COMO SERÁ EL MUSEO DE LA MEMORIA EN LA EX SEDE DEL II CUERPO DE EJERCITO
La esquina de Córdoba y Moreno, hoy transformada en un bar temático. La expropiación del lugar se concretará en los próximos meses.
Esta semana el director del Museo de la Memoria, Rubén Chababo, le entregó al intendente Miguel Lifschitz, el proyecto institucional del museo a instalar en el ex edificio del Comando del Segundo Cuerpo de Ejército, en Córdoba y Moreno. La forma elegida es la de una muestra permanente con los símbolos militantes, con sus historias de vida, sumado a un archivo y una hemeroteca que sitúe al visitante, más una muestra temporal que rote mes a mes, además de un lugar de recogimiento para repensar en soledad “las historias de nuestra memoria”, como dijo Darwina Gallicchio. “La idea es que quien visite el museo salga pensando que hay esperanza y que es posible construir un país diferente y que la experiencia del horror sirva como lección de la historia”, explicó Chababo. Para conseguir este objetivo tiene pensado “un rincón donde contar las historias luminosas de los salvadores, para demostrar a las nuevas generaciones que no todos consintieron con el mal en tiempos de oscuridad”, según su director confesó a Rosario/12.
El museo está pensado para aprovechar las tres plantas que tiene el inmueble, y obviamente el primer nivel será la planta baja, donde funcionará una exposición permanente dedicada al terrorismo de estado. En esta planta funcionará la biblioteca, la hemeroteca y el archivo documental del museo.
La exposición permanente estará constituida por vitrinas y paneles conteniendo documentación y una cantidad importante de imágenes y paneles diseñados con criterios museológicos en el cual se vaya narrando la historia del terrorismo de Estado en la Argentina. “Este trabajo va estar en manos de expertos, por eso ya se está trabajando en las consultorías con personas del área de museología que están discutiendo los modos más ajustados para exponer este tipo de información”, indica Chababo.
“Los elementos ha exponer -agregó- son uno de los más complejos a definir. Hay elementos que no tiene un impacto emotivo fuerte para quien lo visita, pero hay otros en los que hay cuidar las formas para presentarlos. Por ejemplo la forma de presentar la idea del centro clandestino de detención que es un concepto absolutamente sensible”.
En este sentido destaca que “todo lo que se muestre debe estar sostenido por la idea de la ética de la representación. Y esto puede ser en base fotografías o textos, ya que el museo tiene una cantidad enorme de documental que va de órdenes oficiales firmadas por el ejército para la detención de un militante hasta las cartas de familiares y los habeas corpus presentados antes la justicia para saber la suerte de sus familiares. Tenemos un registro importantísimo de los centros clandestinos a través de fotos, además de imágenes de militantes y sus familiares. Y se está discutiendo si esa parte de exposición permanente habrá un aparte con los 700 chicos apropiados durante la dictadura”.
En rigor la comisión que discutirá estos puntos no se ha formado, y lo que se ha hecho son interconsultas con expertos como la directora del Museo del Holocausto en Washington, Elaine Heumann Gurian, quien estuvo la semana anterior en Rosario. También el rosarino Raúl D’Amelio, quien ya a aportado su colaboración en la presentación de distintas muestras del museo local, como Tinta Roja.
Por otra parte está el área de hemeroteca, una sala de archivo donde están las causas judiciales y la documental. “También en este nivel habrá un aparte donde el visitante pueda ingresar a conocer las historias de vida de los militantes a través de distintos testimonios que ya tenemos en el museo y a partir de una base de datos. Esta parte de la historia también podría ser exhibida a partir de proyectores, como para ofrecer una visión de lo que significó el terrorismo de estado”, explicó Chababo.
En el primer piso habrá una exposición temporaria, que irá rotando cada mes o cada dos, y que será diferente obviamente a la central de la planta baja, que se mantendrá fija. “En este nivel también habrá un lugar de recogimiento, que está fijado por la propia ordenanza que dio origen al museo, y está destinado para que el visitante pueda en determinado momento encontrarse íntimamente con esta historia, sin información, para repensar lo que visto. Este rincón lo tienen distintos museos en el mundo como Yad Washem (La mano en el recuerdo), de Jerusalén”, agregó.
El subsuelo tendrá un Salón de Usos Múltiples, para distintos eventos, más los áreas de servicio. Este auditorio será el lugar de las conferencias, las presentaciones de libros y los seminarios, además de la recepción de las escuelas en las actividades presentadas para talleres de derechos humanos.
Según remarca su responsable “el museo será el lugar donde las escuelas vengan y donde no sólo se les transmita el concepto de terrorismo de estado, sino también un lugar de aprendizaje de los valores como la libertad, la democracia y la justicia. De allí que en el diseño de la exposición permanente haya un criterio que es no atormentar al visitante. La idea es que quien entra allí salga pensando que hay esperanza y que es posible construir un país diferente, con legalidad, con justicia, con libertad. Y que la experiencia del horror sirva como lección de la historia. En este sentido tendrá que haber un trabajo muy complejo de los curadores, de los diseñadores, de los arquitectos que van a trabajar en esto”.
Para lograr que el museo logre su objetivo de “abrir una idea de esperanza en medio de la oscuridad, se van a contar episodios destacados: las historias de quienes cobijaron personas, es decir quienes salvaron a militantes. Es decir historias de resistencia humana”. Una de las historias que pretende rescatar Chababo, es la de “los bibliotecarios que ante la certeza de que iban a entrar fuerzas represivas a destruir parte del material en la biblioteca, como fichas de lectores usuales y libros, donde trabajaban rescataron ese material, lo sustrajeron de los anaqueles y los escondieron en sus casas, para preservarlos”.
“También -agrega- hubo gente que ante la inminencia de la destrucción de la casa un militante, de un vecino decidió cobijar sus libros, cuidar su biblioteca, con todo el riesgo que en aquella época significaba tener literatura inapropiada. Tenemos que contar esas historias, para transmitirle a las nuevas generaciones que en tiempos de oscuridad no todos consintieron con el mal. La idea es que quien venga a este museo es que en tiempos de oscuridad siempre es posible hacer algo, algo quizás pequeño, permiten demostrar que la barbarie no siempre puede con su proyecto”, remarcó.
La etapa histórica que abarque el museo también promete a ser un punto discutido. Si bien la ordenanza que le dio origen marca el período 1976/83, habrá puntos en discusión. “Cabe preguntarse si ésta fue la primera vez que el Estado en lugar de amparar a sus ciudadanos, se convierte en una máquina criminal. Y la respuesta es no, ya que en 1880 hubo una campaña del desierto. Y esto no es para dedicarle un espacio al tema en el museo, pero sí hay que anclarlo”, explica Chababo.
Este contenido no está abierto a comentarios

