CON GRITOS E INSULTOS, PONTAQUARTO Y GENOUD SE ACUSARON POR LAS COIMAS
El juez les leyó a los dos imputados sus declaraciones anteriores y pronunció una frase que sonó como la campana que abre cada round de boxeo: “Señores, los invito a reconvenir”. Lejos de ponerse de acuerdo, el “arrepentido” Mario Ponta quarto y el ex senador José Genoud discutieron, se desafiaron y terminaron a los insultos. El careo de ayer fue la última visita de ambos a los Tribunales antes de quedar procesados por el escándalo de las coimas en el Senado.
Rodolfo Canicoba Corral tuvo que alzar la voz más de una vez para tratar de calmar tantos nervios. Luego de casi tres horas, ninguno de los acusados se movió un milímetro de lo que había dicho las semanas pasadas: Pontaquarto asegura que el ex legislador se quedó con 700 mil pesos de los 5 millones que habrían recibido quienes aprobaron la Reforma laboral; Genoud dio a entender que todo esto es “un complot” de (el ex vicepresidente, Carlos “Chacho”) Alvarez, del actual Gobierno, del mismo Canicoba y de los medios de comunicación.
En 2000, cuando se sancionó esa polémica ley, el ahora “arrepentido” era secretario parlamentario del Senado. A ese cargo —el más alto de la Cámara, después de los propios legisladores— lo había llevado Genoud, entonces presidente provisional del Senado. Se conocen desde 1995, pero hace dos años que no se veían.
En el reencuentro, ayer a las 12:05 en el Juzgado Federal Nº 3, ninguno le ofreció la mano al otro. Los sentaron a cada uno en un rincón. Y empezaron tratándose de usted. La audiencia comenzó a levantar temperatura cuando Genoud se concentró en probar que su relación con Pontaquarto no era tan estrecha:
—No tenés altura intelectual para ser colaborador cercano mío. Yo recibí condecoraciones en distintos países. Con suerte vos podés leer el diario; si apenas pudiste terminar el colegio secundario… —disparó Genoud.
—Mentís, hijo de puta. Yo estuve con mi familia en tu casa y en tu campo; viajamos juntos y fuimos al hipódromo —retrucó Pontaquarto. Como prueba, aportó en el expediente una foto de ambos montando un jet-ski.
En la misma línea, Genoud calificó a su adversario de “trepador” y “atorrante”. Y, golpeando una mesa con el puño, fue hasta el fondo: “¡Lo único que vos podés hacer es llevar valijas!”. Enseguida Canicoba le hizo notar a Genoud el detalle: “no es una frase demasiado feliz, doctor”. Efectivamente, la versión de Pontaquarto consiste en que él trasladó el dinero de los sobornos repartidos en dos valijas y una caja.
El abogado de Genoud, Miguel Almeyra, trató de sacar a su cliente de ese trance explicando que había tenido “un lapsus”. Peor: con esa denominación técnica se conoce en el mundo del psicoanálisis el mecanismo mediante el cual el inconsciente revela verdades que conscientemente se tratan de ocultar.
El careo tuvo momentos muy ríspidos. A la investigación en sí no le aportó mucho: las tres horas de cruces y polémicas quedaron condensadas en apenas seis páginas del acta oficial.
La audiencia sí le sirvió a Canicoba para semblantear a cada uno de los imputados. “A Genoud lo encontró nervioso, por momentos desbocado, revolviendo los papeles que llevó. A Pontaquarto, igual de nervioso, pero más firme y sin siquiera un ayuda memoria”, resumió anoche a Clarín una fuente cercana al juez. Canicoba plasmará sus impresiones esta semana, procesando a ambos, igual que al ex jefe de Inteligencia, Fernando de Santibañes, y al ex senador Emilio Cantarero (ver El juez…).
En otro pasaje del careo de ayer, con el tono ya bien subido, Genoud dijo que había tenido que “encubrir” varias veces a Pontaquarto. Manuel Garrido, fiscal de Investigaciones Administrativas, le preguntó a qué se refería. El imputado zafó hablando de dinero para una solicitada que había desaparecido.
Más cerca del final, para defenderse de otra agresión, Genoud le reprochó al “arrepentido” que se la pasaba de fiesta en fiesta. Pontaquarto no se quedó atrás: “A vos no te hubiera venido mal salir un poquito”. Al juez no le hizo falta mucho más para dar por terminada la audiencia.
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