COMBATEN LA ANEMIA ENTRE 400 ESCOLARES SANTAFESINOS
Combatir la anemia entre escolares sólo cuesta 40 centavos de dólar semanales por niño, de acuerdo con la organización internacional Acción Contra el Hambre (ACH), que proveyó sulfato ferroso y ácido fólico a unos 400 chicos santafesinos, para mejorar su salud y desempeño escolar.
ACH trabajó conjuntamente con los ministerios de Salud, Educación y Promoción Comunitaria de la provincia de Santa Fe en 14 escuelas afectadas por las inundaciones del año pasado, donde se encontraron altos índices de anemia.
Ese fue el resultado que arrojó una encuesta nutricional realizada en julio de 2003 a escolares de primer año. También se hicieron los mismos controles en hogares y centros de evacuados a niños y niñas de 6 a 71 meses de edad, donde los chicos encontrados anémicos y que no estaban escolarizados fueron derivados para su control, tratamiento con sulfato ferroso y seguimiento a los centros de salud por parte de cartera provincial.
El proyecto de ACH comenzó frente a la catástrofe hídrica de Santa Fe. Fue en ese momento que esta organización, financiada por la Oficina Humanitaria de la Comisión Europea (Echo), inició un proyecto de intervención de emergencia con el objetivo de reducir el riesgo nutricional derivado de la inundación.
La Dra. Mónica Jurado, del área de Maternidad e Infancia del Ministerio de Salud de la provincia, explicó que la deficiencia de hierro tiene consecuencias sobre el crecimiento y desarrollo de los niños. Y, si se presenta a edad temprana, puede llegar a comprometer su capacidad intelectual. En el caso de los escolares, la presencia de anemia se asocia a dificultades en el aprendizaje, y en consecuencia a un mayor fracaso escolar.
LA INTERVENCIÓN
“El suplemento semanal de hierro entre la población escolar es una estrategia novedosa y económica”, apuntó a la agencia Télam uno de los integrantes de ACH, Adrián Díaz.
En el caso de Santa Fe, la estrategia de intervención de ACH consistió en la provisión de suplementos de hierro a unos 400 niños durante 20 semanas, para reducir y prevenir la falta de hierro en sangre. La estrategia se extendió hasta los primeros meses de este año.
Entre las conclusiones de la acción, la Dra. Jurado recalcó que la administración del suplemento con hierro en forma semanal fue efectiva tanto para la prevención como para el tratamiento de la anemia y tuvo un alto grado de adhesión entre los escolares, sus familias y la comunidad educativa.
Tras la comparación del grupo suplementado con el no suplementado (niños que no tenían anemia) se mostró el efecto protector de la intervención. Incluso, la recuperación de la talla es más marcada en el grupo que recibió suplementación en relación al grupo no suplementado.
Desde Maternidad e Infancia del Ministerio de Salud, las líneas de intervención pasan, más bien, por el refuerzo del sistema de vigilancia nutricional de mujeres en edad fértil, embarazadas, y niños menores de 6 años; la suplementación con sulfato ferroso según normas para la atención de embarazadas y niños para la prevención de la anemia ferropénica; así como la promoción de la lactancia materna, la profundización de acciones de educación alimentaria y dación de leche fortificada con sulfato ferroso a la población materno infantil (Télam/El Litoral).
Radiografía
La encuesta nutricional realizada en julio de 2003 incluyó a tres poblaciones: hogares de la zona inundada (fueron encuestados un total de 1.114 niños de 6 a 71 meses en 799 hogares), centros de evacuados (abarcó a un total de 218 niños de 6 a 71 meses en 23 centros), escuelas inundadas (fueron encuestados 626 niños de primer año de la EGB de 14 escuelas).
Se tuvieron en cuenta peso, talla, la determinación de la hemoglobina a partir de una muestra de sangre capilar, y se indagó respecto del peso de nacimiento y de la lactancia materna en los menores de 2 años.
Si bien no se encontraron índices significativos de desnutrición aguda, sí hubo porcentajes altos de niños con retardo de talla u obesidad. La anemia, en tanto, se observó en el 33,2 % del total de los niños encuestados en el hogar, y el grupo más afectado correspondió a los menores de 2 años. En los centros de evacuados se encontró que el 38,5 % presentó anemia. En las escuelas, se observó esta deficiencia en el 22% de los niños.
Un cuadro que tendría reversión
El bajo desarrollo cognitivo de los niños con necesidades básicas insatisfechas, producto de la mala alimentación y la falta de estímulos, puede revertirse en edad escolar mediante políticas públicas constantes que incluyan suplementos de hierro y ejercicios mentales.
A esta conclusión arribó un equipo de investigadores de la Unidad de Neurobiología Aplicada del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (Cemic) de Buenos Aires, que también demostró por la vía científica que los niños con necesidades insatisfechas tienen un desempeño cognitivo inferior al de los demás.
Los niños que viven en la pobreza, según el estudio, tienen poco desarrolladas ciertas habilidades mentales básicas, como la elaboración de respuestas correctas frente a un problema, la memoria a corto plazo y la planificación de secuencias. Se trata de funciones primarias, imprescindibles para articular cualquier comportamiento inteligente más complejo y garantizar el desarrollo óptimo de las potencialidades intelectuales del individuo.
No obstante, una intervención a tiempo, que incluya la provisión de complementos de hierro y los estímulos intelectuales adecuados, pueden revertir la situación.
Los investigadores del Cemic, con el apoyo de Fundación Bunge y Born, Unicef Argentina y Fundación Conectar, trabajaron con una muestra poblacional de 500 niños de 3 a 6 años de la Capital Federal.
“Los niños cuyas necesidades básicas están insatisfechas (NBI) tienen un desempeño cognitivo menor al de los niños cuyas necesidades básicas son satisfechas”, explicó el director de la Unidad de Neurobiología Aplicada del Cemic, Jorge Colombo.
Investigador principal del Conicet y presidente de la Fundación Conectar, Colombo afirmó que los niños pobres llegan a la escuela con un nivel de desempeño que podría perjudicarlos en su inserción y rendimiento escolar.
La alimentación y el contexto en el que se desarrollan las poblaciones más pobres -como la marginación social, la falta de educación de los padres y una alimentación deficiente-, son algunos de los factores que más inciden en el bajo rendimiento intelectual que, para muchos especialistas, es irreversible.
Sin embargo, los investigadores de la Unidad de Neurobiología Aplicada demostraron lo contrario. Durante dos semestres, trabajaron con un grupo de niños NBI sin trastornos médicos, a los que les dieron un suplemento de hierro y les asignaron una serie de pruebas dirigidas a ejercitar la mente.
Los resultados son alentadores: los niños NBI mejoraron notablemente su desempeño cognitivo e incluso, superaron los niveles medios de los niños con necesidades básicas satisfechas.
“Creemos que este proyecto puede implementarse en el nivel público”, afirmó Colombo
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