COMERCIANTES DE LOS HORNOS PEDIRÁN A OBEID QUE REFUERCE LA SEGURIDAD
Esta mañana estaba abierta la agencia de quinielas de Facundo Zuviría al 5500, donde el sábado pasado fue asesinado Isaac Vainmann tras ser asaltado. Al frente del negocio familiar se encontraba su hijo, escoltado por un policía, quien comprensiblemente no quiso dialogar. Se excusó en forma amable mientras ordenaba papeles y caminaba por el mismo lugar donde su padre perdió la vida violentamente.
El resto del barrio también retomó hoy su rutina habitual: los vecinos salieron a hacer sus compras y los comerciantes atendieron a los clientes, temerosos ante el claro mensaje que dejó el hecho consumado: “Podemos ser la próxima víctima”.
Todos coinciden en que la frecuencia con que se suceden los asaltos ha aumentado en el último tiempo, tanto sobre la avenida como en los barrios lindantes, aunque reconocen que no es tema nuevo. “Ya hemos hecho miles de reclamos, mandamos notas a la seccional 9na. que está acá a dos cuadras pero la cercanía no garantiza nada”, aseguró Fabio Cisneros, desde una tienda de indumentaria.
El miedo es sentimiento común, más aún cuando es evidente que el patrullaje policial no alcanza para disminuir los hechos de violencia.
“La gente está preocupada. Mi mamá, por ejemplo, no se mueve de acá adentro desde lo sucedido el sábado”, dijo Adrián Coronel, dueño de una vidriería vecina a la quiniela.
Silvina, otra comerciante, remarcó que están todos, incluidos sus clientes “muy asustados; estamos mal porque al hombre lo conocíamos y fue sorpresivo: cerramos y cuando abrimos nos encontramos con el desastre. Estamos sugestionados, yo tengo la llave en la mano y si veo una cara rara cierro enseguida. Así no podemos vivir”.
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