CHILE: ADMITEN QUE SE TORTURABA EN EL BUQUE ESCUELA
El almirante Jorge Arancibia, ex comandante en jefe de la Armada y actual senador de la UDI, el partido más fuerte de la derecha, se convirtió en el primer marino en reconocer que el buque escuela y símbolo de su institución, el Esmeralda, fue un campo de detenidos donde se aplicó tortura después del golpe de Estado de 1973.
Un largo “mireeee” sirvió de preámbulo a la confesión de Arancibia, por las pantallas de Televisión Nacional el martes por la noche. Luego argumentó que si hoy se miran los hechos de hace 30 años, pueden catalogarse como un “error”, pero entonces los ánimos estaban convulsionados.
“Era como un partido de fútbol en que van 1 a 1 y hay que ganar, y están las barras de uno y otro lado”, graficó Arancibia. La confesión de Arancibia fue dos meses después de que el actual comandante en jefe de la Armada, almirante Miguel Angel Vergara, afirmara en forma tajante: “La Armada nunca ha desconocido que el Esmeralda fue un centro de detención durante tres semanas, pero que haya sido centro de torturas la Marina lo desconoce y no tiene información al respecto”.
No es la primera vez que Arancibia pone en jaque a su institución. La última fue en junio de 2001, cuando renunció a la comandancia en jefe para horas más tarde ponerse la camiseta de candidato a senador por la derechista UDI.
Las torturas en el Esmeralda eran una verdad con muchos testimonios de los que pudieron sobrevivir, pero hasta ahora la Armada se había empecinado en refutarla a pesar de la activa campaña de denuncia en el mundo en los puertos que recala el busque escuela en su travesía anual.
“Me hicieron subir al Esmeralda y me entregaron a los marinos. Todos tenían las caras pintadas de negro y estaban en tenida de combate. Los golpes empezaron de inmediato”. Así empieza el relato del doctor Alberto Neumann, uno de los sobrevivientes a la brutal represión que se desató en Valparaíso el 11 de setiembre del 73. Neumann fue detenido en el Hospital Deformes y con su bata blanca y las manos en la nuca fue hecho prisionero. “A puñetes y patadas me llevaron a una escotilla”, cuenta. “Allí me esperaba un grupo, todos con las caras pintadas. Me golpeaban con especial violencia. No era un interrogatorio. Me hicieron desnudar, me amarraron las manos hacia atrás, dedo por dedo y me echaron al suelo tendido boca abajo, sin dejar de golpearme. De vez en cuando me clavaban las bayonetas”.
No hubo tregua para los “prisioneros de guerra”. Neumann recuerda: “Había relevo periódico de nuestros guardianes. Las nuevas patrullas llegaban con energías frescas y se estrenaban con golpizas cada vez más feroces. Nunca pararon de pegarnos. No nos dejaban dormir. Cuando el cansancio nos vencía y dejábamos caer la cabeza nos despertaban a golpes y nos llevaban a los baños donde nos sometían a fuertes chorros de agua helada con manguera”.
El “tratamiento” que describe el doctor Neumann por parte de los marinos no fue extraordinario. En testimonio recogido hace pocos días por esta corresponsal, el ex suboficial de Carabineros Armando Cabrera, quien trabajó con los infantes de marina en la represión en Valparaíso, relató: “Es que sabe, yo aprendí un sistema con los infantes de Marina. Ellos no castigan a las personas, las hacían hacer gimnasia todo el día, ejercicios bien violentos y las tenían a pura agua y pan y tampoco los dejaban dormir. Cuando ellos entregaban en la noche los detenidos a los guardias decían: ‘cada 10 minutos sácalos y hazlos trotar, ¡no los dejes dormir!’. Ellos me contaban que habían hecho cursos allá en Estados Unidos. Esa es la forma de interrogar a los detenidos”.
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