Cerca del regreso
Si hubiese sido al revés, si hubiésemos empezado nuestro viaje primero por el sur, luego por el norte, este cartel que está en la calle principal de Ushuaia no nos hubiese llamado tanto la atención. El cartel dice que desde el punto más austral del mundo hacia el Polo Norte se cuenta algo más que 14 mil kilómetros. A esta altura, nosotros acusamos en el velocímetro unos 26 mil.
O sea, cuando estemos por Santa Fe de regreso, dentro de aproximadamente un mes, habremos recorrido el camino que va de ida y vuelta desde Ushuaia al Polo Norte, casi media circunferencia del planeta, casi un sueño, que eso era esto al principio, un sueño. Y como los números y las estadísticas empiezan a mandar, uno advierte, 9 meses después, que el sueño está a un ápice de haberse cumplido.
Entonces, en Ushuaia, en los ratos de balance, los kilómetros empiezan a aparecer como algo más que números. La memoria se empecina en hacernos reelaborar el camino. Con más frecuencia se mezcla con el paisaje actual la selva misionera, o el desierto chaqueño que fue selva, los picos tucumanos, el apunamiento jujeño, los viñedos mendocinos, todo al lado del dolor de los tobas, el olvido a los guaraníes o la desigualdad en el reparto a los trabajadores, porque si algo ha quedado claro en el derrotero es que no hay paisajes sin hombres.
Hay otros factores que aparecen cuando uno está de raconto. Tierra del Fuego tiene todos los climas en un día. Granizo al mediodía para dar lugar al sol de un rato más tarde o a la lluvia de la caída de la noche, que siempre se retrasa, porque estamos cerca del polo. Y nosotros, en todo el año, hemos avanzado por todos los climas en unos cuantos meses, los que ahora se vuelven en apenas un rato.
Y por último, los caminos, que ya son parte de la extensión de los brazos del viajero, o de sus pies. En Tierra del Fuego hay un poco de ripio, otro de nieve; algo de asfalto, mucho de tierra; mitad piedra tosca, mitad mejorado. O sea, todos los caminos recorrido en un año puestos en la isla de la meta final. Acaso sea el balance, por ahí caprichos estadísticos que ni vale la pena tener en cuenta, pero la sensación es que aquí, en este último pedacito de Argentina, está concentrado todo el viaje.
Desde hoy y hasta el final todo será regreso. Y habrá que estar atento a otros detalles. Sostener la atención de los que nos leen o escuchan por radio, pero más sostener la nuestra, que parece verse poco sorprendida últimamente. Y por último, conseguir lo que hasta ahora siempre fue posible: que el combate contra la rutina a través del andar, no se conviertan justamente en una rutina. Ya ve, todavía hay desafíos. Hasta mañana.
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