Cómo combatir la “alimentación emocional”
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Los pensamientos engañosos pueden ser claves a la hora de elegir qué comer. Programar las comidas del día es un buen hábito para no caer en un atracón.
Hay una clara diferencia entre tener hambre y pensar en comidaHay una clara diferencia entre tener hambre y pensar en comidaCrédito: Shutterstock En la desesperación que se genera en torno a las comidas se producen los atracones y es allí donde el cuerpo tiende a comer en forma compulsiva. Cuando se inicia un plan alimentario saludable para bajar de peso, uno de los principales enemigos que asoma en las dietas suele ser la ansiedad que, erróneamente, se intenta acallar con las comidas.
Es normal que al llegar al hogar luego de una jornada extensa de trabajo, donde tal vez no hubo demasiado tiempo para comer, se liberen las tensiones del día y se ataque sin piedad a la heladera. Al hambre hay que entenderlo como algo fisiológico y no selectivo, ya que uno es incapaz de decidir cuándo tener hambre y cuándo no.
Cuando alguien tiene hambre tiene que saciar ese ¨dolor de panza¨ , que no es más que una sensación que viene desde de adentro. En cambio, la ansiedad tiene que ver más con las emociones y los pensamientos. Siempre digo que para diferenciar la ansiedad del hambre hay que pensar en una galleta de arroz: si una persona tuviera sólo ansiedad, no la comería”, explicó la nutricionista Laura Romano a Infobae.
El apetito o “hambre emocional”, en cambio, está relacionado con un estado de ansiedad. La ansiedad viene de la cabeza, no de la panza. “Es la espera de algo, la sensación de malestar y tensión por algo que está por venir. Pero como justamente no es hambre, ese estado no se “cura” o se calma con comida. Uno puede comer dulce y salado, salado y dulce pero el sentimiento va a seguir estando, porque la comida lo único que calma es el hambre. No calma la tristeza, la bronca ni la alegría”, dijo la especialista en nutrición, quien agregó que “para darse cuenta si realmente es hambre lo que se está sintiendo basta con pensar en una galleta de arroz húmeda. Sólo uno la comería si te está haciendo ruido la panza”.
Los dulces como una debilidad
A la hora de pensar en las golosinas, muchas veces sucede que del “permitido” al exceso hay un solo paso. “Lo mejor que puede hacer una persona que le gustan los dulces es comer una golosina o chocolate (pequeño), de menos de 20 ó 25 gramos. Es preferible evitar lo ‘light’, porque en general son todas iguales”, aclaró la nutricionista. es que si te gustan las cosas dulces comas todos los días una golosina o chocolate pequeño. De menos de 20 o 25 gramos. No elijas las que tienen publicidad de “light”, elegí la que te guste, porque en general son todas iguales”.
Según Roman, lo único que es “fraccionarlo en porciones pequeñas ya que por suerte hay un montón de opciones para elegir. Hay que comer las golosinas, en su medida justa, en cualquier momento del día”.
Fuente: Infobae
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