CINE ARGENTINO PARA TODOS
La primera sensación que se tiene es que la pulseada por el tema de la cuota de pantalla y la media de continuidad fue hace muchísimo tiempo. Pero no, apenas tiene poco más de un mes. La atención de los distribuidores estuvo puesta en las vacaciones invierno, con su habitual incremento en la recaudación de las películas destinadas al público infantil. Sin embargo, esta vez, y a diferencia de lo que ocurrió, por ejemplo, en 2003, cuando “Vivir intentando” con el grupo Bandana se convirtió en la única producción local que pasó el millón de espectadores, este año esa barrera ya fue superada por dos películas argentinas. Y todavía quedan algunas promesas de buena taquilla antes de decir “hasta aquí llegamos”.
Por un lado, el público le dio el sí a “Luna de Avellaneda”, una de las películas que desataron la polémica acerca de qué decisión cultural y de hecho política debía tomar el Incaa, dentro de sus atribuciones, frente a las grandes producciones norteamericanas. Esta realidad permitió observar que, en la medida en que la demanda de cine crece, se hace notar la falta de salas de calidad que ayuden en la tarea de asegurar la diversidad.
Por el otro, “Patoruzito”, un dibujo animado hecho aquí, con personajes de fuerte presencia en la memoria de los padres y abuelos, logró arrimarse a un millón ochocientos mil espectadores, algo que en materia de dibujos animados no ocurría desde los tiempos de “Manuelita”, no obstante haber tenido un tercio menos de espectadores que “Shrek 2”, pero más público que “El Hombre Araña 2” y el cuádruple de “Vacas vaqueras”. Las salas que estrenaron las aventuras del pequeño tehuelche imaginado por Dante Quinterno hace más de medio siglo están liberadas de estrenar cine argentino durante los próximos tres meses. ¿Qué pasa con las salas restantes? En ese sentido, el reacomodamiento a las nuevas normas tardará seguramente un tiempo en convertirse en costumbre.
Teniendo en cuenta que puede llegar a haber 50 estrenos argentinos en un año, si un complejo de 12 salas exhibe una de esas películas cada tres meses en cada sala, cumplirá con la primera de las medidas dispuesta por el Incaa. En cuanto a la continuidad, bueno, ese punto todavía no generó discusiones porque los títulos en cartel siguen en carrera.
Con la reanudación de las clases, todo volvió a la normalidad, y así, la segunda etapa de la temporada 2004 del cine argentino comenzará pasado mañana.
De aquí a fin de año la oferta de cine argentino y extranjero será fuerte. Teniendo en cuenta que restan todavía veintidos jueves hasta fin de año es probable que la cantidad de estrenos nacionales supere esa cifra. ¿Cómo se dará en la práctica la puja con las películas norteamericanas cuando algunos de los films locales que estén en la cartelera se acerquen al mínimo de público que establece el Incaa para su continuidad en la sala? Por suerte, no quedan en gateras monstruos como “La Pasión de Cristo” o “Shrek 2”.
Esta semana, por ejemplo, llegarán tres nuevos títulos argentinos (de los cinco inicialmente previstos para esta fecha), todos en soporte fílmico, dos óperas primas y un documental, las primeras propuestas de una larga lista.
De las que llegan pasado mañana, la que generó más expectativas es “Buena Vida delivery”, un drama costumbrista del debutante Leonardo Di Cesare, la película que casi nadie conocía cuando desembarcó en el Festival de Mar del Plata y que, tras competir con otros importantes propuestas locales y extranjeras, se llevó el premio Astor, con el voto unánime del jurado, por primera vez en la historia de la muestra. La película carece de figuras de renombre, más allá de que Moro Anghileri acredita una corta, pero elogiada trayectoria teatral como actriz y directora, además de apariciones en otras producciones recientes, como “Sábado” y “Nadar solo”, o que a Ignacio “Nacho” Toselli se lo recuerde principalmente como el Suar falso de “El show de VideoMatch”. La ópera prima fue presentada en numerosas muestras internacionales del exterior -Francia, Corea, Nueva Zelanda-, donde volvió a ser aplaudida y premiada, y consiguió interesar a distribuidores para su estreno en varios mercados, como los de España e Israel, donde se la verá próximamente.
El director, que reconoce que tiene más formación como actor que como cineasta, trabajó como delivery boy y estuvo dispuesto a dejar para siempre su proyecto, una vez concluido el rodaje, a cambio de una prometedora -y más redituable- carrera como criador y exportador de caracoles. “Es increíble; hasta me llamaron de la Plan B Productions, la empresa comandada por Brad Pitt y Jennifer Aniston (la misma que produjo “Troya”), para negociar la compra de los derechos de una futura remake”, señaló Di Cesare a LA NACION, que desde el éxito en Mar del Plata fue invitado a más de 40 festivales en todo el mundo. Hoy mismo, por ejemplo, su película se proyecta en Lima “en una muestra en la que por tenerla entre las participantes -explica Di Cesare- los organizadores se hicieron cargo del costo de una copia”. Sin embargo, aclara “…es imposible estar en todos, y no tengo otra salida que seleccionar entre los más importantes”
“Buena Vida delivery” cuenta la historia de Hernán, un repartidor a domicilio que, después de que su hermano lo deja solo al partir rumbo a España en medio de la crisis de 2001, se enamora de una inquilina sin imaginar que la jovencita abrirá la puerta de la casa para recibir a sus padres, quienes, una vez instalados, intentan convertirla en una fábrica de churros condenada al fracaso. En medio de una situación que lo excede y la desesperación por no saber cómo reaccionar, Hernán planea una estrategia efectiva para sacárselos de encima.
Enredos y reflexiones
Martín Lobo, igual que Pablo Sofovich (otro de los debutantes de esta temporada), proviene del mundo de la publicidad. Seguramente ése fue el motivo principal para la elección de las tres figuras principales de “Dos ilusiones”, su opera prima, una comedia que, como “El favor”, intenta transgredir las tradiciones de un género que, últimamente, sigue pateando prejuicios (ver aparte) en la TV. Lobo, también guionista, cuenta la historia de Heriberto, un inocente provinciano aspirante a actor que tras ganar un concurso viaja Buenos Aires, donde conoce a la otra ganadora, de la que se enamora. Lo que ninguno de los dos imagina es la clase de sacrificios reñidos con la moral que impone alcanzar sus ilusiones.
La tercera novedad de pasado mañana es “Contr@site”, que dirigieron Daniele Incalcaterra y Fausta Quattrini, recordados por sus anteriores documentales “Tierra de Avellaneda” y “Organizaciones horizontales”. El trabajo, a caballo entre lo testimonial y la experimentación audiovisual, pone en la mira a una pequeña aldea olvidada en las montañas bolivianas, donde un cineasta, una videasta y un cyberman registran lo que ocurre en torno de la búsqueda de una fosa común. Tres impresiones de una misma realidad que intentan contar el fin de la utopía de los años 60, que, según sus autores, Ernesto Guevara profetizó con su definición de “un hombre nuevo dotado de una nueva tecnología”. Sin embargo, ellos dudan de que ese hombre nuevo, que hoy se conoce como cibernauta, pueda ser el protagonista de un cambio profundo. Quattrini e Incalcaterra citan también a Paul Virilio, arquitecto y teórico de los tiempos que corren (entre otras cosas, colega de Jacques Derrida), cuando define al presente como “un tiempo único, el de la transmisión en directo, con todos los riesgos de confusión y caos que esto conlleva”.
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