CONFESÓ QUE MATÓ A SU CUÑADA
La mató porque estaba embarazada y no quiso tener relaciones sexuales con él. Esa es la hipótesis de la Justicia sobre el crimen de una mujer policía por el que está detenido el cuñado de la víctima.
Luego de intentar suicidarse, Rubén Lucero, casado con la hermana de Lidia Molina (25) y acusado de su crimen, confesó haberla matado por motivos pasionales, según informó ayer el jefe del Departamento Judicial de la Policía de San Luis, comisario mayor Jorge Escudero.
El sospechoso les dijo a los policías que actuó solo, que golpeó a su cuñada con un hierro y que, luego de quemar el auto, caminó hasta la ciudad de La Punta para tomarse un colectivo y regresar a San Luis. Además contó dónde tiró el hierro.
Ayer por la noche, la Policía realizaba rastrillajes para hallar el hierro y elevó la instrucción a la jueza Carina Gregoraschuck, quien indagará hoy al acusado ya que la confesión policial no tiene valor para la causa.
El crimen de Lidia Molina comenzó a develarse cuando se descubrió, por entrecruzamiento de llamados, que su cuñado había sido el último en hablar con ella, a las 17.55 del miércoles 30 de agosto. Luego del crimen, Lucero participó del velatorio y en el sepelio fue uno de los que cargó el cajón.
Cuando los investigadores lo pusieron en la mira, los testimonios revelaron que el hombre le había enseñado a conducir a la víctima y que la solía pasar a buscar por la comisaría. También la llevaba a bailar junto con su esposa. Además, Lucero fue descubierto en el auto quemado luego del crimen y cuando un policía le preguntó qué hacía allí, dijo que buscaba repuestos del auto para luego venderlos.
“A través de las pericias se logró recuperar un pelo entrecano (sería del sospechoso) de la boca del tanque de nafta. Además, determinamos que habían intentado incendiar el auto con una cinta metida en el tanque, pero fue imposible por falta de oxígeno.”
Cuando detuvieron a Lucero “tenía rasguños en la cara y lastimados los nudillos”, detalló la Policía. Luego, varios testigos señalaron que había tirado objetos a una letrina de una escuela donde trabajaba en un Plan de Inclusión Social. Allí encontraron el teléfono celular y las llaves del auto de la víctima, las únicas dos cosas que habían desaparecido.
El cuerpo de la oficial fue encontrado en la madrugada del pasado jueves 31 de agosto dentro de su auto quemado, a unos cinco kilómetros de la ciudad de San Luis. Unas horas antes, la mujer había salido de su casa en el Barrio San Martín para cargar GNC. Le dijo a su madre, con quien vivía, que luego pasaría a buscar a una amiga. A las 17.55 recibió la llamada telefónica de su cuñado, según determinó una pericia de entrecruzamiento de datos telefónicos.
Pasadas las 18 su auto fue visto por un policía a toda velocidad por la avenida Italia. Conducía un hombre (el sospechoso) rumbo a la ruta nacional 146. Según detalló la Policía, en su confesión el hombre dijo que discutieron y luego la mató a golpes. Luego la subió al auto y lo incendió.
La trama pasional comenzó a tomar cuerpo al filtrarse datos de la vida privada de la víctima. La fiscal del Crimen Elizabeth Giménez aclaró que la hipótesis del crimen pasional estaría dada por una negativa de la chica a mantener una relación con su cuñado. Las pericias determinaron que no hubo abuso sexual.
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