COMIZZO Y PIAZZA SE PELEARON EL MARTES, PERO AYER ESTABA TODO BIEN
Mucho ruido. Eso seguro. ¿Pocas nueces? Mmmmmm… De eso no se puede dar fe. El incidente del martes por la tarde entre Angel David Comizzo y Osvaldo Piazza estaba repiqueteando contra las paredes del Nuevo Monumental ayer por la tarde.
Las voces coincidían en algo. “No pasó nada”, decían todos. Sin embargo, se acercaba la hora del entrenamiento y el arquero no aparecía. Desde la esquina de Urquiza y Primera Junta se veía al cuerpo técnico y a varios jugadores en la cancha y afuera sin novedad.
De repente una voz avisa. “Allá viene”. Correcto. Comizzo llegó al Nuevo Monumental con todos sus movimientos fríamente calculados.
Alguien que le abrió la puerta que nunca está abierta y le evitó de llegar hasta la puerta que estaba plagada de periodistas.
¿Por qué tanto cuidado para esquivar a la prensa? Vaya uno a saber. Ya ahí quedaba claro algo. Comizzo no iba a hablar. Eso no hacía más que alimentar las versiones y especulaciones acerca de lo que podría pasar con el arquero.
Después había que ver qué pasaba dentro de la cancha. Osvaldo Piazza largó con la charla que siempre hace antes de comenzar a trabajar, con uno menos. Claro, Comizzo. Al ratito apareció el Flaco acomodándose su ropa y se sumó. Terminó la charla del técnico, se fueron todos los jugadores, pero quedó uno. Claro, Comizzo.
Ahí se quedaron los dos charlando por un par de minutos y seguramente tratando de mostrar que está todo bien y que lo que pasó, pasó. De ahí hasta el final de la tarde todo fue espera. Esperar que pase la práctica y esperar que salgan los protagonistas. ¿Qué dijeron? Nada.
Osvaldo Piazza charló con LA OPINION antes de bañarse y sin micrófono de por medio, tomó todo a broma. “Se quedaron con ganas de escribir algo más, eh…”, dijo con una sonrisa dibujada en su boca. Dejó un par de dudas sobre el equipo titular, tiró la lista de los que viajan y se fue cantando un cantito de la hinchada de Vélez.
Un largo rato más tarde salió el arquero. Esta vez no pudo esquivar a la prensa por una puerta lateral, pero igual se negó a hablar. “No, hoy no hablo”, fue lo único que dijo. A la pasada el dirigente Ricardo Castro, también le bajó los decibeles al asunto. “No pasó nada”, aseguró.
Vidas separadas
La llegada de Osvaldo Piazza a Atlético significó un cambio de ritmo en muchos sentidos y para muchos dentro del club. Cambió la forma de trabajo, cambiaron algunas costumbres y también cambiaron algunos roles.
Y eso para Comizzo no es un detalle más. Con Blanco, el arquero tenía mucho más protagonismo que el que tiene ahora con Piazza. Antes era la voz cantante de las prácticas de fútbol, porque el anterior DT no decía nada y miraba desde un costado.
Ahora el técnico comanda las prácticas, habla todo el tiempo, da indicaciones, muestra lo que quiere a sus jugadores. Y el arquero se tiene que remitir a ser uno más dentro del grupo, como lo son los otros jugadores. Esa es una de las grandes diferencias.
A Comizzo le ha costado mucho entender que Atlético es un equipo chico, que recién llega a Primera y que tiene como única meta salvar la categoría. Cuando el equipo ganaba y era escolta de Boca, Comizzo se animó a decirle a los periodistas porteños (con los que sí habla siempre), “queremos clasificar para la Copa Sudamericana”.
El entrenador, el domingo después del empate con Newell’s fue clarito y contundente. “Atlético es un equipo que tiene que pensar en salvarse del descenso. Nosotros no vamos a pelear por jugar la Libertadores o la Sudamericana”. Hay diferencias, ¿no?
Todos se encargaron ayer de decir y mostrar que está todo bien. Lo importante sería que sea así puertas adentro. Sobre todo, porque acá lo que importa es que Atlético siga en Primera.
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