COLASTINÉ NORTE QUIERE CRECER PERO SIN PERDER SU IDENTIDAD
Una delegación propia, mantenimiento de las calles, estado de los espacios públicos, proyectos de agua potable y de gas natural, y ubicación de la antena de telefonía celular fueron algunos de los temas que incluyó la extensa agenda que consideraron, el 9 de febrero, integrantes de la vecinal Pro Adelantos de Colastiné Norte con el secretario de Gobierno municipal Pablo Abraham. El resultado del encuentro fue positivo. Algunos cambios se lograron, pero los vecinos evalúan que aún queda mucho por hacer. En definitiva, que las autoridades terminen de asumir a esa fresca y privilegiada zona como una parte más de la ciudad.
Antonio Yapur, presidente de la asociación vecinal; el secretario Alberto Naput, la Sra. Cassi de Naput y Ricardo Toledo fueron quienes se entrevistaron con Abraham y, junto a Andrea Fainberg expusieron a El Litoral los puntos principales de aquella reunión y los temas que preocupan a la comunidad que representan. Comunidad que, por otra parte, se mantiene en constante crecimiento. El censo del año 2000 registró 6.273 pobladores estables, muchos más que los 1.500 que había arrojado la medición anterior. Sin embargo, un relevamiento reciente, en el marco del proyecto de gas natural, reveló que entre mayo y diciembre del año pasado se construyeron 400 nuevas viviendas.
A la población estable se suman los residentes de fines de semana y la intensa actividad de camping y clubes que aumenta cualquier cifra en forma exponencial.
El tránsito, tema sensible
Uno de los temas abordados fue el tránsito sobre la ruta 1 que se triplica los fines de semana y genera todo tipo de inconvenientes. En la reunión los vecinos pudieron observar los avances de un proyecto conjunto entre Municipalidad y Vialidad Provincial para la modificación de esa vía, con cantero central, dársenas de giro a la izquierda, semáforos y ciclovía, entre otros detalles. No niegan que les gustaría tener una copia del plano para conocerlo más en detalle y, mientras tanto, destacan los dos últimos operativos que se hicieron sobre la ruta con inspectores que lograron agilizar el tránsito, aunque advierten que deberían hacerse durante todo el año, al menos en sitios clave.
La cuestión no termina en la ruta: a los vecinos les preocupa el paso constante de vehículos de gran porte por las típicas calles de arena del barrio que no resisten el ingreso de colectivos que trasladan contingentes a los clubes, y de repartidores. Los fines de semana la concentración aumenta, el polvillo es constante y la erosión se agrava.
“Son calles de suelo natural”, acotan los integrantes de la vecinal que no piden abovedamiento porque sería inconveniente, pero sí un riego periódico que asiente la arena y acelere el crecimiento del pasto.
Las conductas de los propios vecinos y de los visitantes integran la lista de temas tratados con autoridades de gobierno: si bien consideran “muy bueno” el servicio de recolección, proponen colocar contenedores en lugares estratégicos para que botellas y envases vacíos no vayan a parar a cualquier parte.
Son de Santa Fe
En el año 2004, Colastiné pasó a un primer plano a partir del proyecto del senador Juan Carlos Mercier para convertir al distrito en ciudad junto con Rincón. La propuesta no prosperó. Los integrantes de la vecinal siguen manteniendo su opinión de pertenecer al municipio santafesino. Sin embargo hay cuestiones que parecen alejarlos de la capital: las calles tienen nombre pero no una numeración que les permita identificar las viviendas. Así ocurre también en las boletas de impuestos _incluso municipales_ y en la guía telefónica donde “todos parecemos vivir sobre la ruta 1, sin dirección”.
Tampoco hay escuela secundaria: “los chicos tienen que irse hasta Rincón o al centro, fuera del radio que indica la Ley Federal de Educación”. Y, si se atiende a la cuestión simbólica, “el cartel de bienvenidos sigue estando a la altura de la Fuente de la Cordialidad, cuando la ciudad empieza mucho antes”.
En definitiva, los vecinos consideran que “si pertenecemos a la ciudad tenemos que estar integrados”, respetando siempre la idiosincrasia propia. Y concluyen: “éste no es un barrio dormitorio, acá la gente vive”.
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