COMENZÓ A LLEGAR LA AYUDA HUMANITARIA A INDONESIA
El primer avión de las Naciones Unidas llegó a la zona donde ocurrió el sismo en Indonesia con un cargamento de agua, tiendas, estufas y baterías de cocina.
Por otro lado, un equipo de 20 socorristas taiwaneses especializado en la búsqueda de personas sepultadas también llegó al lugar de la tragedia.
El aeropuerto de Yogyakarta, en el sur de la isla de Java, reanudó hoy sus operaciones para vuelos comerciales de aerolíneas nacionales, lo que agilizará el tránsito de personas tras el devastador terremoto.
Los sobrevivientes buscaban alimentos entre los restos de sus casas, y miles de heridos aún estaban siendo atendidos en hospitales que rebosaban de pacientes ensangrentados. Otros miles esperaban por asistencia médica.
Cifra de víctimas fatales. En las últimas horas, el gobierno redujo el número oficial de muertos a consecuencia del sismo a 4315, luego de estimar en 5000 las muertes, tras revisar los datos obtenidos en la zona más afectada, el distrito de Klaten, dijo Andi Hanindito, jefe para ayuda de emergencias del Ministerio Social.
Mal clima. Las lluvias torrenciales de ayer complicaron la situación de unos 200.000 damnificados luego del terremoto de 6,3 grados de la madrugada del sábado. La mayoría de las personas se encuentran en refugios improvisados construidos de plástico, lona e incluso cartón.
El número de víctimas fatales fue calculado en 4983, según el Ministerio Social, aunque autoridades locales de la zona afectada por el sismo hablaron de 4380 muertos.
Unas 200.000 personas perdieron sus hogares, según la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja.
Incomunicados. Decenas de miles pasaron el fin de semana a la intemperie en calles, campos sembrados de mandioca y en las sendas estrechas entre los arrozales. La electricidad y los teléfonos estaban interrumpidos en buena parte de la región, estremecida por réplicas del sismo de hasta 5,2 de magnitud.
Los sobrevivientes removían los escombros de sus casas ayer en busca de objetos de valor o utilidad, y se quejaban de la falta de ayuda.
“Nos falta todo, ropa, alimentos, agua, de todo. Somos pobres, pero nuestras vidas importan”, dijo Budi Wiyana, de 63 años, que perdió su casa.
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