CENTRAL MOSTRÓ SU CLASE EN ASUNCIÓN Y BAJÓ A OLIMPIA
Con el recuerdo encuadrado en la pieza de aquella Conmebol del 95, Rosario Central afrontó esta competencia internacional. Con actitud, conociendo su negocio, sin desesperarse y —por momentos— yendo al frente se aprovechó de que a Olimpia no se le cayera una idea de juego asociado y lo mató de contragolpe gracias a Herrera y Belloso, que no pararon de correr nunca. Podría parecer demasiado el 2 a 0 si se cuentan las llegadas de cada uno, pero Central fue siempre dueño del trámite.
Comenzaron como si estuvieran estudiándose —sí, como en el boxeo—, y claro, eso le convenía a Central, que quería que se extinguieran los famosos primeros 15 minutos en que el local supuestamente ejerce presión.
Apenas inquietó en ese lapso un tiro desde afuera del área de Rodrigo López que Gaona resolvió bien al córner, y nada más. Poco después —cerca de los 20 minutos— los rosarinos comenzaron a crecer. No fue Vitamina Sánchez, ni tampoco Messera, sino Papa, que pasaba a ser un volante por izquierda que pasaba al ataque y volvía loco a Quintana. Y seguía inflándose el equipo cuando el lateral mentiroso se complotaba con Belloso, que cerca de los 20 avisó desde afuera con un derechazo, Aceval dio rebote, Papa mandó el centro y Sánchez —libre— metió otro derechazo que salvó el arquero. Esta fue la jugada más importante de la primera parte. Fueron apenas unos minutos, pero en el Defensores del Chaco ya se hablaba rosarigasino.
El momento crítico del complemento llegó, otra vez, pasados los 15. Olimpia tocaba y tocaba, por afuera, por adentro, pero rebotaba con la cabeza de Carbonari y la de Talamonti. Mientras, a Central le alcanzaba con las ganas de correr de sus dos puntas para complicar y mucho. Así fue como un pelotazo de Ferrari habilitó a Gonzalo Belloso quedó mano a mano con Aceval, lo gambeteó y definió manso a la red.
Olimpia volvía a adueñarse de la pelota. Los paraguayos desbordaban y, en uno de tantos centros, Rodrigo López pegó un cabezazo en el palo. Pero Central mordía el resultado entre los dientes. Y otra vez se reiteró la fórmula: pelota profunda para Herrera, que corría como si el partido recién hubiera empezado, le quebró la cintura a Zelaya y de zurda facturó el segundo.
Con un partido de impotencia por un lado y certezas por otro, la tribuna visitante se volvía un manicomio. Al mismo tiempo, el encuentro se iba, Olimpia no podía, y los rosarinos le daban de comer a su ilusión.
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