COMERCIANTES Y VECINOS DE BARRANQUITAS PIDEN SEGURIDAD
Con la condición de no ser fotografiados, los comerciantes de Barranquitas manifestaron la realidad del barrio en relación con la seguridad. Es que allí, según dijeron, se trabaja con miedo y lo que menos quieren es ser identificados.
A 48 hs. de ocurrido un asalto en La Paz al 4500, donde el propietario de una empresa de transporte de cargas recibió dos balazos, El Litoral recorrió el barrio a fin de reflejar una problemática que afecta a varias zonas de la ciudad: la inseguridad.
“Ésta es la tercera vez que nos roban y siempre en un horario distinto. Barranquitas no es un barrio tranquilo, a pesar de que tengamos una comisaría cerca. Por acá pasan los patrulleros, pero esperan a que se vayan para asaltarnos”, contó Luis, el encargado del galpón donde el jueves pasado fue herido Américo Fussero, de 68 años.
“A las 7.20 pasó lo de Américo y fue porque, según tengo entendido, dos malvivientes aprovecharon la salida de un camión y entraron. A partir de lo que pasó, estamos viendo la posibilidad de poner una vigilancia”, agregó.
Se manejen sumas importantes de dinero o no, lo cierto es que los asaltos se producen a toda hora del día y en cualquier rubro comercial, situación que incide en que las puertas de muchos negocios estén cerradas y en horas durante las que el sol está a pleno.
“No nos queda otra. En mi caso, cierro a las seis de la tarde para que no me roben. Pasan muchas caripelas por acá que, por más que no quiera, me obligan a trabajar con la puerta cerrada”, dijo Gabriel.
“Muchas veces entraron a nuestro negocio y es ésa la razón de las rejas y de la alarma que pusimos. De todas maneras, eso no significa estar a salvo porque por ahí le abrís a un cliente conocido y se te meten por detrás. En la avenida estamos un poco más protegidos, pero no demasiado. Hace un tiempo levantaron las chapas del techo, tiraron el cielorraso y entraron. Por la puerta también lo hicieron, pero eso fue antes de que pusiéramos la reja”, agregó Lilián.
Y, sí… En Barranquitas, como en muchos barrios de la ciudad, se trabaja con miedo y todos los comerciantes coinciden en que desempeñar su actividad “es complicado”, ya que lamentablemente no pueden hacer nada frente a la ola delictiva que todos los días se cobra alguna víctima.
“En mi caso soy preventista y por acá no se puede andar. No hay seguridad de nada. A toda hora te asaltan, te llevan la moto o te piden coimas. Esto es tierra de nadie y no se puede trabajar. Andamos de a tres para evitar que nos asalten”, expuso Carlos.
“Desde hace un tiempo, puse un sistema de cerradura eléctrica en mi negocio y les abro solamente a los clientes que conozco. Antes, los muchachos de los taxis paraban a comprar un sándwich, pero, en el momento en que se lo estás preparando, a lo mejor les llevan el auto; ya no bajan más”, sostuvo Paola.
Los vecinos
No sólo los comercios son un blanco fijo para los delincuentes. Los ciudadanos también lo son. Es por ello que protegerse y estar alerta son premisas en el barrio.
“Hace 30 años que vivo acá y hasta tuve que enrejar, por la inseguridad, el patio de mi casa. En varias manzanas hay alarmas comunitarias pero, de todas maneras, ni siquiera con eso estamos a salvo”, puntualizó un vecino.
Por último, y porque el miedo y la inseguridad son desde hace tiempo el denominador común de comerciantes y vecinos de Barranquitas, al pedido por seguridad se suma el deseo de no ser la próxima víctima de los delincuentes.
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