CHINA DEJÁ ATRÁS UN PILAR DEL COMUNISMO
El primer ministro chino, Wen Jiabao, abrió ayer la histórica sesión anual del Parlamento, que deberá aprobar una serie de reformas constitucionales históricas que incluyen garantías para la propiedad privada y los derechos humanos, con un discurso en el que se comprometió a ayudar al sector campesino, postergado aún por el desarrollo económico.
Este año, los 3000 diputados de la asamblea aprobarán importantes reformas en la Constitución, que se adoptó en 1982 y ya fue enmendada tres veces. La más importante es la introducción de artículos que garanticen la protección de la propiedad privada, giro sin precedente para este régimen comunista que intenta proteger la creciente inversión privada, clave para la expansión económica.
El Partido Comunista tomó la decisión de modificar el status de la propiedad en octubre último, lo oficializó en diciembre, y al término de esta asamblea de diez días quedará establecido que la propiedad privada obtenida legalmente es inviolable.
La reforma marcará el final de la economía planificada que Mao Tse-tung impuso entre 1949 y 1976, y que en las últimas décadas fue dejando paso a la ahora llamada “economía socialista de mercado”. También representa una garantía constitucional para los inversores, que ahora la dirigencia china reconoce como fundamentales para la economía y la sociedad. Según algunos analistas, la intención de Jibao es promover las inversiones en el área de la construcción.
En las enmiendas constitucionales también estarán contemplados por primera vez los derechos humanos, aunque en la concepción china no incluyen los derechos políticos.
Gran parte del discurso de Wen ante la Asamblea Nacional del Pueblo fue dedicado a la economía. El premier declaró que este año el crecimiento quedará contenido en un 7%, frente al 9,1% de 2003. Este será el índice más bajo desde 1991.
En lugar de querer resolver todos los problemas con el crecimiento económico, el nuevo jefe de gobierno dijo aspirar a un “desarrollo en la economía y en la sociedad más equilibrado y sostenible”. Ya no se buscará impulsar el crecimiento con inversiones estatales en infraestructura, sino que en el futuro se dedicará más dinero para planes sociales, inversiones en el campo, en regiones de menor desarrollo y centros industriales marcados por el fuerte desempleo.
Wen destacó los desequilibrios creados por el acelerado crecimiento de los últimos años, y prometió que lo controlará para poder reducir los impuestos que deben pagar los campesinos pobres y para aumentar los subsidios en las áreas rurales.
El gobierno teme que la desigualdad de ingresos entre los trabajadores de las ciudades y el campo, resultado del impresionante crecimiento económico, se amplíe y pueda encender una mecha social de malestar y minar su autoridad en el país.
Frenos a la economía
En 2003, “los ingresos del campesinado han crecido con lentitud y queda pendiente una labor enorme para mejorar el empleo y la protección social”, añadió el premier, que marcó como objetivo la creación en 2004 de nueve millones de puestos de trabajo, más cinco millones de contratación para los obreros despedidos.
Wen propuso una serie de pasos para ponerle freno a la economía, tales como restricciones al crédito y el recorte a los gastos del Estado. Wen trata también de evitar los problemas generados por un declinante sector bancario, ineficientes empresas estatales y un sistema legal inestable.
El premier detalló una lista de otros desafíos que encara la sexta economía del mundo, como la inversión excesiva y desordenada; la construcción redundante; tensiones entre la demanda y la oferta de energía, transporte y materias primas. Wen reiteró el objetivo de la privatización de la economía mediante la transformación de las empresas públicas en sociedades de acciones y la optimización del reparto de los sistemas de propiedad.
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