CÓMO ASESINARON A CABRERA
La dirigente de las meretrices rosarinas Sandra Cabrera fue asesinada en el mismo lugar donde el martes pasado la encontraron, el pasillo de ingreso a una casa de Iriondo al 600. Una pistola calibre 32 apoyada en su nuca escupió una bala que la atravesó de lado a lado, para quedar alojada en el cráneo. Estas son las conclusiones preliminares de la comisión “ad hoc”, un grupo de expertos de la policía, el gabinete forense y Gendarmería Nacional, formada a pedido del juez Carlos Carbone para analizar la modalidad de ejecución del crimen. Es la primera vez que se integra un equipo de estas características: ayer entregaron un informe en Tribunales, que servirá de base para reconstruir el perfil del victimario y las hipótesis criminalísticas.
El Ciudadano tuvo acceso al documento, firmado por un médico de la División Criminalística, el forense Luis Alonso, que hizo la autopsia; el jefe de Rastros, Jorge Zapatero; el jefe de Balística, Gustavo Colombo; el titular de Planimetría, Mario Rendo, y el responsable del Laboratorio Biológico de la UR II. Aunque en el estudio también participaron profesionales de Gendarmería, finalmente no firmaron el informe. El documento se divide en tres puntos: lugar del hecho, distancia del disparo y tipo de proyectil.
La hipótesis más firme es que Cabrera fue abatida en el lugar, porque no se encontraron huellas de otro sitio ni en la ropa ni en el calzado.
Tampoco en los talones, según los profesionales. El cadáver no presenta marcas de haber sido arrastrado o transportado: si la hubieran levantado, hubieran quedado signos de esta acción en el cuerpo, explicaron los especialistas. Además, por el peso y la altura de la víctima se habrían necesitado dos o tres personas para movilizarla.
En principio la versión no coincide con el testimonio de los vecinos, quienes afirman no haber escuchado nada la madrugada del 27 de enero.
Pero ya la autopsia y las primeras impresiones durante el levantamiento del cadáver indicaban la escasa probabilidad de que a Cabrera la hubiesen baleado en otro escenario. Por ejemplo, la mujer tenía muy poca sangre alrededor de su cabeza y apenas la movieron empezó a fluir o “escurrir”, como se dice en la jerga. Los redactores del informe le explicaron al juez que por el tipo de herida, en caso de haber existido traslado, la ropa se hubiera manchado de sangre o habrían aparecido gotas en el trayecto. Nada de eso se registró en la escena del crimen, a la que Carbone llegó minutos después del hallazgo.
Respecto de la distancia del disparo, la hipótesis más firme es que no hubo “tatuaje” (cuando el tiro se efectúa muy cerca y deja una quemazón en la piel) sino abocamiento: cuando el caño de la pistola se apoya en el cuerpo de la víctima. La comisión considera que para corroborar la última variable falta la opinión de los anatomopatólogos forenses, que extrajeron el tejido del cráneo que rodeaba al balazo. Los médicos se expedirán hoy sobre este aspecto: su tarea es precisar si el área presentaba restos de pólvora en el interior y no sólo en la parte externa.
Fuentes judiciales destacaron que no son comunes los crímenes en los que el asesino apoya el caño del revólver en el cuerpo de la víctima. “Esto denota odio”, amplió el vocero, revelando que se diseñará un perfil del victimario a partir de la forma de ejecución. También se reconstruirán las hipótesis criminalísticas, esto es la distancia entre el atacante y Cabrera y las posiciones que tenían cada uno al momento del disparo (con una pistola calibre 32 según se confirmó). La última tarea estará a cargo del responsable de Dibujos y Planimetría de la UR II.
Por otra parte, la causa cambió de fiscal. El nuevo actor penal es Ismael Manfrín, quien está interesado en el testimonio de varias mujeres, al parecer colegas o amigas de Cabrera, que durante el entierro hicieron declaraciones televisivas afirmando su predisposición a declarar. “Que el juez nos llame”, dijeron, pero ni Carbone ni la Fiscalía tienen forma de ubicarlas.
LA SITUACIÓN DE BERMEJO
El sargento Sergio Bermejo, el último policía al que denunció la secretaria general en Rosario de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar), continúa detenido. El viernes 23 de enero la dirigente acompañó a otra trabajadora sexual, Stella Maris Longoni, a radicar una presentación en Fiscalía por presunta extorsión. Tras el crimen, el martes a la tarde, Asuntos Internos detuvo al uniformado, que quedó imputado de cohecho y amenazas coactivas. Su abogado, Carlos Varela, adelantó que esta semana pedirá la excarcelación. Lo más probable es que antes de eso se produzca el careo entre Bermejo y Longoni, ya previsto.
Todavía no hay elementos para acreditar que el ex empleado de Moralidad Pública haya pedido dinero a Longoni a cambio de dejarla trabajar en la zona de la terminal de ómnibus.
El día que hizo su descargo, el sargento también prestó declaración informativa por el homicidio. Negó vinculación con el hecho y dijo que a la hora que mataron a Cabrera estaba en otro lado. Cuatro testimonios, mayormente de su entorno familiar, lo refrendaron. De todos modos, el juzgado convocará a otros testigos para corroborar la versión. Según trascendió, Bermejo aseguró que la madrugada del 27 de enero, alrededor de las tres (justamente cuando Cabrera dejó su parada para ir con un cliente), regresaba a su casa. Como se le rompió el auto, recordó una fuente judicial, convocó a una grúa que lo llevó hasta la casa de un familiar. Luego esta persona lo alcanzó hasta su domicilio, en el que se encontraban la concubina y las dos hijas de ésta, ya adolescentes.
BAJO SOSPECHA
La brigada de Homicidios sigue “caminando”, es decir en busca de testimonios y diligenciando oficios del juzgado, todavía sin conseguir datos relevantes y en un marco de total hermetismo. Por ahora, no hay elementos concretos contra personal policial. Los sospechosos son varios, entre ellos un traficante de la zona y hasta un oscuro personaje que opera en la provincia de Buenos Aires. Fuentes de la investigación lo ubican como prestamista, vinculado al mundo de la prostitución y hasta involucrado en hechos de piratería del asfalto. Ayer a la tarde Homicidios hizo un allanamiento en la casa de un paraguayo que había sido detenido por amenazas a dos meretrices.
A falta de pruebas contra alguien en especial, la lista de sospechosos se amplía, con una presunción que prevalece: el crimen de Cabrera no fue un simple hecho policial. En ese sentido, ayer los tribunales retomaron su actividad normal después de la feria de verano, por lo que Carbone pidió a todos los juzgados las causas en las que la dirigente de Ammar haya intervenido, como denunciante, imputada o testigo.
Algunos de esos expedientes ya empezaron a llegar al despacho de Instrucción Nº 9. Cuando se complete la recolección, los sumarios serán entregados a Asuntos Internos para su análisis. Por último, voceros del Poder Judicial confirmaron que también aparecieron causas abiertas en el fuero federal.
UN PARAGUAYO Y SU ARMA BAJO LA LUPA
Un jornalero paraguayo de 35 años fue detenido por amenazar a dos trabajadoras sexuales de la zona de la terminal, compañeras de Sandra Cabrera y testigos en la causa por su asesinato. Ayer a la tarde le allanaron el domicilio y encontraron una pistola 32, del mismo calibre que el arma usada para ultimar a la dirigente meretriz.
Según la denuncia de las hermanas Nilda y Nancy Cinzano, de 27 y 32 años, Rubén Darío Encina las intimidó antenoche cuando estaban en su parada de San Lorenzo al 3700. El hombre, luego detenido en la comisaría 7ª, les gritó desde una moto: “Mugrientas de mierda, las voy a matar”, entre otros insultos.
Las víctimas declararon en la causa por el crimen de Cabrera, a quien el año pasado acompañaron en denuncias contra la policía. Encina, que vive en Castellanos al 3300 y al parecer días atrás ya las había amenazado con un arma blanca, fue indagado por el juez co-rreccional Juan Alarcón, que lo dejó detenido porque tiene antecedentes. Carbone mandó a peritar la pistola y en estos días le tomará declaración.
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