está sucediendo.
–¿Cómo definirías tu presente?
–2015 fue un año explosivo para mí, de gran expansión. Después que terminé de grabar Viudas e hijos del Rock & Roll, me dediqué de lleno al diseño. Tras diez años de terapia, me dieron el alta y de alguna forma siento que me lo merezco. Está bien soltar esos espacios. Nacha Guevara siempre dice algo que me parece brillante: “La zona de confort está buenísima, pero hay un momento que eso también empieza a incomodar”. Hoy tengo mi vida muy constituida y me hace feliz estar en mi casa, con mis plantas, mis cosas, mi hijo. Llevarlo al cine con amigos, jugar con él a la Play. Me da mucha felicidad sentir que hay un lugar donde yo tengo para volver. También vivo con mucha felicidad este nuevo amor que me hace bien.
–¿Cómo es tu vínculo con André hoy?
–Ya está casi a mi altura, así que estoy en problemas. [Se ríe]. Tenemos una relación muy linda. André es el hombre que más me conoce en la vida, aunque ahora está atravesando esta etapa preadolescente y todo se lo toma a la tremenda. El otro día me dijo: “Ma, no vayas vestida así al colegio. Las mamás de mis amigos van en jean y vos de mono rojo”. Esto era inevitable, entré en la etapa de “mamá me da vergüenza”. Y con el papá –Emmanuel Horvilleur– construimos una relación divina a pesar de la separación. Él es una gran persona y yo no soy complicada. Los dos queremos lo mejor para el otro y eso se nota. Nos hace bien a los tres que Emmanuel esté tan presente. A veces viene a casa y lo ayuda a André con la tarea y yo sé que puedo pasar por su casa si necesito algo.
–¿Te gustaría volver a ser madre?
–Se tienen que dar muchas cosas. Tenía 20 años cuando nació André, fui muy inconsciente y crecí con él. Ser madre es lo más lindo que hay, pero por otro lado, volver a pasar todo de nuevo justo ahora que André está más grande, no sé, veremos. A veces lo más inesperado resulta ser lo más lindo.
Fuente: Hola. La Nación
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