CONTRABANDISTAS DE PETRÓLEO SIGUEN ACTUANDO
Cada día, docenas de camiones-cisterna toman la carretera que sigue el río desde el puerto de Basora, en el sur, para llevar su mercancía de contrabando a los barcos que salen furtivamente a aguas del Golfo Pérsico con sus valiosos cargamentos.
Los contrabandistas se comunican mediante teléfonos móviles vía satélite y evitan a todo aquel que pueda hacerles preguntas y descubrir su secreta ocupación. Con las manos negras de petróleo, un ex ingeniero que trabajaba en la industria armamentística durante el régimen de Saddam Hussein es ahora contrabandista. Espera a la entrada del pueblo de Hamdan una entrega de 36 toneladas de petróleo que transportará en su desvencijada barcaza.
Si consigue evitar a las patrullas militares y llevar a buen puerto ese
cargamento procedente de la norteña provincia de Salaheddin, recibirá 500 dólares por su trabajo. A 2 km de allí hay un control de la policía iraquí pero los agentes dejan pasar camiones cisterna sin comprobar si la carga es legal o no.
Al preguntarle por qué deja ir sin más a esos camiones, un joven oficial
responde: “Los británicos nos dijeron que les dejáramos pasar”.
Steve Bird, representante de la coalición, admite que el contrabando es un problema pero asegura que las misiones de los helicópteros británicos que sobrevuelan la zona también entran en la lucha contra el comercio ilegal.
“Estamos haciendo muchas cosas para evitarlo”, dice Bird. Pero hasta ahora, el floreciente comercio ilegal supone un grave perjuicio para la coalición, que intenta poner de nuevo en marcha la industria petrolera
iraquí. El jefe de policía de la zona alega que sus hombres no cuentan con el equipo necesario para luchar eficazmente contra el contrabando. “Tenemos 12 barcas y sólo tres embarcaciones grandes”, dice.
El agua está muy sucia, con una mezcla de rojo, azul y verde procedente del carburante que escapa de las embarcaciones. Un responsable local de Basora, que no quiso ser identificado, aseguró que los propietarios de gasolineras de esa ciudad están vendiendo su mercancía a un precio cinco veces superior al de los traficantes.
Como consecuencia, las gasolineras no tienen reservas suficientes y las
filas de espera a sus puertas se prolongan durante horas. Ya había un enorme mercado negro en la época de Saddam, pese a las
sanciones de las Naciones Unidas y su programa “petróleo por alimentos”.
Udai, uno de los hijos de Saddam muerto junto a su hermano Qusai la semana pasada en una operación estadounidense, era conocido como un elemento clave en el comercio ilegal de crudo iraquí.
Según el responsable de Basora, una vez desaparecido Udai, los
contrabandistas intentan hacerse con todas las ganancias ilegales que antes controlaba el hijo del dictador.
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