¿CHABAN AL CINE?
Mucho antes de que ocurriera la tragedia en Cromañón, Omar Chabán terminaba de rodar una película como actor. El hoy procesado por estrago culposo por la muerte de 194 personas hace casi un año en el que era su boliche, interpretaba a un psicoanalista en El Tigre escondido, de Luis Barone, que hoy por hoy, no tiene posibilidad cierta de estreno en nuestro país.
Bernardo ha sido militante en los ’70 y ahora vive en el Tigre junto a su esposa, que ha virado al discurso new age y vive pidiéndole que “se deje fluir”, al mismo tiempo que lo traiciona con una especie de parapolicial vinculado a los sectores de poder de la zona. Ya con cincuenta años, Bernardo es la imagen de la desorientación de una generación que alguna vez creyó que podía cambiar el mundo. El hombre, con un diagnóstico de infertilidad realizado en circunstancias más que dudosas, descubre que ella está embarazada, sin saber de quién. En una tensa escena, la ata a los pilotes de una casa de fin de semana que tiene la pareja en un ramal del Delta y espera a que la subida de la marea termine por ahogar a la mujer que sigue hasta último momento insistiendo con la reconciliación y rehusándose a revelar el nombre del padre del supuesto niño.
Todo parecería tratarse de defender causas perdidas. Bernardo se escapa con la mucama en dirección al Sur —luego de una intensa escena sexual— donde reencuentra parte de su historia perdida, pero eso lo lleva en realidad al desastre.
Adelantar más respecto de El Tigre escondido iría contra el mandato de no contar el final de una película, pero en este caso el filme, dirigido por Luis Barone, encuentra serias dificultades para llegar a las pantallas. Algo que no será consecuencia de cierta atmósfera políticamente incorrecta que campea por todo el relato y que es un poco la marca de estilo del director de 24 horas (algo está por explotar), estrenada en 1997, Buenos Aires plateada (1999) y el documental sobre el padre Carlos Mujica Los malditos caminos, de 2002. Tampoco habrá que culpar por esta demora en el estreno a cierta variedad excesiva de tonos que conspira un tanto contra la eficacia del guión que firman el director y los escritores Guillermo Saccomano y Liliana Escliar. Lo que impide por ahora que los espectadores argentinos la vean y juzguen son dos escenas, en las que Bernardo, interpretado notablemente por Alejandro Awada, se encuentra con su rígido psicoanalista lacaniano, actuado nada menos que por Omar Chabán.
El hoy cuestionado empresario aparece con un look poco acostumbrado en él. Austeramente vestido de negro, peinado hacia atrás y con gel o gomina, notablemente prolijo y cuidado en su aspecto. Según cuenta Barone, “lo llamé por la cara que tiene, por su physique du rol que era perfecto para el personaje. Me pareció que era un actor muy bueno para componer a ese psicoanalista, es un clown, hizo un trabajo muy intenso con el diseño y la composición del personaje, se vistió y peinó de una manera especial”. Para cerrar su último encuentro con Bernardo, prende un puro y cita al Che Guevara: “no sólo importa lo que se diga, sino cómo se lo diga”.
Todo muy lejos de la imagen del actor under que se resiste a las reglas y que hace de la transgresión un modo de vida y del extemporáneo y mediático dueño de Cemento. Lo único que lo acerca al personaje que interpretaba en la vida real es que los ceniceros que usa en su consultorio son robados de Mac Donald’s, cuyo local en el Tigre cuenta al psicoanalista entre sus habitués. Tampoco su voz resulta reconocible: el tono un tanto aflautado de Chabán no se condecía en absoluto con la seriedad irónica de su personaje, de allí que terminó siendo doblado nada menos que por Luis Fuxán, en palabras de Barone “el locutor oficial y poseedor de un caño tremendo”.
Además de la presencia de Chabán, hay algunos cameos: también se ve al periodista y poeta Tom Lupo encarnando a un movilero de un noticiero local y a la modelo Anamá Ferreira en fugaz aparición.
La película terminó de filmarse a mediados de 2003, primero en los escenarios de Tigre y luego en Esquel, y tenía previsto estrenarse a fines de 2004, pero los distribuidores prefirieron por consideraciones de tipo comercial, postergar su llegada a las salas para 2005. En el medio ocurrió Cromañón, la tragedia y los primeros señalamientos de culpables, entre los que se hallaba Chabán. Y la presencia de Chabán hizo que todo entrara en una postergación permanente. Primero se habló de octubre, luego de noviembre, ahora se habla de enero.
Mientras tanto, el filme está haciendo su carrera internacional. Cuenta Barone que en Brasil causó mucha gracia, algo que lo sorprendió sobremanera: “Me parece que ellos nos ven más así que nosotros mismos. Los dos personajes —el de Bernardo y su mujer new age, que interpreta con mucho sentido del humor Mausi Martínez— les parecían muy patéticos. Les causaba mucha gracia ver a los argentinos riéndose así de sí mismos” La revista Variety, la publicación de la industria norteamericana, compara su tono con las comedias de los hermanos Coen y recomienda su exhibición en circuitos menos comerciales. Y también se trajo un premio del festival Carrefour de cinemas (cruce de cines) realizado en París la semana pasada. Lo cierto es que el filme ha sorprendido a públicos extranjeros sin haber pasado antes por el filtro de la mirada nacional. Otro aspecto de un camino a contramano.
Es que en aquellas latitudes lejanas, en la distancia y en el idioma, las maldiciones de la realidad nacional no encuentran resquicio para colarse y hacer que las películas corran el riesgo de aparecer en la sección de policiales. Mientras tanto, El Tigre escondido, un título en el cual muchos han querido ver una premonición del último refugio de Chabán, sigue teniendo pendiente la cuota de pantalla.
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