CÓMO LLEGÓ AL VATICANO EL VIDEO DEL OBISPO MACCARONE EN TIEMPO RÉCORD
Nadie quiere hablar y el que dice algo apenas lo susurra al oído del cronista después de exigir el anonimato con la tradicional frase a la italiana: “Yo no estaba, y si estaba, dormía”. El obispo Juan Carlos Maccarone fue —renunciado— por el Papa, que se encontraba en su natal Alemania, tras un proceso muy rápido, que duró pocas horas. El día clave fue el jueves 18.
No está claro si todo ocurrió el jueves o si los hechos comenzaron a enlazarse desde el miércoles. El 18 fue el día en que comenzó la visita del nuevo Papa, Benedicto XVI, a Colonia, en su tierra germánica, en una peregrinación apostólica que duró incluso hasta el domingo 21, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud.
Clarín estaba también en Colonia, donde no hubo ni el menor atisbo de que un escándalo comenzaba a estallar en la lejana Argentina, y que sus efectos habían llegado a las máximas cumbres de la Iglesia.
He aquí la reconstrucción, inevitablemente parcial e imprecisa, de los hechos:
MANOS NEGRAS. El miércoles o el jueves temprano en Buenos Aires, Mano Negra Uno (se trataría de un laico, ex diplomático, con buenos contactos en el clero), le entregó al nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, embajador del Papa en nuestro país, la casete con el video del escándalo que envolvió a Maccarone.
Por otro lado, Mano Negra Dos (negra color sotana en este caso, porque se trataría de un obispo) le anticipó por teléfono a la Secretaría de Estado del Vaticano el contenido del video y la gravedad del caso.
EL CAMINO DEL VIDEO. El nuncio Bernardini habló por teléfono con monseñor Maccarone, quién admitió la existencia del video y sus culpas. Quedaron de acuerdo en encontrarse en la Nunciatura el viernes 19, es decir, 24 horas después.
Tras ese diálogo, el embajador del Papa preparó un largo y minucioso informe contando el caso. Más tarde, avisó al Vaticano que por correo diplomático viajaban el video y el documento completo que había escrito.
UN MENSAJE A COLONIA. Con las debidas precauciones, monseñor Bernardini mandó también el cable cifrado a la Secretaría de Estado con el texto del informe. No se sabe exactamente si habló por teléfono con sus superiores que estaban en Colonia, el secretario de Estado, cardenal Angelo Sodano; con el “canciller” vaticano, monseñor Giovanni Lajolo; o con el Sustituto, el arzobispo argentino Leonardo Sandri.
En concreto, el jueves por la tarde, el Prefecto de la Congregación para los Obispos —el “ministerio” vaticano encargado de los nombramientos, renuncias y problemas de los episcopales— cardenal Giovan Battista Ré, llevó la documentación al Papa.
—Si está todo completo, adelante…—, se limitó a decir Benedicto XVI. De inmediato firmó la aceptación de la renuncia.
UN ENCUENTRO TENSO. El viernes 19 por la mañana, fue borrascoso, dicen, el encuentro en Buenos Aires entre el nuncio Bernardini y monseñor Maccarone, quién se enteró allí en la Nunciatura que “su dimisión ha sido aceptada por el Santo Padre”.
Ese mediodía, el gobierno argentino fue notificado oficialmente, de acuerdo al protocolo, que monseñor Maccarone no era más el obispo de Santiago del Estero por propia decisión del Sumo Pontífice.
A las cinco de la tarde, en los quioscos de la ciudad, comenzó a venderse la edición cotidiana del Osservatore Romano.
El diario vaticano, nada menos que en su primera página, traía la noticia de que el Papa había aceptado la renuncia presentada por el obispo argentino.
Como el periódico francés Le Monde, que también es un vespertino, la edición del “Osservatore Romano” lleva la fecha del día siguiente, en este caso la del sábado 20, lo que causa a veces un poco de confusión.
Pero todo había terminado para las cinco de la tarde del viernes 19 de agosto. A esa hora, el dato sobre la dimisión de monseñor Maccarone ya había tomado estado público.
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