COMENZÓ LA EVACUACIÓN POR LA FUERZA DE LOS COLONOS DE GAZA
Más de 10.000 soldados y policías israelíes comenzaron esta madrugada la evacuación por la fuerza de cientos de colonos que se resisten a abandonar los asentamientos de Gush Katif, en la Franja de Gaza, como lo ordenó el primer ministro Ariel Sharon. En algunas colonias encontraron una fuerte resistencia, pero en otras los residentes se entregaron voluntariamente a las fuerzas. Lo que queda por ver es lo que va a suceder con los miles de militantes de la extrema derecha religiosa que se encuentran allí para enfrentar al Ejército. Sobre el final del día, el ministro de Defensa, Shaul Mofaz, aseguró que el 70% de los colonos ya se había retirado voluntariamente y que durante la jornada habían detenido a 700 personas, entre ellos, varios de los jóvenes de la resistencia al plan de evacuación que se infiltraron en los últimos días.
La unidad especial antidisturbios de la Policía israelí, la Yasam, había aparecido a primera hora de la mañana de ayer en la puerta de la colonia de Neve Dkalim, el bastión más duro de la resistencia de la extrema derecha nacionalista, y comenzó a cortar las alambradas exteriores del asentamiento. El intenso ruido de las máquinas eléctricas despertó a los jóvenes del Movimiento Naranja que resiste en su interior y unos minutos más tarde comenzaron a agolparse sobre la calle principal. Para entonces, los soldados ya habían logrado desactivar el mecanismo eléctrico del enorme portón de entrada y se disponían a abrirlo. Fue cuando los jóvenes se lanzaron sobre los soldados y empezó el forcejeo. A un oficial le tiraron pintura verde en los ojos. “¡Ayúdenme, no veo! ¡No veo!”, gritaba. Pero los manifestantes no se detuvieron. Algunos salieron corriendo y arrastraron hasta la ruta que pasa por la puerta unas cubiertas a las que prendieron fuego.
Del otro lado aguardaba una larga línea de camiones que trasladaban contenedores para las mudanzas. La batahola se trasladó a ese sector. Los anaranjados atacaron a los camioneros con piedras. Rompieron algunos parabrisas. “Si no defendemos este lugar ahora, nos pasarán por encima”, dice Libby Weinberger, un judío estadounidenses ultrarreligioso de 25 años que se infiltró en la zona de Gush Katif hace ya semanas.
La Policía comenzó a arrestar a los más violentos. Pero en la refriega, los anaranjados comenzaron a atacar a quienes podían, en particular a los periodistas. Un fotógrafo de Reuters perdió su cámara de 50.000 dólares; otro, sus anteojos; la mayoría, las libretas, mientras corrían a refugiarse en un autobús para la prensa especialmente fletado por el Ejército.
El enfrentamiento se saldó con dos heridos leves y nueve detenidos. “Tenemos que tener las rutas libres para asegurarles a los colonos que se pueden ir si así lo quieren”, dijo el general Dan Harel, encargado militar de la evacuación, mientras inspeccionaba los daños.
Minutos más tarde, cuando la ruta quedó despejada y los camiones comenzaron a entrar, salió una camioneta 4×4 con toda una familia dentro y colchones y cajas en el techo. Todos los ocupantes lloraban. Avnes Shimoni, el líder de los colonos de Neve Dkalim, aseguró que “cualquiera que se quiera ir puede irse”.
En la colonia de Morag, al mediodía ya nadie podía entrar o salir. Sus residentes mantienen todo cerrado. Se escuchan órdenes que alguien da por los altoparlantes colgados en todas las columnas de luz del asentamiento. Ordenan esconderse y no permitir entrar a ningún periodista. La información oficial indica que de allí salieron 220 residentes y que quedan muy pocos colonos originales, pero que hay más de 300 jóvenes militantes dispuestos a resistir. De otra de las colonias, la de Bdolah, se levantan grandes columnas de humo negro. Los residentes prendieron fuego a tres autos y dos casas antes de dejar el lugar. Los bomberos tuvieron que derribar el portón de entrada antes de poder comenzar a apagar el incendio.
En la colonia de Netzarim, a las puertas de la ciudad de Gaza, donde viven más de un millón de palestinos, los colonos pasaron la noche rezando, entonando cánticos religiosos y danzando. Los hombres bailaban agarrados de los hombros en círculo y las mujeres seguían el ritmo con sus palmas mientras hacían flamear banderas anaranjadas.
“Esta fiesta es la expresión de la enorme energía que tenemos”, explicó Eyal Vered, un colono, que asegura que se quedará hasta que lo saquen por la fuerza. Del otro lado de las vallas y el muro de cemento que separa a la colonia del barrio palestino también celebraban. Eran los milicianos del grupo extremista Hamas, que festejaban lo que creen que es una gran victoria para ellos.
En los asentamientos de Kfar Yam y Shirat ha-Yam, que están ubicados sobre el Mediterráneo, ayer permanecían encerrados cientos de jóvenes del denominado movimiento de “los chicos de la colina”. Son hijos de colonos que tienen una posición aún más extremista que la de sus padres y viven en comunas ultrarreligiosas y con un aspecto exterior similar al de los hippies de los sesenta. Allí, Arye Yitzhaki, un muchacho de largos “perot”, los bucles a los costados de la cara, asegura que el gobierno utilizará cualquier método para sacarlos. “Estuve varios años en el Ejército y conozco su accionar. Van a mandar a la unidad de elite de la marina, la Shayetet 13. Van a entrar por la playa en cualquier momento”, asegura con cara de saber de qué habla.
Durante la noche anterior habían sido detenidos más de 500 militantes de la Yesha, el nombre oficial que tiene este Movimiento Naranja que se opone al “desenganche” ordenado por el primer ministro Ariel Sharon. “Estuvimos deambulando toda la noche por los campos y sólo unos pocos lograron traspasar los retenes militares y entrar en Gush KatifÔ, cuenta Menahem Steimberg, un ultraortodoxo nacionalista de 25 años que vino desde Kiriat para apoyar a los colonos, y que ayer al mediodía había sido liberado junto a un grupo de líderes naranjas.
El ministro de Defensa, Shaul Mofaz, aseguró anoche: “No vamos a permitir a nadie que obstaculice la retirada. Vamos a tomar las medidas más duras contra los perturbadores.” Y esa mano dura se vio durante el día de ayer. El lunes, soldados y policías parecían permisivos. Ayer, todo había cambiado. Esta madrugada, los soldados y policías tomaban sus puestos en Gush Katif para terminar por la fuerza con la ocupación de 38 años.
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