Charly García sedujo a centenares de millennials
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Colmado mayoritariamente por jóvenes, el Teatro Coliseo vibró al ritmo de los mejores temas de ayer y de hoy.
El telón sube y comienza a develarse la pregunta que todos se hicieron desde que se anunció el regreso de Charly García: qué Charly veríamos. Sentado en una suerte de sillón de masajes para estrellas de rock, Charly arranca con “Instituciones”. Sin previa y sin nada, arremete con un clásico de Sui Generis para los millennials.
En la platea, una veinteañera canta las estrofas de principio a fin. “¿Conocés esta canción?”, le pregunta sorprendido un fan sentado. “Sí, obvio. ‘Instituciones'”, responde. El diálogo sigue: “Pero sos muy chica”, y la joven asiente y agrega con una sonrisa: “Sí, pero ahí está mi papá”.
Con una réplica de la Torre Tesla como principal escenografía, García arremete con otro clásico de su discografía: “Cerca de la revolución”. Una presentación para las nuevas generaciones antes de introducirse en su último disco, Random. Suena “La máquina de ser feliz”, y los viejos fans recuerdan cuando García presentó en este mismo teatro, el Coliseo, su Máquina de Hacer Pájaros.
El García de hoy está concentrado y no habla con su público. Sigue el guion programado como nunca antes. Y se despacha con dos de sus temas del último disco. El público, por el contrario, parece de décadas atrás. No hay asiento que valga, todos se paran y van hacia el escenario.
“Cuánta civilización”, dice Charly en sus primeras palabras, y arranca una ovación. Llega “Rezo por vos” y ya se presiente que este será un show a la medida del García del nuevo milenio. Ordenado, demasiado puntual para su estilo, con esa nueva camada de fans cantando sobre su voz ronca esas canciones que ya son himnos nacionales.
A casi un año de su última presentación pública, García volvió a subirse al escenario de un teatro acompañado por una banda integrada por Fabián “Zorrito” Quintiero, la cantante Rosario Ortega y los músicos chilenos Kiuge Hayashida (guitarra), Carlos González (bajo) y Toño Silva (batería), que formaron parte de su banda The Prostitution. Como lo había hecho en marzo de 2017, en una actuación que funcionó como apoyo del lanzamiento de su álbum Random (el primero en ocho años), el bigote bicolor anunció su concierto de manera sorpresiva, apenas 48 horas antes y por las redes sociales.
La estrategia funcionó mejor de lo esperado y las entradas se agotaron en menos de una hora, con postales de largas filas en las inmediaciones del teatro y dejando así a miles de seguidores decepcionados por no conseguir su ticket.
Para calmar los ánimos, el productor José Palazzo le aseguró a La Nación que la idea es que este show sea el primero de varios, aunque respetando los tiempos de García, quien en los últimos años se alejó de los escenarios, asediado por varias molestias, entre ellas, una operación de cadera en 2015 de la que nunca se recuperó del todo. “Este tipo de shows están buenos, lo mantienen activo y sin la presión de tener que hacer un regreso más grande en un estadio o donde sea”, sostuvo Palazzo.
De allí que la previa se vivió con mucha expectativa, con muchos seguidores en la puerta del teatro desde muy temprano, algunos con la esperanza de verlo al llegar, otros con la fe de poder conseguir una entrada mágica. Horas antes del show, la pregunta entre el público que se había amontonado en la puerta era qué Charly García iban a ver. “El flaco ya no está al ciento por ciento”, decía uno de los tantos jóvenes con remera de Say No More. “A mí no me importa, yo vengo a aguantarlo, a quererlo”, le respondía otro a su lado.
Aquí, créase o no, los millennials son mayoría. Y más chicos también. Porque si bien están los viejos fanáticos, que se reconocen entre sí y se juntan para recordar hazañas de García de décadas atrás, la mayoría son veinteañeros que le gritan “genio, de qué planeta viniste” al ingresar al teatro dentro de un auto negro (al parecer, lo de la limusina ya fue), para una última pasada antes de abrir puerta. El mito Charly sigue tan vivo como sus canciones y, al menos por ahora, lo que ves es lo que hay.
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