Círculo de tiza rosarino
Empiezo contando la historia que se me acaba de ocurrir tras ver lo que pasó en el acto de Rosario por el Día de la Bandera. Es una historia antigua; antigua y venerable. Se la puede leer en un estilo más alto en el Antiguo Testamento, precisamente en 1 Reyes 3, 16-28. El protagonista es Salomón, el rey justo; es decir, el rey sabio. Dos mujeres vienen a verlo para pedirle que haga justicia entre ellas. Las dos viven en la misma casa; las dos han parido un hijo, con pocos días de diferencia una de otra. Una noche, uno de los niños muere, aplastado por su madre; a la mañana siguiente, la que despertó con el niño muerto en su cama afirma que ése no era su hijo, que la otra se lo ha cambiado. La otra madre, por su lado, dice que no ha cambiado nada y que el suyo es el chico vivo. La solución del rey es pedir un cuchillo y ordenar que se divida al niño en dos y se dé una mitad a cada madre. La Biblia prosigue: “Entonces la mujer cuyo era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mi ni a ti; partidlo”. A lo que Salomón responde: “Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis: ella es su madre”.
La moraleja del escritor sagrado no la voy a transcribir porque algún distraído me la va tildar de exagerada. Se equivocaría, pero como no quiero espantar a los lectores con sutilezas innecesarias, omito el pasaje (que cualquiera encontrará en versículos finales del capítulo citado). De todos modos diré que podría haber evitado traer a colación la Biblia. Más de uno recordará que con esta historia (presente, por lo demás, en otras tradiciones folklóricas), el dramaturgo Bertolt Brecht hizo una de sus piezas más célebres, El círculo de tiza caucasiano. Y aunque no es la madre biológica sino la putativa la que cede en dicha pieza, la enseñanza es la misma: el verdadero amor es el amor abnegado, capaz de renunciar a la posesión o al goce del ser amado, si ello es necesario para que el ser amado siga existiendo.
Pasemos a la aplicación. La historia me vino a la mente mientras leía un artículo sobre el acto del Día de la Bandera, en el que el gobernador de Santa Fe Hermes Binner, rompiendo una tradición de años, prefirió abstenerse del uso de la palabra a correr el riesgo de que entre el público se produzcan hechos de violencia. O más en general: en que Hermes Binner dejó hablar sola a la presidenta, para no profundizar y volver irremediables las divisiones entre adversarios políticos, es decir entre argentinos. Todo el mundo lo sabe: alrededor del Monumento a la Bandera estaba lleno de grupos adeptos a Cristina Fernández; ellos ostentaban, como suelen hacerlo, de una manera estridente esa adhesión, en un día en el que se debía festejar la existencia de la Nación entera, no la de un solo partido. Hubo incluso expresiones agraviantes contra funcionarios provinciales, entre ellos el candidato socialista a la gobernación, por ejemplo. Y fue un dicho suyo, justamente, el que me trajo a la memoria la historia con que comienza esta nota. Dijo Antonio Bonfatti: “Por el bien de todas las familias que estaban allí, es mejor que haya hablado sólo la presidenta”. Después agregó: “Que cada cual saque sus propias conclusiones”. Es lo que hice en ese instante: recordé el apólogo de las dos mujeres y el hijo único.
Muchos dijeron: Binner debería haber agarrado el micrófono y cantado sus cuarenta. Están en todo su derecho al hacer ese reclamo. Pero entonces, dos cosas: 1) habríamos conocido (y tal vez también lamentado) qué fue lo que se evitó con el silencio (cosa que ahora ya no conoceremos, es verdad, pero tampoco tendremos que lamentar); y 2) no sería, la del gobernador, una propuesta diferente de hacer política.
Porque finalmente, ¿quién está más cerca de la sociedad? ¿El que tira y tira sin temor a que se rompa? ¿O el que calla porque evitar la violencia es infinitamente más importante que ser considerado un político del montón, es decir capaz de tironear? Lo que deberíamos preguntarnos todos es: ¿para qué queremos la mitad de un chico? Conociendo un poco a Binner como lo conozco, me imagino que es una pregunta así la que se debe haber hecho a sí mismo cuando optó, ayer, por no hablar en el acto. Pero no por callar no dijo nada.
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