CONCLUSIONES DE LAS JORNADAS DE AMSAFÉ SOBRE LAS CONDICIONES DE TRABAJO DE LOS MAESTROS
La ciudad de Santa Fe fue epicentro de las “VI Jornadas Nacionales de Malestar Docente e Identidades Culturales”, organizadas por Ctera, Amsafé y la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA). La secretaria de Derecho Humanos de Amsafé, Marita Zuedbiggen explicó a Rosario/12 que “las jornadas constituyen un espacio para que los docentes comiencen a expresarse y poder poner en palabras la queja”. Al hablar de malestar se habla del mismo no sólo en términos económicos, sino también psíquicos, como consecuencia del modelo neoliberal aplicado en la Argentina a partir de la década del ’90. Este modelo acarreó el vaciamiento de contenido de la palabra y el posicionamiento de la escuela en el lugar de un medio de contención social.
En este sentido, la secretaria de DDHH declaró que dentro de este contexto comenzaron a investigar las enfermedades profesionales, como el stress o la depresión. “Nos dimos cuenta de que hay lugares adonde pudimos ejercer el poder de forma creativa. En lugares adonde el estado no quiso o no pudo hacerlo”, afirmó.
Y agregó: “Así, junto con la queja aparece el cuestionamiento en cuanto al poder instituido y dominante, y las relaciones de poder. Los docentes decimos que en relación al poder, nos animamos a saltar el cerco. La primer decisión fue animarnos a hacer un paro, salir a la calle a defender nuestro trabajo y nuestro salario, con lo cual salimos a defender nuestra dignidad”.
El malestar docente “tiene que ver con la consecuencia de la aplicación de las políticas de los ’90, no sólo en el plano económico, sino también en el ámbito educativo, como la implementación de la Ley Federal de Educación y la Ley de Educación Superior que generaron en el ámbito de las instituciones, hacia adentro de las mismas y hacia los sujetos que las conformamos, una nueva problemática que tiene que ver con un sufrimiento psíquico en función de lo que es la fragmentación de las instituciones y la política del ajuste”.
Sin embargo, las palabras ‑hoy‑ no bastan. “La idea de incorporar otros recursos expresivos tiene que ver con la sensación de que en determinadas circunstancias hemos quedado atrapados por la palabra. Entonces buscamos formas de decir, no sólo desde la palabra, sino también desde acciones concretas y poniendo el cuerpo”, dijo Zuedbiggen. “Decimos que quedamos atrapados en la palabra en relación a dos cuestiones: una tiene que ver con el proyecto neoliberal del vaciamiento del significado de las mismas. La otra es la encrucijada de la palabra hacia adentro de las instituciones. Hay una política muy definida de quitar la comunicación dentro de las mismas. Nos dejan sin la posibilidad de comunicarnos. Quedamos en una encrucijada en la palabra como discurso, y en la palabra como comunicación”, apuntó.
Para Zuedbiggen “hay una política perversa, que en un primer momento vendió los espejitos de colores y luego se dedicó a evaluar las consecuencias mediante los exámenes en las escuelas o para el ingreso a la universidad”. Además dijo que “se hace responsables y se culpabiliza ‑ de los niveles educativos ‑ a los docentes cuando en realidad se trata de un proyecto que primero cerró las fábricas y después arrojó políticas de compensación a través del Banco Mundial. Este proyecto desarmó una escuela que preparaba para el trabajo”.
En la misma línea, explicó que con este modelo “aparece un estado técnico‑administrativo, que bajo la expresión de la autonomía, vacía de contenido a un montón de conceptos. Y que por lo tanto, el docente debe hacerse cargo del riesgo social y de la continuidad de una institución”. Y aclaró que este problema deviene de que “se sigue evaluando a la escuela con los mismos patrones de hace 20 años, desoyendo lo que está pasando con nuestra sociedad. En consecuencia, la escuela se convirtió en un espacio de contención social”.
Así, las jornadas fueron planteadas como un proyecto no estático. “No tenemos pautas a seguir, sino que se va construyendo junto con las escuelas. La idea es ir tomando los emergentes y trabajándolos, esto no es trabajar el malestar docente en el aire, sino empezar a trabajar a partir de lo que surja en las escuelas, es una construcción chiquitita, codo a codo”, enfatizó la dirigente.
Estas jornadas no contaron sólo con exposiciones, sino que fueron pensadas como activas. Se trabajó en talleres y hubo una gran participación por parte de los psicólogos. Además se trabajaron los conceptos de autonomía e identidad. “Ahora viene una etapa de sistematización de la información para ver cómo sigue el trabajo en la provincia a partir de las cuestiones que se han disparado”.
A modo de síntesis, Zuedbiggen señaló: “A partir de este vaciamiento de contenido de las palabras, estamos en un proceso de construcción de un nosotros que nos contenga desde lo que cada uno es. Implica un nosotros en la calle, un nosotros para construir la currícula que necesitamos en la escuela y no la que nos imponen, un nosotros para trabajar en la comunidad. Es la construcción de un nosotros colectivo, que tiene que ver con utopías que hoy han desaparecido. Me parece que el bienestar tiene que ver con el buscar”.
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