CHILE RECORDÓ LOS 20 AÑOS DEL ATENTADO FRUSTRADO A PINOCHET
Chile conmemoró ayer los veinte años del día en que la historia pudo dar un giro radical. Pero la ciudadanía pareció no conmoverse con el recuerdo del día en que el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) quiso asesinar al dictador y tampoco con el de la noche en que Ricardo Lagos se salvó de morir acribillado en venganza por el atentado a Augusto Pinochet. Pero si en apariencia el ritmo de las calles siguió su cadencia normal, hubo varios hitos que graficaron cómo gravitó el día clave de la “Operación Siglo XX”.
Por primera vez, el general con más de cinco procesos en su prontuario no salió de su casa en esta fecha. Sólo su esposa, Lucía Hiriart, entregó un mensaje: “Pinochet ha dicho que si se equivocó, pide perdón”. No hubo réplica. En otro sector de Santiago, los dirigentes comunistas llegaban hasta el partido de derecha Renovación Nacional para negociar el cambio al sistema electoral binominal, instaurado por Pinochet para impedir que la izquierda llegara al Parlamento. Guillermo Teiller encabezaba el grupo comunista. El mismo hombre que en 1986 era “Sebastián”, jefe militar del PC y con mando directo en el FPMR.
Todo comenzó a las 18.15 horas de ese asoleado domingo. Pinochet subió a su Mercedes Benz blindado, seguido de su nieto regalón y un edecán. Lo mismo hicieron en otros cinco vehículos los 21 comandos de su escolta. Quince minutos después estalló el primer cohete Law y los 21 guerrilleros lanzaron toda la artillería para acabar con el dictador.
El chofer de Pinochet decidió que el escape era hacia atrás:
avanzó directo hacia los guerrilleros para luego, con fuerza, acelerar marcha atrás. Su jugada fue clave para que los Law no funcionaran. Necesitan 15 metros como mínimo de distancia de su blanco para explosionar. Al atardecer de ese domingo 7 de setiembre, cinco de los escoltas de Pinochet habían muerto y otros 11 estaban heridos, pero el dictador seguía vivo. La “Operación Siglo XX” fracasó y sus autores se dieron a la fuga mientras en las calles de Santiago se desataba el infierno.
Pinochet se refugió en El Melocotón. Minutos dramáticos. El dictador creía que el atentado era de la CIA y militares chilenos. Desconfiaba de todos. Sólo cuando estuvo seguro de que no había un intento de golpe de los suyos decidió dejar el refugio. “Esto prueba que el terrorismo es serio y más grave de lo que hablan. Ya está bueno que los señores políticos entiendan que estamos en una guerra entre el marxismo y la democracia. ¡O el caos o la democracia!”, afirmó a la TV.
Las calles de Santiago se vaciaron al tiempo que militares ocuparon la ciudad. En La Moneda se reunía en emergencia el comité político más el general Humberto Gordon, jefe de la policía secreta. La guerra comenzó. Desde sus camas fueron sacados el periodista José Carrasco, el electricista Felipe Rivera, el estudiante Gastón Vidaurrázaga y el publicista Abraham Muskatblit. A Carrasco, lo acribillaron de 14 disparos en el Cementerio de Recoleta. Uno a uno los asesinaron esa noche interminable.
En otro sector, el entonces dirigente opositor Ricardo Lagos fue también sacado de su cama. Hace pocos meses, el entonces ministro Francisco Javier Cuadra, miembro del comité político de Pinochet, reveló a Diario Siete que decidieron arrestarlo para “salvarle la vida”. Y algo de eso hubo.
El atentado, más el hallazgo de 80 toneladas de armas del Frente Patriótico, hizo que la mayoría de la izquierda cortara todo coqueteo con la vía armada. A dos años del plebiscito, la oposición reordenó sus filas para obtener el triunfo en las urnas. La vía electoral se abrió paso mientras una huella digital dejada en un vaso delataba a uno de los fusileros de Pinochet y llevaba a la cárcel a otros cuatro. El resto seguiría un periplo por Argentina, Moscú, Vietnam y Nicaragua que hoy recién comienza a salir a la luz.
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