CHILE BRINDÓ REVELACIONES SOBRE LA AYUDA PRESTADA A LONDRES DURANTE LA GUERRA DE MALVINAS
Con demasiados esqueletos en el ropero, la relación entre Argentina y Chile siempre ha sido inestable.
Quizá por eso, un gesto reciente —pero poco conocido— del Presidente Ricardo Lagos para con el argentino, Néstor Kirchner, buscó mostrar un antes y un después en una historia plagada de desconfianza.
Según pudo saber Clarín, Lagos recibió recientemente del Primer Ministro Tony Blair una carta, acompañada por unas páginas impresas. Se trataba de una prueba del segundo tomo de próxima aparición de un libro titulado “La Historia Oficial de la Campaña por las Falklands” que ya genera polémica en el Reino Unido por sus revelaciones.
En su carta, Blair le comentaba acerca del estudio que su gobierno le encargó en 1997 al historiador Lawrence Freedman, reseñando sus antecedentes académicos como profesor del King’s College de Londres. Hombre muy allegado a Blair, Freedman dedicó 8 años al trabajo y tuvo acceso a documentos hasta ahora clasificados como secretos.
Entre otras inconveniencias tales como cuestionamientos a la legitimidad del reclamo británico —de lo que ya dio cuenta Clarín el lunes— afloraron, claro, nuevamente los detalles de la colaboración chilena con los británicos durante el conflicto.
El gesto de Blair fue, justamente, advertirle personalmente a Lagos de la próxima aparición del libro a sabiendas de que estos datos podrían complicar sus relaciones con Argentina.
Pero aquí, Lagos tuvo los reflejos políticos no sólo para agradecer a Blair su cortesía sino para girarle inmediatamente estos detalles a Kirchner. En su carta de respuesta al primer ministro birtánico, Lagos indicó que la cuestión “forma parte del pasado” y que la relación bilateral con Argentina era “lo suficientemente fuerte como para no verse afectada con las revelaciones”, le dijo a Clarín una fuente del Gobierno.
El gesto del chileno cayó muy bien en Buenos Aires que, en los últimos meses, se ha esmerado por cuidar el vínculo con Santiago. Desgarros han sobrado entre el caso de espionaje en el Consulado argentino en Punta Arenas, pasando por los tironeos por el gas o las críticas al peronismo del ahora canciller Patricio Walker.
Pero es cierto que el sesudo trabajo de Freedman reavivará sin duda heridas de ambos lados como cuando Margaret Thatcher salió en defensa de Pinochet, detenido en Londres, recordando los servicios prestados por el general a la corona.
En un capítulo —al que tuvo acceso Clarín—, el historiador narra con lujo de detalles las negociaciones secretas, iniciadas el 13 de abril de 1982, para proveer de inteligencia a los británicos a cambio de aviones Canberra y Hercules a precio de ganga.
“Luego de la invasión se hizo una propuesta en la que uno o más aviones Canberra serían vendidos y llevados a Chile por tripulaciones de la Real Fuerza Aérea que entrenarían a tripulantes chilenos mientras efectuaban reconocimientos fotográficos desde el aire desde una base en el sur de Chile. La transferencia del avión sería en términos favorables, probablemente a la mitad del precio originalemente ofrecido”, comenta el capítulo.
Todo fue secreto. Los británicos, temerosos de quedar expuestos en sus juegos con una dictadura ya cuestionada por sus violaciones a los derechos humanos; los chilenos, por las eventuales represalias de Galtieri, que mantenía tropas en la frontera chilena. Según el libro, tras la derrota argentina, hubo gestiones de Londres para disuadir un sugestivo desplazamiento militar chileno hacia la frontera argentina.
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