COMENZARON A REMODELAR EL BAR EL CAIRO PARA ABRIRLO EN OCTUBRE
“No somos gastronómicos, ni inversores extranjeros. Sólo somos cuatro rosarinos que amábamos a este bar y decidimos reabrirlo”. De esta forma se presentan en sociedad dos de los nuevos dueños del tradicional bar El Cairo, ubicado en la esquina de Santa Fe y Sarmiento. Un café sin dudas emblemático para la ciudad que se abrió en 1943, se cerró en el 2002 y se quemó íntegramente hace tres meses. Mario D’Agostino y Eduardo Rubin -uno obstetra y otro oftalmólogo- son quienes piensan reinaugurar, en los primeros días de octubre a El Cairo. “Nuestro sueño es poder hacerlo el 7 de octubre, el Día de Rosario, ojalá lleguemos. Lo que sí podemos asegurar es que tendrá el mismo nombre; una estética similar, pero mejorada, y un espacio cultural”, adelantan.
Ambos sostienen que abrir El Cairo es “una patriada”. Y no exageran si se tiene en cuenta que el desafío es para dentro de tres meses y que deben invertir todos sus ahorros para levantarlo completamente. “Mirá lo que quedó, esto es tierra devastada”, le dicen a La Capital cuando invitan a recorrer los 500 metros cuadrados del inmueble -ennegrecido y chamuscado- que quedó tras el siniestro. Esta semana se comienza a limpiar el lugar y ya tienen en manos el proyecto arquitectónico con el que se le dará la nueva fisonomía.
No es casual que Mario haya sido el impulsor de la idea. Durante 20 años fue habitué de El Cairo. Allí iba todas las tardes, desde las 19.30 a las 20, a tomar café, arreglar el mundo con amigos y conocidos y mirar “chicas lindas”. También supo estar cerca de la mesa de los galanes (el famoso encuentro vespertino entre el dibujante Roberto Fontanarrosa y sus amigos que hasta inspiró una obra e teatro).
No obstante, dice que no se quedó en la nostalgia. Que apuesta a que a este Cairo vuelva la gente de antes, pero también se instalen caras nuevas. “No queremos que lo primero que se cuelgue en sus paredes sea la típica foto de Olmedo”, señala Mario.
En las mesas de este bar supieron sentarse alguna vez el cantor catalán Joan Manuel Serrat y los tangueros Osvaldo Pugliese, Hugo del Carril y Edmundo Rivero. También el actor porteño Ulises Dumont y la trova rosarina conformada por Fito Páez, Juan Carlos Baglietto, Litto Nebbia y Jorge Fandermole.
Se viene el living
El nuevo bar lo conformará también el inmueble aledaño, donde por calle Sarmiento funcionaba hasta hace poco tiempo un pool. No se habilitará el subsuelo (uno de los espacios cuya estructura aún debe ser evaluada por ingenieros), pero, advierte Eduardo que “habrá un espacio para charlas, presentaciones de libros, muestras de plástica y fotos; un patio de invierno y un living para quien quiera tomar café y leer un libro”.
Los nuevos dueños reconocen que cuentan con el apoyo de mucha gente. “La principal fue la dueña del local (María José Mattievich), quien nos confió esta aventura y será nuestra madrina. También se nos acercaron muchos amigos gastronómicos a enseñarnos el oficio y pasó mucha gente común a preguntarnos: «¿Cuándo abren? ¿Podemos darles una mano?» Sin dudas con todo este respaldo abriremos antes del Congreso de la Lengua (previsto entre el 17 al 20 de noviembre próximos)”, dicen antes de adelantar que en esta nueva historia también tendrán en cuenta a Chiche, el mozo que trabajó allí durante 34 años. Para quienes quieran acercar anécdotas, fotos y datos de lo que fue el bar pueden comunicarse al mail: [email protected].
El Cairo se quemó el 3 de mayo pasado a las 5.30. Las pericias de los Bomberos Zapadores de Rosario descartaron que la causa del siniestro fuera accidental. Para el juez que tiene a su cargo la investigación, Carlos Triglia, lo que probablemente ocurrió ese día fue que alguien entró al edificio cerrado y encendió fuego. Los techos de telgopor y los pisos de revestimiento plástico no tardaron más que minutos en arder. Las llamas devoraron el cielo raso, pero no afectó la estructura del edificio.
“Esta es la oportunidad de recobrar un lugar de todos los rosarinos y hacer un aporte aún más importante para la ciudad: que el centro no muera cuando termina la tarde”, señalan Mario y Eduardo.
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