CIERRE DE CAMPAÑA CON INSULTOS, PACTOS Y TEMOR EN BOLIVIA
Horas antes de que comenzara esta medianoche la veda electoral, las especulaciones subieron con el ímpetu de las ofertas en el remate de una obra de arte.
Por un lado, fuentes del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Evo Morales, confiaron a LA NACION que habrían ofrecido “una alianza programática” a Samuel Doria Medina, tercero en las encuestas, de modo de asegurarse el apoyo después del domingo si no consiguen más del 50% de los votos.
Por el otro, varios políticos bolivianos deploraron las advertencias “con visos catastróficos” que emitió el Departamento de Estado para los ciudadanos norteamericanos que visiten a Bolivia. Les recomendó aprovisionarse de “reservas de alimentos y bebidas” ante la posibilidad de “protestas, huelgas y otras acciones cívicas [que] pueden producirse en cualquier momento y perturbar el transporte local y nacional”.
Desde las filas del MAS, Angel Zabala, candidato a senador, quiso ser contundente: “Esto es una abierta injerencia porque está claro que el gobierno de Estados Unidos no quiere que Evo Morales sea presidente”.
Entre Morales y Quiroga continuaron hasta el final de la campaña los ataques, quizá como estrategia para captar poco más de un 20% de votos a la deriva (la mitad, de indecisos; la otra mitad, en blanco o nulos).
En las encuestas, la tendencia no había variado: el candidato por el MAS, identificado con la defensa del cultivo de coca, superaba al ex presidente, apodado “Tuto”, por cinco puntos. Una diferencia exigua y, si se quiere, engañosa. Sobre todo, porque las encuestas no incluyen regiones rurales remotas como el Chapare, enclave principal de la coca, donde Morales terminó anoche su campaña y, según sus voceros, esperará, “con ayuda de la Pachamama”, el resultado del domingo.
Quiroga, a su vez, terminó su recorrido en Santa Cruz de la Sierra, considerada una de las regiones más ricas del país, y, según comentó a LA NACION uno de sus asesores, Mauro Bertero Gutiérrez, tendría previsto escalar mañana una montaña, su deporte favorito, antes de arribar, pasado mañana, a La Paz, donde votará.
Morales, partidario de reformular los contratos de concesión para la explotación de los hidrocarburos y el petróleo, amenazó con convocar a protestas si no se solucionan los problemas con la presunta duplicación de electores en los padrones.
Quiroga procuró polarizar aún más a la gente con pronósticos de violencia de pobres contra ricos, y viceversa, si su adversario gana las elecciones.
El discurso de Morales, identificado con Hugo Chávez y Fidel Castro, no ha cambiado. “Basta de neoliberales; basta de saqueo; basta de corrupción”, dijo. Entre las especulaciones, recurrentes ayer, otra decía que si Morales gana el voto popular, el Congreso no se atrevería a impedirle la victoria por temor a su capacidad de organizar movilizaciones, como las que tumbaron a Gonzalo Sánchez de Lozada y forzaron la renuncia de Carlos Mesa.
No pocos quisieron convencer a Morales de que moderara sus posiciones, de modo de no espantar eventuales votantes. Sobre todo, entre los indecisos. Quiroga endureció su discurso: apeló al nacionalismo con la defensa de los colores de la bandera y con consignas contrarias a Chile. La inversión de papeles fue por necesidad, no por convicción: por necesidad de romper con una paridad en la cual cinco puntos no representan más que una proyección relativa.
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