Cholila
Cholila tiene algunas similitudes y otras diferencias con el resto de los pueblos del corredor chubutense de los lagos. Se parecen estos lugares porque la mayoría están enclavados en valles símiles a paraísos, rodeados de aguas espejadas y montañas bajas siempre con los picos nevados. Y se diferencian por la aglomeración urbana que les ha tocado en cierto o, como en este caso, por las posibilidades de acceso.
Para ir a Cholila hay que recorrer 30 kilómetros de ripio. Y si bien la ruta está en buenas condiciones, se sabe que el ripio del sur no es para cualquiera. Sin embargo, lo que puede suponer una dificultad, una vez sorteada y sin que sea tan difícil, permite que uno encuentre allí una tranquilidad pocas veces hallada en las poblaciones tocadas por el “progreso” del asfalto.
Además, Cholila está en un punto estratégico. Para ir bien cerca de las montañas desde el Lago Nacional Lago Puelo hacia su hermano mayor, Los Alerces, el paso es irremediable. De modo que el pueblo, que no supera los tres mil habitantes, es centro de distribución para quienes vayan a pescar al Lago Rivadavia, o a navegar el Lezana, o simplemente para quienes quieran corroborar por qué Cholila, en el idioma de los antiguos pobladores, quiere decir “Valle Hermoso”.
Estas lejanías, si ahora no constituyen un gran casco urbano, a principios del siglo XX eran casi nada. Quizás por eso se instalaron los bandidos norteamericanos que fueran célebres con los nombres de Butch Cassidy y Sundance Kid. Hoy, las cabañas que ocuparon y que, probablemente construyeron con sus propias manos, está en pie, remodelada por la comuna.
Sin embargo, no solo ellos vinieron aquí. Austriacos, alemanes, suizos, sirios, libaneses, italianos y españoles, junto a los escasos sobrevivientes que los asesinos del desierto dejaron como pueblos originarios, fueron constituyendo una población de perfil ganadero y carácter manso como manda el verde del valle. Todos, hoy, no suman tantos, pero sí tienen cosas que contar.
La mayoría de los lugareños guarda anécdotas de antepasados vinculadas a los bandidos norteamericanos. En la Villa El Blanco, donde vivieron, y en los alrededores. Y como todo lo que la tradicional oral cobija, a veces se corrige y se aumenta, siempre con mucho sentimiento. Aquí se puede estar a una margen del río Carrileufú, o del Lago Pellegrini, o recorrer el Predio del Morro, todo para la diversión.
Sin embargo, nobleza obliga, hemos llegado atraídos por la historia de Cassidy y en esto andaremos. Antes, quede claro que Cholila tiene bastante más para mostrar, que en unos años, acorde al crecimiento poblacional del sur todo, puede que ya no sea un pequeño pueblito porque las inversiones hoteleras están a la orden del día, que lo disfrutaremos así, ahora que se parece tanto a un pasado en el que se representa la metáfora de la construcción de la historia argentina después de la conquista del desierto.
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