CONFRONTACIÓN DE IDEAS
Unos empresarios dicen que no hay inflación sino que los precios están reacomodándose después de la devaluación de 2002. Otros opinan que existe, pero no es elevada. En algo coinciden: en que se sostenga la austeridad fiscal, no se ajuste la política monetaria, aumente la inversión y el Estado no vuelva a instalar los precios máximos.
Después de que esta semana el presidente Néstor Kirchner criticara al presidente del 41er. Coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), Alfredo Coto, porque algunos participantes del encuentro pronosticaron un mínimo de 12% de alza para el año próximo, pocos se atreven a manifestar públicamente su inquietud. Sin embargo, para los socios de IDEA, el principal tema de la agenda económica es la contención de la inflación, que este año seguramente superará el 11% previsto por el Gobierno. El 83% de ellos lo considera un asunto prioritario. Un año atrás, sólo preocupaba a la mitad.
El segundo desvelo es la captación de inversiones extranjeras (55%, frente al 51% de 2004). En tercer término aparece la reducción del desempleo (54%, menos que el 59% del año pasado).
Pese a la prudencia de algunos empresarios para hablar públicamente de la suba de precios, el flagelo inquieta a los asalariados, que ven perder su poder adquisitivo a medida que aumentan los precios, y a la Casa Rosada, que en los últimos días se ha enfrentado con los hombres de negocios y con el ministro de Economía, Roberto Lavagna. Así se desataron desde el miércoles pasado rumores sobre la renuncia del jefe del Palacio de Hacienda y acerca de que en la próxima reestructuración del gabinete, prevista para el 10 del mes próximo, le recortarían atribuciones. A principios de 2003, en el gobierno de Eduardo Duhalde, a Lavagna le quitaron el área de Producción (Industria y Agricultura), pero con la asunción de Kirchner como presidente, en mayo de ese año, se la devolvieron a cambio de arrebatarle los sectores energético, del transporte y de obras públicas, que quedaron en manos del ministro de Planificación, Julio De Vido. El presidente de IDEA, Enrique Pescarmona, opina que en la actualidad “no hay inflación sino reacomodamiento de precios”, tal como señaló anteayer Lavagna en el cierre del coloquio. Para reducir la suba de precios que ese fenómeno implica, el dueño de la fabricante de turbinas eléctricas Impsa afirmó que “hay que tener cuidado con los salarios y con el boom de alimentos que se va a producir en el mundo”. Pescarmona admite que esa expansión de la demanda alimentaria “es buena porque uno vende más, sobre todo con la gripe aviaria y la fiebre aftosa en Brasil, pero aquí también se necesita comida”.
“Una cosa que podés hacer es bajar los gastos superfluos, hacer política fiscal anticíclica, que es lo que está haciendo el ministro”, observa el presidente de IDEA. “Eso va a ayudar, pero eso sólo no va a bajar la inflación”, aclara.
El vicepresidente de la alimentaria Molinos, Juan Manuel Forn, asegura que “se necesita un enfoque articulado que ataque las diversas causas del aumento de precios, en varios frentes, porque hay muchos que se superponen”. Agrega que deben cuidarse “la cuestión fiscal, los ajustes salariales y la política monetaria”, pero sugiere no concentrarse sólo en este último aspecto porque “tomarlo de manera aislada sería secar la plaza e interrumpir la cadena de pagos, y entonces el remedio sería demasiado para esta enfermedad”. Forn destaca que los actuales números de la economía, en cuanto a la elevada tasa de crecimiento y el superávit fiscal, “permiten una política antiinflacionaria con menor nivel de estrés que antes”.
El director general de la aseguradora Zurich en la Argentina, Santiago Del Sel, menciona cuatro medicinas para aliviar la fiebre de los precios: “Atacar el problema de la oferta, no sólo desde el punto de vista de la transparencia sino aumentando la capacidad instalada. Manejar cuidadosamente la política monetaria. Desde el punto de vista político, cuidar las señales que puede dar el gasto y, sobre todo, las pujas salariales, que son válidas, pero tienen que darse con armonía”.
PALABRA DE LAVAGNA
“Lo dijo muy claro el ministro de Economía: se necesita productividad e inversión”, juzga el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Luciano Miguens. “A veces, esto se contradice con medidas del Gobierno que atentan contra la productividad y la inversión. Por ejemplo, las retenciones (a la exportación) y el impuesto al cheque.”
El director general de la alimentaria suiza Nestlé Argentina, Pablo Devoto, juzga que la inflación “no es alta”, pero reconoce que, de todos modos, “no es buena, como lo reconoce Lavagna”. Aclara que no es economista, pero al final termina dando algunos consejos para evitar el alza de precios: “Control del gasto y continuidad del superávit fiscal, y aumentar la inversión para generar más oferta”.
El vicepresidente del correo privado DHL Express para el Cono Sur, Norberto Lovaglio, observa la inflación con mucha inquietud: “Hay que mejorar la calidad de vida de la gente y desde el primer empresario hasta el último sindicalista lo tienen que entender. Y tenemos que mantener el balance económico de las empresas.
También tiene que haber una actitud de grandeza para saber ceder algo y pedirle al otro que ceda otro tanto”. También se refiere a los reclamos de subas de sueldos que acompañan el proceso de ascenso de precios: “No podemos hablar de números ahora porque cada empresa tiene sus necesidades de ajustes o no de salarios. Pero son necesarios actitud, razonabilidad y grandeza para mejorar. No podemos devengar ganancias sin distribuir, ni distribuir por encima de la estructura de ganancias de las empresas”.
¿El Estado debe intervenir en la formación de precios? “Es una política que toda la vida nos enseñó que no dio resultado”, dice Lovaglio. “El ministro Lavagna nos dijo que cada cosa fija experiencia; lo que nos fue mal no lo repitamos. Sí, hagamos política económica, que es un derecho del Gobierno. Si en lugar de aumentar retenciones se puede llegar a un acuerdo entre el Gobierno y el campo para que determinada producción quede en el país con precios diferenciados del exterior, entonces lleguemos al consenso sin tener que llegar a ponerle corset a nada.”
El principal ejecutivo de la fabricante norteamericana de productos de higiene Procter & Gamble para la Argentina y Chile, Alejandro Carvalho, apunta que “la inflación es un fenómeno macroeconómico, que no hay que procurar atacar a través de soluciones macroeconómicas”. No obstante, se ataja de las críticas de Kirchner contra el encarecimiento de los alimentos: “La industria de consumo masivo es altamente competitiva y los supermercados compiten duramente entre ellos. No hay allí explicación para contener la inflación”.
El presidente del Banco Galicia, Antonio Garcés, admite que “si la inflación se desata, no es buena para nadie, incluido el sistema financiero”. Sin embargo, es optimista respecto del trabajo del Ejecutivo y el Banco Central: “Creo que la inflación está bastante controlada. Una solución ortodoxa, como aumentar las tasas de interés, podría llevar las cosas a un extremo peligroso. La solución no debe pasar por allí. El grado actual de inflación no es alarmante”.
UN OJO EN LA INVERSIÓN
El aumento de la inversión, necesaria para incrementar la oferta de bienes y servicios y así disminuir la inflación, requiere “un aumento de la financiación a largo plazo”, según Pescarmona. El otro elemento esencial, según el presidente de Impsa, radica en el crecimiento: “Si la economía crece, si se gana plata, la gente invierte”. Su pensamiento está en línea con el Gobierno, que considera que alta rentabilidad pesa más que la estabilidad en las reglas de juego a la hora de que un empresario desembolse capital.
Devoto, de Nestlé, considera que “en la medida en que haya negocios, mercado, posibilidades de vender y confianza, aumentará la inversión”. Destaca que en el coloquio “se habló de optimismo, de que habrá más exportaciones y más empleo” y agrega que “a veces no es tan importante la economía como la confianza y el clima en general”.
La inversión llegará este año al 21% en relación al producto bruto interno (PBI), medido en pesos corrientes, frente al 19% de 2004. El ministro de Economía, Roberto Lavagna, dice que este nivel supera el de los 90, pero reconoce que sólo permite asegurar un crecimiento económico del 3% o 3,5% anual y por eso alienta más desembolsos.
“Es necesario aumentar la inversión”, coincide Garcés, del Galicia. “Las tasas actuales de crecimiento de la economía son excepcionales. Creo que si se insiste en estas políticas, se puede seguir creciendo a tasas altas, sin soluciones recesivas. La rentabilidad de las empresas crece por mayor competitividad y mayor crecimiento, y también por el incremento de su capacidad instalada”.
Este contenido no está abierto a comentarios

