CENTRAL FRUSTRÓ EL DEBUT DE RUGGERI.
La primera impresión no fue la mejor. Es más, la mejilla de Independiente quedó enrojecida después de tremendo cachetazo. En el debut de Oscar Ruggeri como entrenador, el conjunto de Avellaneda cayó ante Rosario Central por 2 a 0, en un encuentro en el que sólo quedó para destacar la eficacia del conjunto local, que de a poco elude la preocupación por el descenso y ratifica sus pretensiones por ingresar en algún torneo internacional.
La primeros minutos casi no ofrecieron respiro. El único inconveniente fue que a ambos les costó demasiado dominar la pelota. Así, las imprecisiones se sucedieron. Central arriesgó un poco más y desestabilizó a su adversario con el criterio de Messera, la movilidad de Delgado y el empuje de Daniel Díaz; merodeó con peligrosidad el área del equipo de Avellaneda, pero le faltó potencia para materializar las buenas intenciones.
Respecto de los últimos encuentros dirigidos por Américo Gallego, Independiente tuvo dos novedades en el esquema táctico: Guiñazú jugó en el centro del campo y le costó demasiado acomodarse; Montenegro -con llamativas intermitencias- se adelantó unos metros y acompañó a Rivas en la ofensiva. El movimiento de piezas no le aportó mayor eficacia. Independiente tuvo mucha aceleración, pero escasas ideas.
Tanto vértigo se volvió predecible. Hasta que la emoción llegó de repente. A los 14 minutos, desde el borde del área, Pusineri capturó un rebote y remató con violencia; con el arquero Gaona fuera de acción, la pelota rebotó en el travesaño. Nada más.
Los recaudos aumentaron de manera progresiva y atentaron contra las ambiciones. Las marcas se ajustaron más y, con el opaco trabajo de las individualidades, el desequilibrio jamás apareció.
El entretiempo dejó abierta una leve esperanza. Las ilusiones no fueron en vano. La modorra se sacudió en tres minutos, nomás, cuando el equipo rosarino liquidó el asunto con una ráfaga. Figueroa forcejeó y le ganó a Brandán; Messera recibió la pelota y habilitó a Vitamina Sánchez, que definió con tranquilidad dentro del área.
Independiente, dolido, respondió con un remate desde lejos de Montenegro, que Gaona desvió con la punta de los dedos. Pero Central inmovilizó a su adversario con la segunda estocada, a los ocho minutos. Delgado comandó un contraataque por la izquierda; hizo la pausa exacta y envió un centro medido que Figueroa -otra vez anticipó a Brandán- cabeceó de pique al suelo. De nada sirvió el vuelo de Díaz.
Poco más se vio de allí hasta el final. Independiente, resignado, dejó toda su impotencia al descubierto. Central se sintió seguro y esperó el final con la sonrisa más grande.
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