COLÓN: CON NOMBRES NO ALCANZA; UNIÓN: PONGAN UN PLATO MÁS.
CON NOMBRES NO ALCANZA
Colón volvió a perder fuera de su casa, pero, por sobre todo, volvió a ser el equipo inexpresivo y sin ninguna capacidad de reacción que quince días atrás deambuló por Córdoba. Maturana responsabilizó a los jugadores.
Todo lo que vierte Maturana como concepto, cada vez que termina un partido, es acertado y razonable. Todo lo que vierte su equipo como concepto en el campo de juego, no lo es.
Colón volvió a perder, pero más, volvió a deambular, y eso empieza a preocupar -con razón- a los sabaleros.
Después de una semana en que el técnico -también con razón- reclamó un trato menos distante de los dirigentes con los jugadores, el equipo volvió a demostrar ante Chicago que, por más que se lo mime, sino juega, no gana. Y, lo que es peor, que si no está capacitado para reemplazar la imposibilidad de jugar con capacidad de lucha, menos cerca de no perder estará.
Maturana tiene diagnóstico, y es bueno. Pero hasta ahora, Maturana no tiene remedio, y eso es malo. Es bien cierto que hay niveles individuales bajos, pero, desde este mismo espacio, decíamos que un entrenador, sea Maturana o quien fuere, siempre recorre en un delgado hilo la línea que separa la convicción del capricho. Y a juzgar por lo escasez de maleabilidad que tiene el sistema de Pacho, el colombiano se pasa más para el lado del capricho que de la convicción.
¿Por qué? Porque Pacho, que dijo que “no hubo problemas tácticos sino de actitud”, volvió a perder la partida táctica. Sus volantes centrales fueron obligados a tirarse demasiado a los costados por los volantes de Chicago que se mueven por los laterales y el equipo tuvo grietas por el medio. Es bien cierto que el gol de Chicago fue a través de una pelota detenida y todos los que sufren un gol de este modo, dicen que fue por una desconcentración. Sin embargo, tácticamente Colón no ofrece sorpresas y estratégicamente el equipo no ofrece capacidad de improvisación. Este no es un problema de actitud, sino del entrenador, que tiene que detectar primero y solucionar luego.
Hasta el momento, Maturana solo detecta, pero algunas cosas. Martínez no anda bien pero mucho tiene que ver la escasa contracción a la marca de Moreno, que lo hace trabajar el doble al lateral derecho. Si Moreno solucionara su escasa vocación defensiva con un manejo seguro del balón, Colón no sufriría tanto; pero Moreno, como todo el medio campo, no la maneja bien. Colón no es veloz y Héctor González sí, pero el venezolano entra poco. Colón no tiene actitud pero el técnico tiene, como generador de estímulos que debe ser, la obligación de generarla.
Ahí anda Colón, otra vez cacheteando la propia ilusión que teje antes de cada estreno. Con Maturana y todo, pero confundido. El técnico es el mismo que puso a Colombia en la historia del fútbol no hace tanto y no deja de saber un ápice porque su equipo no acierta. Pacho es el campeón de América con Nacional de Medellín, el que firmó un pre contrato con el Real Madrid y el que se codea con lo más granado del mundo de los entrenadores. Solo que acá no ha podido demostrarlo aún y cada vez le piden con menos paciencia que empiece a hacerlo.
PONGAN UN PLATO MAS
Unión le ganó a Huracán pero consiguió algo más que una victoria. Venció a su propia irregularidad, comenzó a codearse con la idea de que es posible sobresalir en un torneo que no tiene sobresalientes y recompuso su ánimo tanto que vuelve a mirar desde arriba a muchos.
Una victoria que es un desahogo vale más. Si el equipo que la consigue lleva mucho sin ganar como visitante sube de precio. Si además ese conjunto logra dejar el último puesto de la tabla de promedios, hay un valor agregado. Si, por último, el triunfo se consigue con justicia, como producto de haber superado legítimamente a un rival cotizado como Huracán, el halago no tiene precio. Eso mismo, la conquista del sábado no tiene precio; al menos no lo tiene hoy, cuando es momento de festejar y de contagiar la idea de que hay que festejar más seguido porque se puede. Sí tendrá precio exacto más adelante, cuando Unión demuestre si es capaz de sostener con nuevas conquistas ésta tan necesitada. O sea, en el torneo de los irregulares, la regularidad es bien amiga y premia a los que persiguen, y si Unión se cura de la cabeza y comienza a ganar, ya no con el peso de su historia, sino con la mejoría de sus jugadores, nadie podrá quitarle el derecho de aspirar a un goce mayor.
Quien ha seguido este espacio, podrá decir que el comentario es acomodaticio, que antes no dábamos dos pesos por el equipo de Blanco y que ahora no hacemos más que tirarle con flores. Y es que, aquí radica la diferencia. Unión pasó a ser un equipo por el que no se pagaba dos pesos, a ser un conjunto más fiel a su historia en la categoría, como producto de la irrupción de Pereyra, del crecimiento de Marchant, o de la consolidación de la última línea, entre otros aspectos.
No cambiamos nosotros de opinión, sino que cambió Unión, y cambió para bien. Y, sobre todo, cambió su técnico, porque en el equipo que durante las primeras fechas no hizo más que alejar a la gente de la cancha, no estaban Villalba, Vera, Marchant, Guerra., Zapata y Pereyra y, en el caso de algunos, como él último nombrado, el mismo entrenador decía qe era mejor verlo en los segundos tiempos.
Queda dicho, cambió Unión. Ahora tiene que afrontar el desafío de sostener el cambio mientras, tímidamente, se asoman gritos esperanzadores, impensados hace algún tiempo no tan lejano, de que a la mesa del título le agreguen un plato más.
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