CHESPIRITO Y CARLITOS BALA JUNTOS EN BUENOS AIRES
Roberto Gómez Bolaños presentaba su libro El diario del Chavo del ocho en la librería Cúspide de Recoleta y, como vive a la vuelta, a Balá le gustó la idea de ir a conocerlo. Su amigo y productor de TV Esteban Farfán fue el encargado de gestionar su entrada al lugar. Estaba llenísimo de gente (había cuatro cuadras de cola) y a Balá le daba un poco de vergüenza. Estaba con su hijo Martín, de 28 años, también fan del Chavo & Cía.
Antes de entrar, tomó un café con leche en un bar del complejo Village Recoleta. La gente que pasaba le gritaba “¡por la vuelta!”. El sonreía contento. Y respondía: “Ojalá sea pronto”.
Finalmente, entró al local y apenas dio tres pasos, la gente que esperaba para ver a Chespirito lo reconoció y comenzó a aplaudirlo. El aplauso se convirtió rápidamente en ovación y eso le permitió llegar enseguida adonde estaba el autor firmando. Su mujer, la actriz Florinda Meza, le dijo que Carlitos Balá era un ídolo entre los chicos, como él. Chespirito no lo conocía, pero por el recibimiento del público se dio cuenta de que había sido parte de la infancia de muchos de los que estaban allí.
“Lo admiro mucho. No me canso de verlo”, le dijo Balá a Gómez Bolaños en la cumbre infantil que se produjo durante cinco minutos. “En un mes me voy a Cancún, me gustaría verlo allá”, propuso Balá y tuvo un OK como respuesta. Antes de irse, le pidió que le firmara el libro. Hubo abrazo y despedida rápida: esperaba mucha gente por lo mismo. Contento, Balá salió del lugar entre besos y saludos del público. Los encargados de seguridad tuvieron que ayudarlo.
Chespirito siguió firmando, sacándose fotos y charlando con la gente hasta las doce de la noche. A esa hora, su mujer se dio cuenta de que no daba más y se lo llevó al hotel. Estaba agotado. Durmió más de doce horas y cuando se levantó escribió una carta de puño y letra pidiéndole disculpas a los que se quedaron sin su firma.
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