Colombia vs. Costa de Marfil: José Pekerman, orfebre de otro amanecer
¡Que é Brasília, senão a alvorada de um novo dia para o Brasil! La frase está tallada sobre el Palacio da Alvorada, la futurista residencia presidencial que el visionario arquitecto Oscar Niemeyer diseñó a fines de los 50.
“Brasilia es un nuevo amanecer en la historia de Brasil”, reza la oración que define a esta ciudad, que hace apenas algo más de medio siglo se proyectó como el emblema y la pujanza de un nuevo pensamiento.
A pocos metros del hogar de Dilma Rousseff, circunstancialmente vive un hombre que desde hace dos años y medio ha sido el responsable de otro amanecer. El hotel Royal Tulip también se edificó sobre las márgenes del lago Paranoá y parece un centinela del Palacio da Alvorada por su proximidad. La tierra colorada que todo lo invade está pegada en los neumáticos de ese ómnibus que en sus ventanales luce un eslogan que desata el orgullo de millones: “Aquí no viaja un equipo, ¡viaja todo un país!”. Colombia disfruta de su despertar futbolístico, de una refundación en este caso ideada por un proyectista infatigable, José Pekerman. Justo en Brasilia, una joya del urbanismo moderno, un apreciado orfebre.
En las entrañas del hotel, Colombia se abstrae de la fiebre amarilla, de esa marea de miles de hinchas que sueñan y deliran. Pekerman jamás abandona su semblante taciturno, pero siempre amable. Viaja en el tiempo cuando se le recuerda que hace unos días se cumplieron ocho años del debut de Leo Messi en los mundiales, y él era su técnico. Se alegra, sonríe. Nunca hay revancha en sus palabras, aunque siente que se recuerda más aquel partido que decidió dejarlo en el banco ante Alemania que sus veloces gestiones para que jugara en los seleccionados juveniles argentinos cuando España merodeaba para arrebatarlo.
Por la mañana, en el estadio Mané Garrincha, donde Colombia se enfrentará esta tarde ante Costa de Marfil en el cruce más peligroso del Grupo C, Pekerman ofreció una declaración de su alhajero conceptual que invitó a pensar en la actualidad de la Argentina, a mirar hacia Cidade do Galo: “Los equipos no pueden cambiar, tienen que mantener su estilo y su idea, con el respeto por el rival y las situaciones particulares”. Este hombre tomó la selección colombiana en febrero de 2012, cuando el equipo sólo había cosechado cuatro puntos en cuatro fechas y Leonel Álvarez había salido eyectado tras caer 2-1 con la Argentina de Sabella.
Desde entonces, un trabajo paciente y perseverante devolvió a los cafeteros al primer plano internacional. Colombia completó la mejor eliminatoria de su historia, quedó segunda de la Argentina con la valla menos vencida y volvió a una Copa del Mundo luego de 16 años de amarguras. La FIFA la escogió cabeza de serie y debutó con una goleada por 3 a 0 ante Grecia. Hoy nadie quiere hablar, pero también se intuye un final: el 31 de julio vencerá el contrato y muy probablemente no haya renovación. La tarea cosechó resultados, pero fue tensa, desgastante. El cuerpo técnico de Pekerman ha sido vital, fundacional para reeducar a Colombia. Ahora los elogios tapizan los pasos del escuadrón argentino, pero hubo miradas desconfiadas, reproches, campañas desestabilizadoras. El primer amistoso, el 29 de febrero de 2012 en el estadio Sun Life de Miami, frente a México, sentó las bases de una nueva manera de relacionarse. Para adentro y para afuera. Aquella fue la última vez que se vieron representantes y sponsors alojados en el mismo hotel que la delegación colombiana. Aquella fue la última vez que una legión de dirigentes acompañó a la selección como escolares de excursión. Hoy viven con el plantel sólo dos dirigentes de la Federación. Horarios, visitas y planificación.
Pekerman, a los 64 años, es el responsable del revulsivo. Pero no está solo. El profesor Eduardo Urtasun (53) es su mano derecha, nexo con todas las áreas, desde el vínculo con los dirigentes hasta la derivación de las tareas logísticas y administrativas. Porque la reinserción también obligó a pensar y actuar como una selección seria. Néstor Lorenzo (48) y Patricio Camps (42) son los ayudantes de campo, con funciones específicas para trabajar sobre defensores y volantes. Con ellos, Pablo Garabello (41) es un auxiliar técnico. Todos están radicados en Bogotá, en un radio de 15 cuadras. El sexto hombre es Gabriel Wainer (48), mucho más que un espía, un detallista incansable que se encuentra en su cuarto Mundial tras trabajar con Bielsa en 2002, con el mismo Pekerman en 2006 y con Martino en 2010. Ahora, para el Mundial, se incorporó Diego Markic (37) como analista. Y aquí, en Brasil, se sumó el psicólogo Marcelo Roffé, que en las eliminatorias sudamericanas tuvo participaciones específicas.
Richard Páez, el primer responsable del crecimiento futbolístico de Venezuela en el continente, asumió que había estudiado cada detalle del proyecto Pekerman para que la Vinotinto dejara de ser la eterna Cenicienta. Cuando el Maestro Oscar Tabárez obtuvo con Uruguay la Copa América de 2011, contó que él sólo había copiado la obra de Pekerman en la Argentina. Colombia sueña en su amanecer.
Fuente: Cancha Llena. La Nación
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