CONGRESO DE LA LENGUA: HAY MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES
Hay tres maneras de hacer las cosas: bien, mal o como las están haciendo los organizadores del Tercer Encuentro Internacional de la Lengua Española, que se desarrollará aquí, en Rosario, del 17 al 20 de noviembre próximo, le pese a quien le pese. Hace más de cincuenta años los vaivenes políticos acuñaron una frase que caló hondo en el saber popular, y aunque los argentinos solemos tener mala memoria todavía recordamos aquello de “mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar”. Los organizadores del Tercer Encuentro Internacional de la Lengua Española dicen, pero hacen poco, prometen pero realizan casi nada. En más de seis meses desde que Rosario fuera designada oficialmente sede del congreso, poco y nada concreto se supo sobre los pasos dados en la organización del encuentro, salvo meros anuncios, algunos de ellos espectaculares y los otros ni siquiera eso. Fue el sábado último, en pleno feriado nacional por el Día del Trabajo, que se produjo la noticia quizás más importante, cuando el intendente Miguel Lifschitz fue sorprendido con un pie en la escalerilla del avión que lo llevaría a Madrid. Según el jefe de la comuna, el viaje obedece a la necesidad de conseguir fondos de “algunas empresas españolas y del Instituto Cervantes” y de “reunir experiencia e información de los españoles” para aprovecharla en el congreso. Lifschitz aseguró además que en los últimos días “el tema adquirió una mayor velocidad y me parece que nos va a permitir llegar sin mayores inconvenientes”. Como balance de estos seis meses huele a escaso, sobre todo porque en menos de siete meses la ciudad será el centro de la atención internacional con el magno acontecimiento. Digno es reconocer que algunos temas ya se han concretado y que algún progreso, aunque sea mínimo, se ha logrado. Se presentó el logo del congreso, desde un principio anticiparon su llegada los reyes de España y un par de mandatarios latinoamericanos y cinco (sí, sólo cinco) de los invitados de la larga lista del protocolo oficial, con lo que se aseguraron los oradores para las ceremonias de clausura y cierre. También se lanzó a mediados de abril la página web del encuentro que, dicho sea de paso, tiene muy poca información y en los quince días que van hasta el fin de mes no incorporó nada que no se sepa ya desde hace meses. Y como frutilla del postre de nuestro cholulismo nacional, se anunció que Telefé televisará la ceremonia de apertura que se desarrollará en el teatro El Círculo.
Arrancamos mal
Recorramos un poco la historia. El 23 de octubre de 2003 la ciudad recibió la visita de una calificada comitiva española, encabezada por el director de Relaciones Culturales y Científicas del Ministerio de Relaciones Exteriores de España, Jesús Silva Fernández; el titular de la Real Academia de la Lengua y presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española, Víctor García de la Concha, y el director del Instituto Cervantes, Antonio Cid, que vino a oficializar la designación de Rosario como sede, a dar el puntapié inicial de un congreso de primer nivel en el orden internacional. En el mismo acto, el por entonces gobernador electo Jorge Obeid y el todavía intendente Hermes Binner, igual que un día antes en Buenos Aires funcionarios nacionales de primer nivel, aprovecharon la vistosa vidriera que compartían para expresar el compromiso de apoyo oficial irrestricto al acontecimiento. Los españoles, por su parte, también usaron el escenario del teatro El Círculo para ratificar su interés en dar una buena mano tanto en lo que hace al aspecto académico del congreso como en lo económico, una cuestión no menor para la que se convocó especialmente a los empresarios de la ciudad y la región. Por las calles y en las mesas de café, en las aulas de colegios y universidades, en toda reunión social, deportiva o religiosa, los rosarinos comenzamos de inmediato a encolumnar nuestros pensamientos hacia el oscuro terreno de las dudas. ¿Estarán nuestros dirigentes municipales, provinciales y nacionales a la altura de un suceso de tal magnitud, o asistimos a la parición de una nueva frustración, de un nuevo fracaso, de un papelón internacional? ¿Será realmente este congreso la continuación de antecedentes exitosos como el de Zacatecas, México, en 1997, o el de Valladolid, España, en 2001, o podemos ya empezar a cambiarle el nombre por el de Primer Congreso Internacional del Chamuyo, tan caro a nuestras tradiciones? Más allá de cualquier especulación, la verdad es que los meses transcurrieron sin mayor novedad, salvo una que otra declaración de coyuntura afirmando que tras bambalinas se estaba trabajando, o que el cronograma sufría alguna demora sin importancia fácilmente subsanable. Pasaron las fiestas de fin de año y las vacaciones y sólo entonces comenzaron las primeras tibias críticas. Fue el cónsul general de España en Rosario, Ignacio Alvarez Gortari, quien sensatamente hizo el primer llamado serio de atención en declaraciones radiales, cuando anticipó que “si la plata no está, el congreso no se hace … y se acabó”. Días después, fue el intendente Lifschitz, hombre prudente y moderado si los hay, el que expresó su preocupación por la lentitud con que se movían las cosas, en especial la prometida llegada del dinero.
Seguimos mal
Recién el 23 de febrero, en un extenso reportaje que concedió a un diario de la Capital Federal, la subsecretaria de Cultura de la Nación, Magdalena Faillace, también presidente del comité ejecutivo del congreso, la principal autoridad del encuentro, admitió que “la organización arrancó con complicaciones, que de a poco se van superando. Basta de considerarlo como un trauma. Esta semana siento que largamos”, aseguró. Las declaraciones de la funcionaria llegaron como un bálsamo, como un viento fresco del sur, que atemperó las altas temperaturas del verano criollo y para algunos ejemplares vernáculos hasta calmó los nervios. La Municipalidad de Rosario, en un intento por quebrar la parálisis, anunció el llamado a licitación para embellecer y acondicionar los espacios verdes que circundan el parque España, sitio donde se desarrollará gran parte del congreso. Se anticipó, además, que se mejorarán los pisos en calles estratégicas como San Martín, Sarmiento, parte de la peatonal Córdoba, Laprida y Mendoza, circuito esencial para el desarrollo del encuentro. También se anunció, a través del Ente Turístico Rosario (Etur), que se montará una oficina turística en un punto “estratégico” del centro rosarino, por lo que se están evaluando lugares como Corrientes y Córdoba, San Martín y Córdoba o la plaza Pringles. No obstante, el titular del Etur, Juan Niffenegger, reconoció que los proyectos de turismo para el congreso todavía están supeditados a la Nación, desde donde se designarán las empresas que van a comercializar las jornadas. Es obvio, y recomendable, que la Intendencia trate así de cumplir con una parte de las inversiones necesarias para llegar a noviembre con su cuota de deberes hecha. Pero anuncios son sólo eso: anuncios.
Desde la provincia también se conjugó con facilidad el verbo anunciar. El subsecretario de Cultura, Raúl Bertone, confirmó la participación directa del empresariado local en la refacción del teatro El Círculo, donde se llevará a cabo la inauguración del congreso. Según el funcionario hay dos empresas que ya aportaron 200 mil pesos cada una para reacondicionar la sala. Pero el costo estimado para los trabajos en El Círculo ronda los dos millones de pesos, de los cuales 800 mil corresponden a la colocación del sistema de aire acondicionado. Ante tamaña suma, hay estudios oficiosos para refrigerar el teatro mediante el alquiler de equipos generadores portátiles, que se instalarían sobre calle Mendoza y enfriarían el recinto mediante tubos y a través de aberturas hechas en la pared. La versión no pudo confirmarse, pero la mera idea da frío. Quien maliciosamente piense que en algunas cabezas faltan varios porotos, tiene razón.
Terminamos mal
Hasta ahora, hay muchos peces en el agua, pero el pescado sin vender. Poco o nada se sabe sobre la lista oficial de invitados y, más importante aún, quiénes confirmaron su asistencia. No hay reservas hoteleras ni para invitados ni para periodistas, que seguramente acudirán en gran número. Ni hablar de las previsiones para turistas o simples curiosos. El gobierno nacional no abrió aún una cuenta bancaria donde depositar aportes y contribuciones que serán absolutamente necesarias para financiar el congreso, y ni siquiera hay certeza de que esté abierta la cuenta para administrar el dinero que se gastará en el encuentro, estimado en unos siete millones de pesos. Al pasar, quedan todavía por definir la empresa que organizará el funcionamiento del congreso, aunque se espera que se conozca en los próximos días, el emplazamiento del centro de prensa y quien proveerá el equipamiento informático para los periodistas. El antecedente más cercano de un evento de esta naturaleza en materia de comunicaciones es el campeonato mundial de fútbol de 1978.
En suma, están los anuncios, están las buenas intenciones de las partes, están las esperanzas de todos los rosarinos y, seguramente, de buena parte de los argentinos. También se agolpan en el huequito de los sentimientos la necesidad de hacer las cosas bien, del reconocimiento externo, de sentirnos capaces de un gran emprendimiento, después de muchos añosde desencuentros, de fracasos, de olor a goma quemada. Probablemente esta crítica suene mal a los oídos de los responsables, quizás provoque algún rechazo de algún interesado, pero es honesta.
“Sofrenad vuestro corcel que todo saldrá de maravillas”, podrán decir el intendente Lifschitz y sus colaboradores de la Secretaría de Cultura, que desde hace meses vienen estudiando el español antiguo para estar a tono con la lengua de Cervantes y las exigencias del encuentro. “Leches”, se dirá desde este lado, donde también nos estamos preparando para el acontecimiento. ¿“No os avispáis que tras tantos dimes y diretes a punto estamos de caer en un revolcadero de monas”?
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