CÓMO OPERA LA DELINCUENCIA Y QUÉ ROL JUEGA LA POLICÍA
Setiembre no terminó bien. El asesinato del agenciero Isaac Vainman y la fatal agresión que sufrió la joven Florencia Morello son dos hechos delictivos que conmovieron a los santafesinos y aumentaron la sensación de inseguridad. La marcha por la paz que se realizó la semana pasada sumó voces en este sentido.
Pensar que en el lugar de Isaac o de Florencia podría haber estado “mi padre”, “mi hija”, “mi marido” o “mi hermana” infunde temor y obliga a acentuar algunas precauciones.
Santa Fe ya no es la que era. Es irracional que un comerciante no pueda tener abierto su negocio un sábado a las dos de la tarde o que una joven no pueda caminar hacia su céntrico trabajo a las 6 de la mañana. Algo cambió.
Para analizar por qué Santa Fe se volvió tan insegura, El Litoral accedió a una entrevista con una alta fuente de la esfera policial, quien -previo compromiso de que su identidad sería reservada- relató algunos detalles de cómo opera la delincuencia en Santa Fe y qué rol juega (o puede jugar) la policía.
Al estudiar los últimos hechos delictivos, establecer lineamientos comunes, hacer comparaciones de casos, surge una primera conclusión: “El 90 por ciento de los que están delinquiendo en Santa Fe no tiene más de 25 años y son todos de barrios periféricos”. Si a esto le sumamos que “el delito es grande, están a la oportunidad” y que “se ha expandido y se detienen personas de una diversidad de barrios” se arriba a otra conclusión: “En Santa Fe no hay una delincuencia organizada, lo cual dificulta su combate policialmente”. Los trabajos de inteligencia son dificultosos si se tiene en cuenta que están dispersos y diseminados por una gran cantidad de barrios y actúan cuando se presenta la oportunidad, sin demasiada planificación previa.
“En las detenciones vemos de la diversidad de barrios que provienen. Ya no es como hace unos 15 años atrás que se hablaba de Santa Rosa de Lima, o como hace 5 años que se incluía a Villa Hipódromo. Hoy sacamos también de San Agustín, de Pompeya, de Los Hornos, de todos lados se detienen personas con armas que han cometido delito o están en la tentativa”, aseguró.
Cultura del delito
La edad tope de los delincuentes -los 25 años- es un dato que no puede pasarse por alto. “Tenemos una gran cantidad de menores de 25 años que se han formado en una cultura del delito, es decir, se han criado, han ido observando y recibiendo información siempre relacionada al ámbito delictivo, dentro de un marco familiar que se maneja en lo mismo, en un barrio que se maneja igual, y tienen unos códigos y valores diferentes al resto de la sociedad”.
“Hay una cultura que se está formando en determinados sectores de la sociedad, donde han bajado muchísimos los valores, donde el tema es hacer la diaria y vivir la diaria, las diferencias se resuelven por medio del más fuerte y el valor vida quedó atrás. A los chicos les da chapa caer en cana, y tener un arma implica estar un escaloncito más arriba que el otro. Esta cultura es la que está ocasionando problemas en esta ciudad”.
– En este contexto, ¿qué respuestas puede dar la policía?-Convertir a Santa Fe en una ciudad sitiada, llenarla de policías, uniformarla, es algo que no va a dar resultado porque el delito se desplaza, van a estar atentos al movimiento y se va a generar otro tipo de delito en otra zona. La policía puede dar respuestas operativas tácticas y puede generar incluso el uso de la fuerza. Podemos hacer chequeos de identificación de personas y de palpado de armas; con personal no identificable podés tratar de investigar de dónde salen las armas, cómo se están moviendo, tratar de ir metiéndote en los barrios conflictivos. Pero el delito es grande, es desorganizado, es múltiple, están a la oportunidad, muy pocos casos tienen una planificación y todo esto dificulta su combate. Acá necesitamos otro tipo de abordaje que incluso el mismo Estado está limitado de dar. Es necesario que se sumen todas las entidades intermedias y que la misma sociedad reaccione. Es difícil de plantear la situación, hay que entender que la seguridad es general y no particular y que hechos delictivos o violentos van a ocurrir.El escenario a futuro es sumamente desalentador: “Si se empieza a trabajar bien, los santafesinos vamos a tener que aguantar la delincuencia durante 5 ó 6 años más”, alertó. -Mientras tanto, ¿la policía qué hace?-La policía está tratando de dar respuestas policiales a una realidad que va mucho más allá, porque si el delito lo cometen menores de 25 años, esto quiere decir que algo ha estado fallando cuando fueron chicos. Tal vez ahora se esté haciendo bien el trabajo con los menores pero los resultados se van a ver de acá a 10 años. Nosotros ahora estamos recibiendo lo que se hizo con los menores tiempo atrás.
La disputa por el territorio
Una modalidad de abordaje que comenzó a aplicar la fuerza de seguridad este año con resultados positivos es disputarles el territorio en sus propios barrios. Las unidades de intervención barrial ingresan con dos o más camionetas a los barrios y trabajan allí: dialogan con los vecinos para generar confianza, hacen chequeos, identificación de personas, traslados por averiguación de antecedentes, “y así se han sacado muchas capturas”. Además, “a veces se logra disuadir al que está en dudas y desalentar el delito, da buen resultado porque como la policía está adentro, ellos saben que salen, cometen el hecho y al volver corren el riesgo de ser detenidos”, explicó.
Tomar una decisión de este tipo no es fácil porque para la policía, moverse en el territorio de los delincuentes, tiene sus riesgos. Por eso, cuando se le plantea mayor presencia en los barrios periféricos lo primero que pide el uniformado es respaldo y esto debe garantizarse. Saben que se van a generar situaciones conflictivas, saben que va a tener problemas graves como tiroteos o enfrentamientos, y otros no tan graves como el ladrilleo a un móvil policial.
Lo cierto es que en su trabajo diario el policía tiene muy pocos incentivos. “Aunque en la mayoría de los casos cuenta con los elementos necesarios, el sueldo es medio y le permite tironearla”. A esto se suma el escaso reconocimiento social: “Cuando se le echa la culpa de todo y se desconfía de él en forma permanente es natural que se caiga; cuando no tiene los descansos debidos, cuando no se lo deja razonar ni trabajar con la libertad que necesita para operar en zonas de riesgo, es cuando se siente acorralado y no produce. La actividad de un policía está íntimamente relacionada a lo que él mismo quiere hacer, porque un jefe puede ordenarle que entre a un barrio pero si no quiere no lo va a hacer, se va a dedicar a pasear, a mirar y no va a reaccionar, salvo ante la inmediatez del delito”. Si esto ocurre, la prevención es nula. “Y si falla la prevención, falla todo”.
Delito en serie
Primero fueron las farmacias, después los ciber. Las panaderías no escaparon a la ola de asaltos y las últimas en sumarse fueron las oficinas de correos. “¿Por qué cuando toman un tipo de comercio para asaltar, en las siguientes semanas se da una sucesión de hechos en el mismo rubro?; ¿qué pasa que `pegando’ ahí?”, comenzaron a preguntarse desde la policía.
Y encontraron una explicación: “La difusión del hecho por los mismos medios de comunicación aporta al ladrón información sobre la cantidad de dinero robado en el lugar. Ellos simplemente toman el dato del hecho que cometieron otros como algo fértil para hacerlo ellos”.
Por ejemplo, el robo a los correos: “Tienen rapipago, entonces ante el primero que se llevó más de mil pesos, toman confianza y entran a otros porque no tienen ningún tipo de custodia, no tienen vigilancia interna, no tienen alarma. Ellos la hacen muy simple: están al oportunismo y esto hace muy difícil cualquier trabajo de inteligencia y de planificación para poder hacer una prevención efectiva”, aseveró la fuente consultada.
Uno cada mil
Alrededor de 400 policías trabajan en la calle, contando el personal de las comisarías, de patrulla urbana, comando radioeléctrico, unidades de intervención barrial (periferia y barrios conflictivos), caballería, perros y brigada de playas (costaneras).
Delito en serie
Primero fueron las farmacias, después los ciber. Las panaderías no escaparon a la ola de asaltos y las últimas en sumarse fueron las oficinas de correos. “¿Por qué cuando toman un tipo de comercio para asaltar, en las siguientes semanas se da una sucesión de hechos en el mismo rubro?; ¿qué pasa que `pegando’ ahí?”, comenzaron a preguntarse desde la policía.
Y encontraron una explicación: “La difusión del hecho por los mismos medios de comunicación aporta al ladrón información sobre la cantidad de dinero robado en el lugar. Ellos simplemente toman el dato del hecho que cometieron otros como algo fértil para hacerlo ellos”.
Por ejemplo, el robo a los correos: “Tienen rapipago, entonces ante el primero que se llevó más de mil pesos, toman confianza y entran a otros porque no tienen ningún tipo de custodia, no tienen vigilancia interna, no tienen alarma. Ellos la hacen muy simple: están al oportunismo y esto hace muy difícil cualquier trabajo de inteligencia y de planificación para poder hacer una prevención efectiva”, aseveró la fuente consultada.
Santa Fe está armada
Entre enero y setiembre la policía secuestró alrededor de 500 armas en la ciudad, y la gran mayoría en la vía pública. “La cantidad de armas que hay en la calle es infinita”, aseguró la fuente consultada.
Se sabe que, en la cultura del delito, el arma es el mayor capital del delincuente: es lo que más cuida y protege. Pero, ¿por qué hay tantas armas en la ciudad? ¿Cómo las obtienen?
Para averiguar esto, se armó una comisión policial integrada por personal de las divisiones de Control de registro de armas, de Investigaciones y Judicial, se realizaron inspecciones en armerías y se abocaron a estudiar la ruta que siguen las armas en la ciudad.
Menciona dos fuentes de provisión: “La sociedad se siente insegura y compra armas. Esto es lo peor que puede hacer porque cuando roban en su casa el delincuente se está haciendo de armas que pasan al circuito en negro. Éste es el primer factor de suministro de armas que tiene el delincuente: el robo a viviendas. Otra fuente de provisión es el robo al mismo personal uniformado”. Entre enero y setiembre hubo 15 casos de este tipo.
“Hay que hacer mucho hincapié en sacar las armas de la calle e investigar qué está pasando con las armas, sino la eventualidad de una muerte siempre va a existir”.
Con los menores que portan armas, el problema es aún más grave porque cuando a un chico le secuestran un arma en la calle, lo detienen sólo por un par horas y sale sin que le apliquen reprimenda alguna. “No hay castigo, nadie le hace un seguimiento, ni el juzgado de menores, ni las asistentes sociales. Entonces se consigue otra y vuelve a lo mismo”.
Un riesgo para el policía
Resulta obvio que tantas armas en la calle devienen en un solo riesgo: una persona herida de bala o muerta, ya sea un ciudadano común, un delincuente o un policía, por más que porte chaleco antibalas.
“El policía siempre va estar temeroso a enfrentarse a este tipo de situaciones. Primero, por su vida; segundo por la de su compañero; y tercero, por su libertad porque por más que provoque la muerte de alguien en defensa propia y sea legal por usar la fuerza pública, va a ir en cana hasta que el proceso judicial se aclare. Son los riesgos de esta profesión pero al momento de sumar, resta. Esto tiene que ver con que no tengamos desde hace tiempo casos de gatillo fácil, el policía ha tomado conciencia de sus riesgos y del valor de la vida, cosa que no ocurre con el delincuente”.
Este contenido no está abierto a comentarios

