CONFIRMAN QUE EXISTE UN VIDEO CON MÁS PRUEBAS DE LAS COIMAS
Antes de ir a Tribunales, la nueva testigo estrella de la causa sobre las coimas en el Senado, Sandra Patricia Montero, grabó con una cámara oculta al chofer de su ex jefe, el peronista Remo Costanzo. En la cinta, el empleado se muestra al tanto de que la ley de reforma laboral se habría sancionado mediante el pago de sobornos y da a entender que él mismo participó del reparto del dinero.
El protagonista del video se llama Osvaldo López. En su testimonial del jueves pasado, Montero ya lo había descripto como uno de los que “participó del tema”. Las dos veces que fue citado a declarar, una en los tribunales de Comodoro Py y otra en la Oficina Anticorrupción, López desmintió haber escuchado algo parecido a que el gobierno de la Alianza distribuyó 5 millones de dólares entre varios legisladores la noche del 26 de abril de 2000.
La existencia de la grabación, adelantada por Clarín, fue confirmada ayer por fuentes de la investigación. La cinta todavía no se llevó formalmente al expediente. El abogado de Montero, Roberto Ribas, cree que es una especie de reaseguro para demostrar que su clienta no miente; planea guardar su material hasta las vísperas del juicio oral.
En el video, el chofer aparecería señalando a otras personas que trabajaban con Costanzo y también sabrían de las coimas: una empleada llamada Marilyn Suain y la mano derecha del entonces senador, Antonio Martín Fraga Mancini, sospechado desde un comienzo de ser el ensobrador de la plata. Además, López habría hecho referencia a un chofer del ex legislador Angel Pardo.
Ya el anónimo que empezó a agitar los rumores sobre el pago de sobornos, a los dos meses de la sanción de la ley, ubicaba a los choferes de los senadores en lugares clave, viendo y oyendo cosas delicadas. De López se decía que estaba muy nervioso porque había llevado a Fraga Mancini a repartir el dinero por orden de Costanzo. Supuestamente, el chofer de Pardo habría a su vez increpado a los de Augusto Alasino y Alberto Tell al grito de “botones”. La cámara oculta podría agregar nuevos datos, por ejemplo, sobre este punto.
Montero y el chofer López. No hay confirmaciones acerca de ninguna otra filmación con otros protagonistas del caso.
La antigua colaboradora de Costanzo habría realizado la grabación la semana pasada, dos o tres días antes de presentar su testimonio ante el juez Rafecas y después de concederle un reportaje al diario Río Negro. El mecanismo fue recomendado al abogado Ribas por su colega Hugo Worman Jofre, que en esta causa defiende a Pontaquarto.
En un lugar cerrado, de acuerdo con los voceros del caso. Podría tratarse de un garaje, incluso el interior de un auto.
La cámara se habría escondido dentro de un libro o una cartera que Montero llevaba consigo. Del operativo habría participado un escribano para dar fe de que el proceso no sufrió adulteraciones antes ni después.
Cerca de una hora y media.
Cercano a la Asociación del Personal Legislativo, Osvaldo López sigue trabajando en el Congreso; ahora bajo el mando de otro rionegrino, Miguel Pichetto. También tendría una buena relación con el esposo de Montero, que se desempeña en el área de seguridad de la Cámara. Y un hermano suyo, cuyo nombre no trascendió, era en aquellos días el chofer del radical José Genoud, otro de los procesados por este escándalo.
Los demás son los peronistas Alasino, Tell, Ricardo Branda y Emilio Cantarero; el ex ministro de Trabajo Alberto Flamarique; el ex titular de la Secretaría de Inteligencia del Estado Fernando de Santibañes y el ex secretario parlamentario de la Cámara Mario Pontaquarto, que resucitó el caso con su confesión, tres años atrás. El juez federal Daniel Rafecas los tiene procesados a todos por cohecho y se apresta a elevar su sumario a la etapa de sentencia (ver El juez…), mientras investiga en paralelo al ex presidente Fernando de la Rúa.
El testimonio de Montero, seis horas plasmadas en 18 carillas, fue el moño del primer paquete. Tiene 46 años, está casada y tiene tres hijos. Barilochense, entró en la política como militante del PJ de Río Negro, donde Costanzo mandó durante la década pasada. Juró haber tenido con él “una relación de afecto muy especial”, aparte de la laboral.
Y, sobre todo, aseguró que la mañana siguiente a la sesión por la ley laboral —27 de abril de 2000— vio una inquietante valija abierta en el despacho de su jefe. Estaba sobre “una silla junto al escritorio, conteniendo fajos de billetes como si fueran envasados al vacío”, resumió. Según sus dichos, Costanzo le había anticipado el reparto de las coimas.
Entre los que finalmente cobraron —precisó Montero—, además, estuvieron Alasino, Tell, Cantarero y Pardo, el único de todos éstos que aún goza de una falta de mérito. Su jefe habría recibido $ 300.000 a pesar de que le habían prometido el doble. También comentó que Costanzo la amenazó de muerte para que nunca revelara lo que vio aquella mañana. Y que aludió en varias oportunidades a la denuncia del ex senador Antonio Cafiero.
En los papeles, Montero trabajaba en Relaciones Externas del Senado, primero en un área VIP del Aeroparque y luego, en la Casa Rosada, cerca de De la Rúa. Dada de baja en la Cámara, empezaron sus dificultades económicas. Tras declarar en Tribunales, pidió protección al Gobierno y salió del país.
Este contenido no está abierto a comentarios

