CENTRAL CERRÓ EL TORNEO CON UNA GOLEADA A BOQUITA
La fiesta había explotado mucho antes en las tribunas con los sucesivos gritos de Luciano Figueroa y la espectacular goleada que Central se regaló ante un nobel y juvenil equipo de Boca (7-2), pero la celebración fue completa una vez que el árbitro Juan Pablo Pompei dio por finalizado el encuentro. Entonces los jugadores se mimetizaron con la fiesta que habían armado los hinchas y como resultado de esa comunión (la misma que existió a lo largo de toda la temporada) todo fue fervor, festejo y alegría, en una tarde en que el equipo canalla terminó de redondear una campaña brillante en el Clausura. El Chelo Delgado llevó en andas a Lucho de cara a la popular y todo el grupo se fundió en un abrazo interminable en el área grande para festejar todos los logros que alcanzó este grupo.
Es que todo salió a pedir de Central, que se regaló una fiesta única en el cierre del torneo Clausura. Una celebración que tenía su razón de ser en el hecho de haber dejado en el olvido las penurias del promedio y en darle la bienvenida a la clasificación a las Copas Sudamericana 2003 y Libertadores 2004. Pero para hacerlo más espectacular todavía se despidió del certamen con una goleada histórica ante Boca (7-2) y coronó a Lucho como goleador del campeonato.
Bastó que los canallas acertaran su primera llegada a fondo al arco xeneize (jugó la 4ª con el refuerzo de Bracamonte) y que el Chelo Delgado marcara el primero para que quedarán expuestas las reales diferencias que había en la cancha entre un equipo profesional, maduro y contundente ante uno integrado por mayoría de debutantes (seis entre los titulares) con otros que tiene apenas un puñado de partidos en primera. Eso hizo que en ningún momento el partido tuviera equivalencias, que la lucha fuera dispar y la diferencia abismal quedó plasmada en el juego y en el resultado.
En veinticinco minutos, desde los 9 hasta los 34, el Chelo, Figueroa, en dos oportunidades, y Messera dejaron en evidencia a este verdadero Boquita, el mejor equipo que pudo tirar Oscar Regenhardt -el DT de la cuarta división- en el Gigante por los caprichos de Mauricio Macri y la irresponsabilidad de Bianchi, quienes le faltaron el respeto ya no sólo a Central sino especialmente a los hinchas xeneizes, que también tenían derecho a festejar con los profesionales que ganaron la Libertadores.
Los tres goles de Figueroa en el complemento sirvieron para ponerle el broche de oro a este torneo, al consagrar a Lucho como el máximo artillero del Clausura -y de la temporada- y para seguir abriendo la brecha entre un equipo que hace vibrar a su gente y otro semiprofesional.
Los pibes de Boca sólo exhibieron la vergüenza y la nobleza para pagar los platos rotos de la irresponsabilidad ajena. Ellos dieron lo mejor de sí, pero lógicamente fue escaso comparado con la calidad y jerarquía que exhibe este plantel de Central.
Central aprovechó los festejos que Macri y cía armaron en la Bombonera para regalarse una fiesta inolvidable, única, con un goleada histórica e inapelable. Una celebración merecida por todo lo que logró este grupo en el Clausura. Un festejo que quedará grabado en el recuerdo colectivo de los canallas después de tanto sufrimiento. Tal vez porque después de tantos pesares llega el tiempo del desahogo y la emoción contenida. El tiempo de disfrutar lo que se consiguió con tanto esfuerzo.
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