CHINA COMPROMETIÓ SU APOYO A LA ARGENTINA POR LA DEUDA EXTERNA
Se estrecharon la mano, pasaron revista a las tropas de tierra, aire y mar, escucharon los respectivos himnos nacionales y se encerraron en un despacho del Gran Palacio del Pueblo. Allí, el presidente Néstor Kirchner y su par chino, Hu Jintao, intercambiaron figuritas. Pero no cualquiera. Jintao se comprometió a apoyar a la Argentina en sus negociaciones por la deuda externa.
Aunque no cuenta con participación en organismos multilaterales de crédito, su voz no es menor: China se promete a hacer esfuerzos “como tercer exportador y cuarta potencia mundial”, según palabras del propio Jintao. Buena música para los oídos de Kirchner, saturados por el ruido que está haciendo el tema piquetero en Buenos Aires (ver págs. 3 a 5).
Ayer, los chinos también se llevaron lo suyo: Kirchner le prometió al gobierno de Pekín “hacer nuestros mayores esfuerzos en orden a evaluar positivamente el reconocimiento de China como economía de mercado”, según reprodujo luego el canciller Rafael Bielsa.
Tanto adjetivo y adverbio tiene su explicación: si bien China integra la Organización Mundial de Comercio (OMC) desde hace tres años, sólo tres países (Singapur, Malasia y Nueva Zelanda) le reconocieron ese status hasta ahora, en medio de las fuertes presiones que vienen ejerciendo Estados Unidos y la Unión Europea. Hablando claro: China, a la que hoy todos le quieren vender, impone, por esa misma razón, barreras paraarancelarias a su antojo y protege sus ventas al mundo. No parecen muy dispuestos, por ejemplo, a dejar sin paraguas a una industria textil, que, dicho sea de paso, tiene aquí 2.500 años de antigüedad. Algo que les hace fruncir el ceño a los empresarios argentinos del sector que recién ahora, tras la caída de la convertibilidad, lograron sacarse el respirador artificial. Aceptar la peculiar “economía de mercado” china es aceptar sus reglas de juego.
De allí tanto adjetivo de la delegación argentina. Algo similar hizo el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva en su paso por China en mayo. Fueron dos señales políticas desde el Mercosur que, de todas formas, por ahora, se mantienen en promesas.
En cuanto a negocios concretos, Jintao le dio a Kirchner otra buena noticia: se comprometió verbalmente a incluir a la Argentina en la lista de países con status de Destino Aprobado (EDA). Cuba es el único destino latinoamericano que cuenta con ese privilegio que están también negociando Brasil y Perú.
Sucede que el gobierno chino decide adónde pueden viajar sus habitantes y a dónde no. Según la Organización Mundial de Turismo, este país será en el futuro el mayor proveedor de turistas del mundo.
Se estima que 90 millones de chinos ricos empezarán a salir por el mundo. Una minoría para los Récord Guiness, si se considera que acá viven 1.300 millones de almas. Era de esperar: los empresarios turísticos que viajaron a China no mostraban ayer más que sonrisas.
Antes de asistir al banquete oficial que le brindó el gobierno chino en el Palacio del Pueblo —un edificio gigantesco, muy ornamentado y con francos detalles de mal gusto— Bielsa comentó además que el presidente chino calificó de “asombrosa” la recuperación de la economía argentina y exhibió números concretos que demostraron su conocimiento del tema.
Ante la pregunta de si se había hablado durante el encuentro sobre derechos humanos, el canciller respondió con un escueto “no”. Y no hubo más palabras.
Está claro que el Gobierno argentino no quiso empañar los posibles negocios con un país que encandila desde Pekín y Shangai con sus enormes carteles de neón, pero en el que los turistas sólo pueden viajar al país que elija su gobierno y en el que, por ejemplo, los taxistas, los mozos o las camareras tienen prohibido aceptar propinas. Es un decreto moderno de la ya milenaria autocracia china.
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