CON SAN GENARO CIUDAD SERÁN SEPULTADOS VIEJOS RENCORES
La máxima aspiración de los habitantes de cualquier localidad santafesina que crece es que se la proclame ciudad. Subir ese peldaño coloca al municipio en las ligas mayores entre los casi cuatrocientos distritos que se dividen el territorio provincial. Es, además, la materialización de una meta que da jerarquía frente a los pueblos vecinos más pequeños, obra como catalizador de una idea de “progreso” y brinda un innegable salto cuantitativo en la disponibilidad de recursos ya que aumenta significativamente la coparticipación de los tributos provinciales.
La Constitución provincial indica taxativamente que un pueblo puede solicitar el nombramiento de ciudad cuando alcanza los diez mil habitantes. Por eso resulta cuanto menos paradójico que cuando el requisito constitucional está sobradamente cumplido surja en la misma comunidad alguna resistencia que obstaculice el camino hacia la ansiada promoción, especialmente si se tiene en cuenta que para alcanzarla otras localidades apelaron en su momento a padrones de cuestionable rigor informativo, rebuscadas proyecciones demográficas o pícaros subterfugios como apelaciones al nivel de desarrollo socioeconómico o el papel institucional que les toca desempeñar en el caso de cabeceras de departamento que no llegan al piso de población requerido. Pero ocurre, y por razones entendibles, aunque difícilmente atendibles.
El caso de San Genaro, que desde mañana será ciudad, es revelador en este sentido, con la particularidad de que, como en otros casos, no se trata de una sola población sino de dos que deben sumarse para erigirse en municipio. Ejemplos de localidades dobles y hasta triples hay en la provincia, algunas, como San Jenaro Norte y San Genaro, con individualidad jurídica además de una antigua rivalidad que arrastran desde hace más de un siglo pero que, afortunadamente, el tiempo ha ido borrando.
Situadas noventa kilómetros al noroeste de Rosario, sobre la ruta nacional 34, ambas localidades aparentan para cualquiera que pase por ahí un solo núcleo urbano, un poco menos poblado en los bordes de la ruta provincial 65 que atraviesa entre ellas dividiendo los distritos. Pero tienen orígenes propios y una historia de relaciones conflictivas que a partir de mañana, cuando el gobernador Jorge Obeid visite el lugar en su fiesta patronal y promulgue la ley que unifica a ambos pueblos y los convierte en ciudad, todos esperan que quede sepultada en el pasado.
Los terrenos de la colonia Caridad, establecida en 1873 por los hermanos Chavarri, fueron adquiridos cinco años después por Carlos Casado del Alisal, que los rebautizó San Genaro, y al poco tiempo se formó en esas tierras un núcleo de población denominado Villa Biotta. En 1890, en plena expansión de los ferrocarriles, pasó en las inmediaciones la línea de trocha angosta Córdoba y Rosario y a la estación que erigió a dos kilómetros de la pequeña urbanización le puso, lógicamente, el nombre de San Genaro. Y, por el poderoso efecto de atracción que por entonces provocaban las paradas ferroviarias, fue surgiendo en torno a ella un nuevo núcleo urbano que, favorecido por la ventaja de contar con transporte seguro, cobró rápida preponderancia y alentó a sus habitantes a gestionar el reconocimiento oficial y el nombramiento de autoridades, lo que lograron cuando despuntaba el siglo XX. Los “pueblerinos”, como se conocía a los pobladores de Villa Biotta, distante dos kilómetros de la parada ferroviaria, se sintieron traicionados por los “estacioneros” y, heridos en su orgullo, reclamaron a su vez comuna propia. Ésta les fue concedida recién en 1926 y, para evitar equívocos, bajo el nombre de San Jenaro –con J para diferenciarla de San Genaro– y el caprichoso aditamento Norte, cuando en realidad se encuentra al este.
Lo que siguió fueron décadas de rivalidad y enconos que acentuaron las diferencias iniciales y que tuvieron su episodio culminante cuando las autoridades del Banco de la Nación decidieron trasladar la sucursal existente en San Jenaro Norte a San Genaro, a finales de la década del 50, provocando una pueblada que sólo pudo ser apaciguada con la intervención de la Gendarmería –la policía provincial había sido desbordada– y la instalación en ese edificio, a manera de compensación, de una sucursal del Banco Provincial de Santa Fe.
La competencia ayudó a crecer a ambas localidades, de base económica principalmente agropecuaria. Las instituciones se multiplicaron en uno y otro pueblo para atender necesidades comunes que cada uno quiso resolver por sí mismo. Pero ésa era una etapa que tenía sus propios límites. Los nuevos tiempos reclamaban proyectos en común, que se fueron dando en los últimos años y especialmente a partir de la restauración democrática de los 80.
LA NUEVA REALIDAD QUE PLANTEA LA UNIFICACIÓN
San Genaro estrenará su condición de ciudad con la inauguración de distintas obras, algunas de factura local y otras aportadas por el gobierno provincial. Así, el gobernador Jorge Obeid y las autoridades locales y departamentales habilitarán a partir de las 17 el pavimento de la ruta 46-S de acceso sur a San Jenaro Norte y el ingreso a San Genaro desde la ruta 65 por la calle Juan B. Justo. Luego, a las 18.30, en el acto central, los Bomberos Voluntarios incorporarán a su equipamiento un nuevo vehículo y ocho familias recibirán las respectivas carpetas de otras tantas viviendas edificadas por el sistema de autoconstrucción. Allí el primer mandatario provincial firmará el decreto de promulgación de la ley que unifica los distritos de San Genaro y San Jenaro Norte y crea la ciudad de San Genaro y descubrirá una placa donde se levantará el futuro edificio municipal. Una banda ejecutará la Marcha de San Genaro, se entregarán presentes a los ex presidentes comunales y legisladores de ambas localidades y hablarán los presidentes comunales y el gobernador. El párroco Jorge Vázquez, pastor de una feligresía que permaneció unida durante un siglo de desencuentros terrenales, dará las bendiciones de práctica y una quema de fuegos artificiales coronará la fiesta, que cerrará con un baile popular.
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