CERRÓ EL RICH Y SUS EMPLEADOS HACEN GUARDIA EN LA PUERTA
“No lo puedo creer”. Esa fue la frase que más se escuchó ayer en la vereda de San Juan 1031, donde se levanta el emblemático restaurante Rich. Cincuenta empleados, clientes y proveedores no salían de su asombro tras enterarse de que el juez Civil y Comercial Nº10, Eduardo Oroño, había dictado anteayer la quiebra pedida por los propios socios de la firma. El personal se concentró frente al local por la madrugada y anunció que permanecerá en el lugar. “Haremos turnos, pero aquí estaremos hasta el lunes, no queremos que los dueños vacíen el restaurante; queremos formar una cooperativa”, dijo Héctor Duarte, un pastelero con 9 años de antigüedad en la empresa.
No obstante, y mientras se cambiaba la cerradura, el síndico Daniel Alberto Botta le confirmó a La Capital que “los empresarios han sido desapoderados y han perdido su legitimidad procesal”. Esto implica que la empresa está completamente a cargo de una sindicatura. “Tal como lo estipula la ley -agregó Botta- los primeros en cobrar serán los empleados”.
Deudas de aportes sociales y con la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip) fueron el puntapié de un proceso concursal que llevaba ya un año y medio y que derivó en un pedido de quiebra por parte de los empresarios de esta SRL que tiene a Aldo Saracco y José Díaz como socios gerentes.
Antenoche, los trabajadores se fueron convencidos de que ayer sería un día más. “Antes de retirarnos hasta preguntamos si hoy (por ayer), con motivo del feriado, se trabajaría normal, y nos dijeron que sí. Mirá con qué nos encontramos”, dijo un cocinero.
Instalados en la vereda con mate y bombos, y tras pegar carteles de repudio, se encontraban ayer todos los empleados. Los ocho cadetes que la firma tenía en negro; los más nuevos, como el cocinero Mariano Moyano, con un año de antigüedad, y los más viejos en la empresa: Alberto Gómez -rotisero desde hace 38 años- y Pedro Espínola -cafetero y con 31 años en su haber-. Adujeron tener a su cargo más de “300 bocas para alimentar” y el último sueldo sin cobrar.
El verdulero José López se lamentaba junto a los empleados. “Al dueño de la verdulería para la que trabajo le dejaron una deuda importante, desde hace cinco meses todos los proveedores cobrábamos mal en el Rich”, aseguró. Y quienes no dejaron de dar su apoyo fueron los clientes. Un hombre que se identificó como Tito pasó por el frente junto a su esposa. “No lo puedo creer -dijo- hace 50 años que venía a este lugar”.
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