Germán Lerche renunció a la presidencia de Colón en un clima de crisis histórica
El cotejo entre Colón y Atlético de Rafaela fue suspendido ante la ausencia de los jugadores rojinegros. El equipo profesional había amenazado con no presentarse a jugar debido a la falta de pago de salarios que mantiene el club con los futbolistas. La determinación se adoptó a poco del inicio del cotejo, previsto para las 18 h de ayer en el Brigadier López. Conocida la decisión, se estableció jugar a las 20.30. Sin embargo, los rafaelinos rechazaron de plano la postergación anunciada. La última palabra sobre lo ocurrido la tendrá la AFA. Por lo demás, renunciaron el presidente Germán Lerche y el responsable de prensa de la institución, Pedro Eusebio. Hinchas fueron reprimidos en la puerta del club por parte de la Policía, en tanto otro grupo cortó el tránsito en la autopista a la altura del club de campo de Colón.
Momentos de zozobra y suma tensión se vivieron durante la tarde de ayer en la entidad rojinegra, mientras las autoridades del club sabalero intentaban localizar a los jugadores de la reserva e inferiores para que cumplan con el compromiso con los rafaelinos. La razón fundamental no era otra que evitar la pérdida de puntos (sería un total de nueve), posibles sanciones y una significativa multa económica. No obstante, esto sería inevitable acorde a las cuestiones reglamentarias.
A su vez, trascendió que el presidente Germán Lerche -en ejercicio de licencia- asistió hotel de campo donde concetraba el equipo, y un grupo de jugadores lo habría expulsado del lugar en un clima de alta tensión. Esta situación le hizo pensar al titular de la institución en dar el definitivo paso al costado, que luego se confirmaría.
Habida cuenta de la situación, la policía reforzó las medidas de seguridad y el operativo dispuesto en las cercanías del estadio. En paralelo, el jefe de prensa de Colón, Pedro Eusebio, renunció a su cargo, en tanto un número importante de hinchas se agruparon en los techos del estadio sabalero.
Cerca de las 19.45, como un triste corolario, simpatizantes fueron reprimidos por la policía en las adyacencias del club después de que arrojaran piedras y botellas. Algo similar sucedió en la zona del hotel, sobre la autopista a Rosario, donde un importante número de hinchas habían llegado para repudiar la actitud de los jugadores que subsume más al equipo en la crisis. Los colonistas, en paz, coreaban consignas contra los directivos y los deportistas hasta que, a bordo de dos colectivos urbanos, arribó la barrabrava.
Como sucede habitualmente, los malvivientes se hicieron dueños del lugar: atacaron a periodistas, robaron pertenencias de particulares y se enfrentaron con la policía que se había hecho presente para controlar la situación. El automóvil de Radio M fue incendiado y la cronista de ese medio sufrió el arrebato de sus elementos de trabajo. También padeció los efectos del descontrol, el coche en que se movilizan los periodistas de Cablevisión. A esto se sumó un corte de tránsito sobre la autovía que se extendió durante varias horas y recién fue levantado cerca de las 21 h. cuando todo empezó a volver lentamente a la normalidad.
Fue un “muy mal momento el que nos tocó a la mayoría de los hinchas y a los colegas”, empezó diciendo la periodista Gabriela Hassan, de radio Eme, que se desempeñaba en la tarde noche de ayer en inmediaciones del hotel de campo del Club Colón cuando comenzaron los desmanes. Asimismo relató que en ese momento no tuvo “la oportunidad de poder mover el auto, se hizo complicado pero tampoco lo priorice porque estaba al aire”.
En esa línea continuó y dijo que “hubo un antes y un después de la conferencia de prensa y cuando salimos del hotel nos encontramos con que la gente que había al principio se había quintuplicado y la actitud había cambiado, también la de la policía que comenzó a reprimir”.
“De adentro del auto mis colegas me dijeron que sacaron una bomba molotov, es una locura”, relató y manifestó también que “los hinchas llorando me decían te pedimos disculpas porque esto no es Colón” por lo que “entiendo que esto se reduce a unos pocos y habrá que analizarlo desde otros puntos de vista, aunque no me toca a mí hacerlo. Yo solo quería contar lo que estaba pasando”.
“La mandarina (como cariñosamente le dicen a su automóvil) era para mí un escudo pero ya dejó de serlo y ahora voy a tener que tomar otras precauciones. Hay gente que se adapta a situaciones y otros que no que por suerte son los pocos”, reflexionó para finalizar.
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