CHABÁN AFIRMÓ QUE NO CONOCE A IBARRA Y LE APUNTÓ A CALLEJEROS
Omar Chabán siguió ayer abonando la teoría de que no tuvo nada que ver en la tragedia del boliche República Cromañón, que manejaba. Si el miércoles había dibujado la teoría del incendio intencional, ayer dijo que el manejo de la seguridad la noche del 30 de diciembre corrió por cuenta del grupo Callejeros.
También declaró que no conoce a Aníbal Ibarra, Jefe de Gobierno porteño, ni al camarista Gustavo Bruzzone, ni a ninguno de los funcionarios involucrados. No se visualiza, por ahora, el escenario que trazó como una profecía su abogado Pedro D´Attoli cuando en enero dijo que suponía que Chabán iba a “prender el ventilador”. Parece tener los dedos bastante lejos de la tecla “on”.
La pirotecnia encendida en Cromañón provocó una nube tóxica en la que murieron 193 personas. “Podrían haber dejado pasar pirotecnia por amiguismo”, declaró Chabán, sin dejar pasar por alto que el día anterior a la tragedia los “intimó” a que impidieran su ingreso. Con todo, reconoció que “nunca” les dijo a Callejeros cuál era la cantidad de gente autorizada a entrar al local.
“Callejeros tenía su propia organización en lo que hace a seguridad, sonido, luces y personal de escenario. Si yo los hubiera contratado, tendría que haberle pagado yo a la seguridad y ellos deberían haber respondido a mis órdenes, cosa que no pasó”. Incluso, dijo que los había intimado a no dejar pasar pirotecnia, pero “hicieron caso omiso”.
“Los espacios de mi competencia eran la barra, baños, kiosco y oficina”, dijo. Nombró a Lorenzo Bussi, “Lolo” (procesado), como el encargado de la seguridad de Callejeros, y le dio una mano a Raúl Villarreal (el otro detenido): “No conocía de seguridad”. “El personal de seguridad (de Callejeros) estaba apostado en todas las entradas, el lugar estaba literalmente invadido por ellos”.
Por primera vez, Chabán contestó ayer preguntas del juez Julio Lucini y del fiscal Juan Manuel Sansone. Mientras que judicialmente se investiga también el supuesto pago de coimas a policías de la comisaría 7ª de la Federal, el empresario lo negó. Reconoció que conocía al Subcomisario Carlos Díaz. “Pasó una vez por el lugar y le dije: ‘Por favor, haga muchos controles (…) porque en el rock siempre se necesita policía'”. Nunca le entregó dinero, aseguró. Según D´Attoli, el Subcomisario es un “héroe” porque entró a rescatar chicos.
Nada de lo que está diciendo Chabán se aparta de la estrategia de defensa diseñada por D’Attoli, que fue publicada por este diario hace dos meses, el 9 de abril. A una pregunta del fiscal, dijo que la puerta clausurada no era una salida de emergencia. “La puerta de emergencia era otra, la que daba a la calle Bartolomé Mitre. Estaba abierta y por ahí se salvó mucha gente pero por el maldito cianuro no se salvaron más”. Aunque reconoció que esa salida fue usada para evacuar gente en el recital de Jóvenes Pordioseros.
Frente aquella puerta se fueron acumulando cuerpos hasta formar una pila de más de un metro de altura. ¿Tenía un cartel luminoso que señalaba esa salida? Derivó la respuesta a “los bomberos o la firma Lagarto”. Los empleados que tenían la llave para abrirla, dijo, eran Mario Díaz y Juan Carlos Bordón.
En suma, todo lo que diga Chabán apuntará a lo mismo: conseguir que la carátula tenga una calificación más benigna. “Dividamos las culpas —dijo D’Attoli— porque acá hay 22 procesados”. Los familiares lo insultaron. Anoche Chabán dormía en Tribunales. En la declaración de hoy, mirará un video de un recital en Cromañón, a pedido de su defensor.
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