CLAUDIO CHEREP: ¿ PODRÁ UNIÓN?
Por los tiempos que corren, lo de los pies se ha igualado bastante. O sea, cada vez hay más jugadores fabricados en serie, con una condición física similar y con un entrenamiento parecido. De ahí que, todo parece pasar, más que nunca, por la cabeza. A igualdad de posibilidades de coordinar los movimientos, de ejercitar la virtud de la velocidad de piernas, el que piensa primero piensa dos veces. Y el que es más fuerte mentalmente también.
La introducción viene a cuento después de los últimos resultados futbolísticos. En la Eurocopa, Grecia, un equipo duro, esquemático, concentrado, pero que jamás tendrá como patrimonio la técnica depurada, va y vence en la final a Portugal, que era el favorito. Grecia no es mejor que Portugal, aún cuando lo venció legítimamente. Si suponemos que los jugadores griegos y los jugadores portugueses están igualmente entrenados en lo físico, y convenimo en que los griegos no marcaron grandes diferencias futbolísticas, la diferencia estuvo en la cabeza. Psicológicamente, los griegos fueron monolíticos. La cabeza de ellos le ganó la pulseada al nerviosismo, al estrés y a todo lo que encierra a la alta competencia.
Si trasladamos la comparación al fútbol criollo, Talleres es más equipo que Argentinos Juniors pero no pudo demostrarlo y es posible que Rafaela también sea más que Huracán de Tres Arroyos, pero no se notó. ¿Por qué? Los a priori más débiles son los que tuvieron una menor carga de responsabilidad, amén de demostrar condiciones futbolísticas.
Y el fenómeno se está repitiendo a menudo. Los altos niveles de exposición y de presión tienen contrariados a los favoritos, así en el fútbol como en otras disciplinas. Coria pudo habelo padecido en el tenis de Roland Garrós como Serena Williams pudo haberlo sufrido en Wimbledon, y acaso Schumacher, en la Fórmula Uno, se aproxime a la máquina perfecta.
Pero, se trata de deportes, y lo bueno sería dejar la máquina de lado. Volver a los pies, para no corromperse la cabeza, reconstruir el instinto por afuera de los libretos y de los dientes que se aprietan desde afuera. Y por casa… ¿podrá Unión?
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