CONDENAN A UN HOMBRE POR HACERSE PASAR POR CONDE DE BUCKINGHAM
La farsa en la que vivió durante 22 años terminó. Christopher Edward, conde de Buckingham, no es ni conde ni tiene nada que ver con la aristocracia inglesa. Este británico, cuyo verdadero nombre desconocen hasta sus hijos, fue condenado a 21 meses de cárcel tras haberle robado la identidad a un bebé muerto en 1963.
Edward, que se ha negado a revelar quién es realmente incluso a su ex esposa y a sus dos hijos, vivió desde 1983 con el nombre de aquel bebé que falleció hace 42 años con tan sólo nueves meses.
En ese entonces, solicitó con éxito un pasaporte británico así como otros documentos como su licencia de conducir y su carné de seguro médico. Y hasta se hizo imprimir papel y sobres membretados con el escudo de armas familiar.
Llevaba una vida de película. Le hizo creer a todos que era aristócrata, que tenía un escaño hereditario en la Cámara de los Lores y que era hijo único de diplomáticos ingleses que murieron en un accidente de avión en Egipto en 1982.
El farsante fue descubierto por la Policía inglesa cuando intentó pasar un control de pasaportes en Calais, Francia. Edward se vio obligado a falsificar su documento luego de que en 2003 le negaran la renovación del suyo cuando saltó una coincidencia de nombres en el registro de personas fallecidas.
La historia de este hombre recuerda a la del protagonista de la novela “El día del chacal”, de Frederick Forsyth, por lo que la prensa británica a comenzado a apodarlo como chacal.
Usar un nombre falso no es un delito en el Reino Unido, por lo que Edward fue acusado de haber solicitado un pasaporte con otra identidad. La jueza Adele Williams de Canterbury, en el sureste de Inglaterra lo condenó hoy “por un robo de identidad a toda escala” y criticó su “falta de remordimiento y obstrucción” a la labor de las autoridades.
Durante el juicio y frente a la partida de nacimiento del verdadero Christopher Edward, el hombre, un rico consultor en tecnología que hasta hace poco trabajaba para una aseguradora suiza, admitió la estafa pero se negó a explicar por qué asumió una identidad falsa y cuál es su verdadero origen.
Salvo por su nombre falso, la vida de Edward ha sido impecable y la Policía no ha podido descubrir que haya cometido otros delitos. Los oficiales trabajan ahora para tratar averiguar quién es realmente y han difundido una foto suya de los años 80, para ver si alguien lo recuerda de aquella época. Además, le han extraído muestras de su ADN y sus huellas dactilares que serán enviadas a Interpol.
El descubrimiento de la farsa en la que ha vivido durante 23 años no sólo afectó a Edward sino también a sus hijos de 17 y 19 años a quienes el hombre le transmitió el apellido falso que usó durante más de dos décadas.
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