CHINA INVERTIRÍA EN EL PAÍS 20.000 MILLONES DE DÓLARES
Fueron cinco días en los que cambió de parecer. El 28 de junio, Néstor Kirchner llegó a China pensando que no había nada demasiado atractivo en ese país de historia milenaria y 1.300 millones de habitantes. Pero los encuentros con su presidente, Hu Jintao, y con los líderes empresarios chinos lo convencieron de que Argentina podría convertirse en su gran socio comercial en América del Sur.
China querría que la Argentina fuera su aliado en esta región del planeta, tal como Brasil es el gran socio comercial del Japón. Y sobre esa idea comenzaron a trabajar Kirchner y Hu Jintao.
Desde hace cuatro meses, un grupo de funcionarios argentinos vienen organizando en secreto con sus pares chinos un acuerdo por inversiones que rondará los 20 mil millones de dólares. Esta semana se terminarán de acordar los puntos que faltan y la próxima, cuando Hu Jintao llegue a Buenos Aires, los dos presidentes harán el anuncio formal.
El acuerdo comercial con China es el gran anuncio que Kirchner y algunos colaboradores dejaron trascender en los últimos días, en un juego de informaciones misteriosas y desmentidas poco convincentes que pusieron en riesgo innecesario una iniciativa que parece importante para el país más allá de la especulación sobre sus dimensiones.
Pero el misterio terminó oficialmente el sábado, cuando el canciller Rafael Bielsa habló por radio desde Brasil, donde asistió a la cumbre del Grupo de Río. “Estamos trabajando desde la última visita presidencial en una serie de acuerdos, básicamente vinculados a la producción energética, con los ferrocarriles y con la ampliación de la infraestructura de integración”, precisó.
Bielsa admitió que los anuncios estarán referidos a las inversiones que China y Corea se disponen a hacer en la Argentina, tal como lo anticipó Clarín el jueves, pero no quiso dar más detalles ya que — explicó— el encargado de hacerlo será el propio Kirchner cuando se haga el anuncio.
Pese a ser el responsable de la política exterior, Bielsa estuvo al margen de las negociaciones secretas, lo mismo que otros ministros importantes como el de Planificación, Julio De Vido, o el de Salud, Ginés González García. Por pedido expreso de China, Kirchner manejó la cuestión sólo con su jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y con el ministro de Economía, Roberto Lavagna.
El secreto comenzó a filtrarse en los últimos días, aunque sólo en sus líneas fundamentales. Bielsa, públicamente, y otros funcionarios, en privado, admitían el sábado que los ejes del acuerdo serán la exploración petrolera “off shore” y la que se realiza “en pozo seco”, modalidades en las que China tendría experiencia.
Otra prioridad será la inversión en comunicaciones, básicamente en ferrocarriles, donde China cuenta material disponible. Hay en el Gobierno quienes aseguran que la capacidad inversora del país asiático sería clave para modernizar el tendido de vías en todo el país, una infraestructura que quedó prácticamente destruida con la reducción de trenes ejecutada por el menemismo.
También habrá acuerdos para impulsar obras públicas viales, para la industria tabacalera, la siderurgia, las telecomunicaciones, la construcción de viviendas, la explotación agrícola y la producción de medicamentos.
Aunque en los últimos días hubo versiones sobre la posibilidad de que, como parte del acuerdo, China participara en una triangulación financiera con EE.UU. que le posibilitara a la Argentina reducir su deuda con el Fondo Monetario Internacional, el fin de semana todas las fuentes del Gobierno consultadas descartaban esa alternativa.
El entusiasmo que el acuerdo con China genera en la Casa Rosada no oculta las dudas sobre cuál podría ser el beneficio de que el país se convierta en el gran socio comercial de un gigante que, básicamente, requiere materia prima.
Las cifras que se mencionan son de enorme magnitud. ¿Pero reforzará la asociación con China el perfil productivo de la Argentina? ¿Generará más puestos de trabajo? ¿Mejorará la calidad de vida de los argentinos? Esas son preguntas que, en el Gobierno, todavía no generan respuestas demasiado contundentes.
ÁREAS EN LAS QUE SE INVERTIRÁ
La información obtenida por LA NACION sobre las áreas en que invertirá China es la siguiente:
Obras de infraestructura en el área energética
Construcción y puesta en marcha de un tren de alta velocidad que unirá Buenos Aires con Rosario y Rosario con Córdoba. Existen otros proyectos para ferrocarriles en el norte y en el sur del país.
Construcción de 350.000 viviendas en los próximos cinco años
En turismo: se prevé que China establezca un cupo de turismo para que los chinos vengan a la Argentina, que pasará a tener la categoría de “país admitido”.
Construcción de caminos en todo el país
Telecomunicaciones: China tiene interés en entrar en el negocio de la telefonía cuando se abra el mercado.
Cambio profundo
El Presidente especula con que las inversiones chinas producirán un cambio profundo en el país no sólo por la dimensión de los capitales que llegarán a la Argentina y por las obras que se realizarán, sino por la cantidad de fuentes de trabajo que abrirá el acuerdo.
Todavía no trascendió ninguna cifra concreta o aproximada de cuántos puestos se crearían con las distintas obras. Tampoco está estimado, al menos por ahora, lo que significará en cifras para la Argentina la apertura al mercado chino en materia prima.
Kirchner viene trabajando en el acuerdo con China hace más de tres meses, poco tiempo después de regresar de la gira que, en junio, hizo por el “gigante asiático”, que no paró de crecer en los último años y que dispone actualmente de 420.000 millones de dólares de reservas, que pretende colocar en países estratégicos que cuenten con las materias primas que ellos necesitan.
La inversión china conoce ya otros mercados, como Africa, el este europeo o incluso Brasil y Chile. Aplican, para todos los casos, la misma estrategia: asegurarse la provisión de insumos y materias primas para sostener una economía que -además de cubrir las necesidades de 1300 millones de personas- será la segunda en el nivel mundial en 2010 y posiblemente la más poderosa antes de 2050, según se estima.
El acuerdo con China fue el secreto mejor guardado del Gobierno. Fuentes del gabinete fueron las que hicieron trascender que había un gran anuncio pendiente en la última semana y después buscaron, por instrucción presidencial, bajar la expectativa del anuncio por temor a que la noticia no colmara las expectativas.
En realidad, detrás de esa orden hubo una sugerencia del gobierno de la República Popular China para que el gobierno argentino manejara con cautela el tema.
Por eso, el sábado la fuente del círculo íntimo del Presidente que habló con LA NACION confirmó que se hará el anuncio con la presencia del presidente chino.
Había cierto malestar en el entorno presidencial con la Cancillería porque desde que el Presidente les habilitó los papeles del acuerdo comenzaron a trascender los detalles del anuncio.
De todos modos, Kirchner sabía que no podía seguir agrandando el misterio que él mismo había ayudado a construir.
El acuerdo sólo lo conocían el Presidente; su esposa, Cristina; el jefe de Gabinete; el secretario legal y técnico, Carlos Zannini, y el ministro de Economía, Roberto Lavagna, pese a que este último estuvo más que nada en la presentación de la oferta de canje de deuda ante los Estados Unidos.
El Presidente está convencido de que con este acuerdo con China sellará buena parte de la suerte de su mandato.
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