CERCADO POR EL ESCÁNDALO, BLAIR DICE QUE NO RENUNCIARÁ
El primer ministro británico, Tony Blair, descartó ayer la idea de renunciar y dijo que está dispuesto a
“aceptar la responsabilidad por las acciones de los ministros y funcionarios”. Fue poco después de que la BBC admitiera que el científico encontrado muerto el viernes había sido la fuente principal de la emisora en un controvertido informe sobre armamento en Irak, que salpica al gobierno británico.
La emisora británica BBC confirmó ayer que el experto en armas David Kelly, hallado muerto el viernes, en un aparente suicidio, fue su principal fuente en la información en la que aseguró que el gobierno de Tony Blair había exagerado el informe sobre la capacidad armamentística de Irak para justificar la invasión angloestadounidense al país árabe de marzo pasado.
El director de la cadena de radio y televisión pública, Richard Sambrook, identificó al científico Kelly como la “fuente principal” de dos de sus periodistas, Andrew Gilligan y Susan Watts, cuando ambos informaron que el gobierno había forzado su argumentación para justificar la reciente guerra del Golfo Pérsico. En su momento, la denuncia salpicó directamente al director de Comunicaciones y Estrategia de Blair, Alastair Campbell, y al ministro de Defensa, Geoffrey Hoon.
Con todo, Blair descartó ayer la idea de dimitir o de convocar al Parlamento con carácter urgente, tal como se lo exigen la oposición y diversos sectores a raíz de lo que ya representa la peor crisis de sus dos mandatos. El premier, que llegó ayer a China procedente de Corea del Sur, se declaró “absolutamente” determinado a proseguir su mandato y aseguró que dispone de “espaldas sólidas” para ello. Agregó que, si es necesario, declarará en el marco de la investigación, y que aceptará “la responsabilidad por las acciones de los ministros y funcionarios del gobierno” en el caso.
El doctor Kelly, un respetado biólogo de 59 años, funcionario y ex inspector de la ONU en Irak, fue encontrado el viernes cerca de su casa en Oxfordshire, al oeste de Londres, con las venas de la muñeca izquierda cortadas. Había salido a caminar el jueves y esa noche no apareció. Al lado de su cuerpo, la policía encontró un cuchillo y un tubo de analgésicos.
Dos días antes había tenido que defenderse de un duro y polémico interrogatorio en la Cámara de los Comunes. Debió hacerlo luego de que el propio ministro de Defensa, Hoon, a quien Kelly asesoraba, acusó al científico de ser la fuente de la BBC y de haberlo “traicionado”.
La hipótesis más extendida sobre el aparente suicidio de Kelly es que no pudo soportar la presión emocional que lo puso en el centro de la feroz pelea que vienen sosteniendo la BBC y el gobierno de Blair.
El escándalo en Gran Bretaña tiene su paralelo en Estados Unidos, donde el gobierno del republicano George W. Bush también está siendo duramente interpelado por haber informado en enero pasado que Irak estaba por adquirir uranio en Níger para fabricar armas nucleares, lo que se demostró —y también reconoció la Casa Blanca— que no era cierto.
La BBC evitó hasta última hora identificar a Kelly. Ayer, a través de un comunicado, la emisora dijo: “Habiendo informado a la familia de Kelly, podemos confirmar que el doctor Kelly fue la fuente principal tanto para el informe de Andrew Gilligan (en el programa Today, del 29 de mayo) como para el de Susan Watts, en Newsnight, el 2 y 4 de junio”.
La empresa sostuvo que “interpretó e informó con precisión a partir de la información obtenida durante las entrevistas con Kelly” y que no reveló su fuente antes porque “debía confidencialidad” al científico y por “expreso deseo” de su familia.
La confirmación de la BBC fue recibida con opiniones divididas en medio de una catarata de críticas contra el gobierno, el Parlamento y los medios de comunicación por la responsabilidad de todos en el presunto suicidio de Kelly. La propia familia del científico había informado que estaba deprimido por cómo se sucedían las cosas en este mundo.
Ayer, el diputado laborista Gerald Kaufman, que preside el comité de la la Cámara de los Comunes que se ocupa de los medios de comunicación, criticó a la BBC por haber identificado a su fuente en principio como “un alto funcionario de los servicios de inteligencia”, cosa que Kelly no era. Además, dijo, cuando el martes declaró ante el comité parlamentario que investiga la actuación del gobierno en la guerra en Irak, el científico reconoció haber hablado con la emisora, pero dijo que “no era la única fuente”. Algunos legisladores estimaron que la BBC debía “ahora mirarse larga y seriamente en el espejo”, mientras que otros directamente la acusaron de “inventar” toda la historia.
Sin embargo, en peor situación está el gobierno de Blair, dadas las proporciones del escándalo. El sábado, en Seúl, cuando un periodista le preguntó si tenía las manos manchadas de sangre y si pensaba dimitir, el premier no emitió palabra. Ayer, el premier aclaró que no iba a renunciar: “Evidentemente creo que hago lo que es mejor para el país; si no, no haría este trabajo.”
Luego también rechazó la idea de convocar al Parlamento, tal como reclamó el jefe de la oposición conservadora, Iain Duncan Smith. Según el jefe de gobierno, convocar al Parlamento aportaría al asunto “más acaloramiento que luz”.
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